El ring con forma de octógono está cercado por un alambrado. Ella, que había subido confiada en su golpe certero de karateca, se queda en blanco y con la guardia baja. Las manos de la rival entran por todos lados, mientras el público alienta e insulta. Así es el debut en las artes marciales mixtas (MMA, por sus siglas en inglés) de Lidia, la protagonista de Toda tu furia (Planeta), la nueva novela de la escritora, periodista y luchadora Paloma Fabrykant.
“Me gusta contar los mundos que están poco explorados para combatir estigmas -dice a Viva -. Yo conocí las MMA por el periodismo y empecé a ver un mundo hermoso, que no es violento, donde las personas que pelean en la jaula, al día siguiente pueden estar jugando al fútbol.”
Pero la vida de Lidia empieza lejos de ese universo luminoso: es una niña cuyo padre murió de cáncer; con una madre médica que trabaja todo el día para mantener a sus dos hijos; que no tiene amigos y vive prendida al Atari y que odia su cuerpo con sobrepeso. Es recién en el secundario que, tratando de evitar la clase de educación física, llega al judo, a sentir que hace algo bien y ganarse el apodo de “Tigrecita Ninja” por parte de su hermano.
Cuando yo era chica, era muy frecuente que te dijeran cosas feas en la calle siendo una nena, que te manosearan, que te mostraran el pito o que te pelotudearan
Paloma FabrykantPeriodista y escritora
Lo bueno dura poco y la adolescencia en los ‘90 de Lidia se convierte rápidamente en un escenario de enojos, decepción, abusos, violencia, drogas y trastornos de la conducta alimentaria. La salvan su propia furia y su hermano, cuando la invita a un gimnasio donde ella se engancha en clases de karate.
“Para mí hay una visualización de la vida de casi todas las mujeres. Cuando yo era chica, era muy frecuente que te dijeran cosas feas en la calle siendo una nena, que te manosearan, que te mostraran el pito o que te pelotudearan”, afirma Fabrykant. Y añade: “Entonces, ¿qué hacés con toda esa furia, con esa lista de gente que te cagó? Porque después interfiere en las relaciones interpersonales, dificulta tener vínculos sanos porque tenés ese historial de abusos, de broncas. Eso es lo que el personaje canaliza, de alguna manera, a través de las artes marciales”.
Escrita en segunda persona, el lector se mete de lleno en la piel de Lidia al punto que duelen todos y cada uno de los puñetazos que ella recibe. La protagonista de Toda tu furia encuentra en el karate el orden, la contención, la disciplina, una nueva religión que la guía con sus preceptos y, a la vez, la convierte en un arma mortal con el gyaku tsuki, el golpe más importante de la disciplina.
Pero nada de eso, ni siquiera la exigencia de Sensei, evitan que muerda el fruto prohibido de las MMA, que pone en riesgo su permanencia en el dojo y su propia vida.
-¿Qué similitudes hay entre Lidia y vos?
–Intenté hacer un personaje diametralmente opuesto a mí ya desde la descripción física: Lidia tiene pelo y ojos oscuros. Mi editora en Planeta, Ana Ojeda, me había propuesto hacer un libro sobre el mundo de las MMA, un mundo que conozco muy bien, pero yo quería alejarme de la literatura del yo lo más posible y quise hacerle una entrada psicológica muy distinta. Lidia queda huérfana, mientras que yo tengo una familia muy unida, padres muy presentes, que me quieren y me alientan.
Hija de la escritora Ana María Shua y del arquitecto y fotógrafo Silvio Fabrykant, la periodista y actual guionista de Bendita (Canal 9), es cinturón negro en karate y jiujitsu. Además de las artes marciales que practican, ella y Lidia tuvieron una primera pelea para el olvido en la jaula de las MMA.
“Mi debut fue peor que el de Lidia. Fue en 2012 en el carnaval de Gualeguaychú. Todavía la gente no sabía mucho de qué se trataba, el público estaba muy borracho, la pelea no se entendió, no gustó, y cuando terminó me tiraron botellazos. Yo pensaba: ‘¿Qué hago acá, que después de esquivar piñas estoy esquivando botellazos?’. Fue terrible”, recuerda entre risas.
–¿Por qué decidiste contar la historia en segunda persona?
-Me daba mucho miedo, pero quería salir un poco de lo convencional, de la historia de un personaje que va y aprende artes marciales, que es la historia de Rocky o Million Dollar Baby. Quería darle un giro al camino del héroe con los recursos que te da la literatura, que el lector se metiera en la piel de Lidia y que sufriera, que la pasara mal con las cosas que ella tiene que atravesar. Hay mucho universo mental, que en un momento asfixia, porque la novela pasa casi toda en la cabeza de Lidia.
Paloma encontró en el karate un espacio donde descargar toda su furia con la situación del país.
-Además, ella se castiga todo el tiempo, tiene una mirada muy dura de sí misma y siempre persigue una idea de honor.
-A ella le cuesta verse como sobreviviente, tiene una autocrítica feroz y la mirada bondadosa aparece a través de los otros que le dicen que es un diez, que tiene aguante. Solo eso le permite en un momento darse cuenta de todo lo que logró. Ella está muy enfocada en su camino, en su objetivo, y eso la deja muy sola. En ese sentido, tiene algo muy de princesa de Disney, que no tienen amigas, solo animales con los que hablan. Lidia busca una religión, que la contengan, que la detengan.
A pesar de las similitudes, el camino de Fabrykant en las artes marciales es distinto del de su personaje. Egresada del Nacional Buenos Aires, a los 19 años había publicado su primer libro, Cómo ser madre de una hija adolescente, escrita por una hija adolescente (Planeta) y ya había empezado a trabajar como periodista cuando estalló la crisis del 2001. Se fue a vivir a Barcelona,pero no llegó a conseguir los papeles de residencia y antes de que se cumpliera un año volvió. Enojada, como Lidia, encontró en el karate un espacio donde descargar toda su furia con la situación del país.
“Creo que vi el primer Vale Todo en 2003 en una nota que hice para Viva. En ese momento no se consideraba al Vale Todo como un deporte sino como salvajismo y violencia. Pero yo vi que había algo más, algo que estaba por explotar y que no tenía que estar en las páginas amarillas, sino en las de deportes. Y en la nota mencionaba a la UFC (Ultimate Fighting Championship), que es la empresa que organiza estas peleas en Estados Unidos. Ellos la leyeron y me escribieron para invitarme a Las Vegas a ver combates de UFC”, recuerda Fabrykant.
La empresa, que es la principal y más famosa organizadora de peleas de MMA, buscaba extender su plan de negocios a América Latina y contrató a Fabrykant para cubrir los eventos deportivos en Argentina y otros lugares del continente.
Paloma Fabrykant es periodista y guionista del programa Bendita (Canal 9). Foto: Cristina Sille. “Empecé a narrar peleas en 2010. Soy el primer narrador, de hecho, porque no había ni siquiera varones”, afirma. Su partenaire fue Marcelo González, con experiencia en el boxeo, y ella era la encargada de explicar todos los aspectos técnicos de la pelea, en especial lo que pasaba cuando los contrincantes luchaban en el piso.
-Con tu novela anterior, Diario de Rosario (Orsai y Planeta), vos decías que querías romper un preconcepto que el progresismo tiene sobre la Policía. ¿Acá querías romper con la idea de que las MMA son solo una lucha salvaje?
-Una vez me tocó ir a un evento en una provincia y al día siguiente los mismos pibes que habían peleado estaban jugando al fútbol. Los vi y dije: ‘Esto es hermoso, familiar’. Acá hay dos personas que tienen más o menos el mismo peso, una edad similar, del mismo género que entran a la jaula por voluntad propia, que se prepararon para un combate que tiene reglas. Ahí no hay violencia. La violencia es otra cosa.
A pesar de que popularmente se conoce como Vale Todo, en las luchas de MMA no vale, justamente, todo. Al igual que en el boxeo, se pelea por rounds y con guantes, aunque son más pequeños, la amortiguación es menor y los dedos quedan al aire. El luchador puede ganar la pelea por nocaut técnico, por sumisión -cuando uno de los contrincantes se rinde- o por puntos.
No está permitido morder, tirar del pelo, meter los dedos en los ojos o la boca del rival, pisarlo o patearlo si está en el piso, insultar, pellizcar, golpear la garganta, escupir o tirar al contrincante fuera del ring, entre otras reglas.
“En mi debut la pelea no se entendió, no gustó, y cuando terminó me tiraron botellazos
Paloma FabrykantPeriodista y escritora
El arte marcial básico de las MMA es el jiujitsu, pero los luchadores lo combinan con otras disciplinas como pueden ser el karate, boxeo, judo, muay thai y kickboxing. Los que basan su estilo en los golpes son strikers. Los que lo basan en tomas de agarre en el suelo, los grapplers.
-Cuando empezaste casi no había mujeres en las MMA, ¿te encontraste con mucho machismo?
-Sí, era una época de mucho machismo. Dana White, que es el presidente de la UFC, todavía decía cosas como que “nunca una mujer se va a subir a mi octógono”. A mí me habían dejado formar parte porque era una periodista piola, pero hasta ahí. Estaba marcado que eso era, según ellos, algo de varones.
-¿Y cómo ves la situación actual? ¿Qué lugar tienen las mujeres en las MMA?
-Muy superior, evolucionó mucho. Ronda Rousey fue la primera mujer en firmar con la UFC y terminó estelarizando las veladas y cortaba más tickets que las peleas de varones. Aparecieron mujeres con un talento descomunal. Ya había deportes olímpicos con divisiones femeninas, como el judo, y las MMA absorben a todos esos deportes. Esas luchadoras entran y la empiezan a romper. Todo eso atrae al público y gusta mucho. Y hay cuatro argentinas que pelean en las grandes ligas, que era algo impensado cuando yo arranqué.
Las luchadoras argentinas que participaron en la UFC son Ailín “Fiona” Pérez, la principal referente que está invicta en la categoría de peso gallo; Silvana “La Malvada” Gómez Juárez, la primera en participar en la compañía; Sofía “La Bruja” Montenegro, cordobesa que debutó a fines de febrero en el octógono estadounidense; y Julieta “Ninja Ferret” Martínez, que se ganó los elogios del mismísimo Dana White.
Paloma Fabrykant es cinturón negro en karate y jiujitsu. Foto: Cristina Sille. “A mí me gusta pensar que colaboré en la carrera de estas chicas, que me vieron en la tele comentando y pensaron que podían formar parte de este mundo siendo mujeres”, reflexiona Fabrykant.
-Vos peleaste en la jaula, ¿cómo fue esa experiencia?
-Hay gente a la que le gusta muchísimo, pero no tengo el carácter que se necesita, me falta agresividad para pelear contra otro. Me gana el lado intelectual. Disfruto de defender el deporte, ser activista y difundirlo. Yo entreno porque me hace bien, descubrí un mundo lindo que me contiene, que me dio amigos y donde me descargo. Hay algo hermoso en las artes marciales y es que no todos tienen que ser un rival. Por cada campeón que hay, tenés una pirámide de compañeros, sparrings, algunos que estuvieron cerca de llegar… Todos se disponen a cumplir una función en esa estructura. En mi academia, por ejemplo, siempre que alguien se lastima o se siente mal, soy la encargada de llevarlo a la guardia y acompañarlo y me siento bien haciendo eso.
-Por último, ¿vos sos striker o grappler?
-Yo muté. Antes era striker y ahora soy grappler. Salí del closet (risas).










