Mucha pintura, vertientes novedosas en esculturas, copas de champagne y una actualidad global que podría impactar en las ventas pero nunca se sabe. El primer día de ARCOmadrid las expectativas y los ánimos son buenos. La feria abrió este miércoles su 45° edición con 211 galerías de 30 países diferentes, 11 de ellas argentinas. Ocupa tres pabellones del centro IFEMA, cerca del aeropuerto, de la ciudad deportiva del Real Madrid y del inminente nuevo circuito de Fórmula 1 que se promete para septiembre. El día exclusivo para coleccionistas ya se confirmaron las primeras ventas institucionales.
“ARCO tiene una larga historia y trabajamos para que se mantenga viva, alimentada de los contenidos de todos”, asegura Maribel López, la directora de la feria que abandonó el modelo de “país invitado” por los conceptos que se expresan en las secciones a cargo de curadores. Y la que apoyó el reclamo de artistas y galeristas que la mañana del miércoles se tomaron una foto como protesta por el IVA del 21% que España pone al arte, lo que consideran competencia desleal.
ARCO celebra más bien lejos de la geopolítica del arte globalizado y se consolida con un modelo propio, el de la feria fiesta que rodea el evento comercial de una programación cultural muy atractiva, que la hace única. Y a diferencia de sus competidores que están apuntando a Medio Oriente –en febrero se inauguró Art Basel Qatar y en 2027 Frieze abrirá su franquicia en Abu Dhabi–, la feria madrileña consolida su compromiso con Latinoamérica.
“Una congregación de distintas voces artísticas que emocionan mucho”, define José Esparza Chong Cuy, curador de la sección Perfiles | Arte Latinoamericano, de la que participan 11 galerías con proyectos de un solo artista “que expresan su contexto social a través de su arte”. Entre las argentinas, Isla Flotante presenta tres proyectos históricos de Roberto Jacoby que comparten esa alegría de la postdictadura; y en Barro, dos series destacadas de Agustina Woodgate, que está presente en la Bienal de Diriyah, en los Emiratos Árabes. Por un lado, los mapas lijados que son representaciones de la geopolítica y sistemas de circulación de valor. Sus famosos relojes.
Roberto Jacoby en el stand de Isla Flotante en ARCO. (Foto: Cézaro De Luca).Este vendaval de arte, en el que están representadas desde las vanguardias históricas hasta los jóvenes artistas, tiene su corazón en la Sección Principal. Allí hay Picassos, Mirós, Tapiés y mucho arte español: hay 72 galerías locales.
Allí también suceden encuentros, se cierran acuerdos y se marcan hitos. Es la primera vez que Margarita Paksa y Oscar Bony, otros dos históricos argentinos, están en ARCOmadrid. “Lo interesante es ver cómo reacciona el público, y hay mucho interés en la obra de Margarita en función del feminismo, de las artistas pioneras de performance y de sus piezas enigmáticas para escapar de la persecución política”, señala Julián Mizrahi, al frente de Del Infinito, que en esta edición comparte stand con María Calcaterra, galerista del estate de Oscar Bony, aquí con un cielo de nubes y sus series eróticas. “Todas piezas de museo que hay que posicionar a nivel internacional”, concluye el galerista.
Julia Padilla junto a los galeristas Lincoln Brown y Sebastián Vidal Mackinson. Foto: Cézaro De LucaPeinándose un vestido de cabellos oscuros, luego su propia melena larga, Sebas Cafulqueo se alista para unas fotos junto a su obra que ocupa todo el stand de W-Galería en ARCO. Pinturas, cerámicas, una instalación de una serpiente yacente –también cubierta de cabello–, marcan un recorte particular en lo que se ve. “El vínculo de España y el mundo Mapuche, porque vengo de este pueblo entre Chile y Argentina, que al comienzo de la colonización española le declaró autonomía soberana”, cuenta la artista.
Tras participar en la Bienal de Whitney, en septiembre próximo inaugurará su primera muestra individual en España, en el Thyssen-Bornemisza, museo nacional que adquirió dos de sus obras en la feria. Doctrinas, Deidad que controla la naturaleza y Doctrinas, La divinidad nos castigó, ambas de 2026.
Seba Calfuqeo en ARCO. (Foto: Cézaro De Luca)El futuro como un déjà vu
ARCO2045: el futuro, por ahora fue definido como el lema de la feria, que se desprende del anterior, centrado en el futuro del Amazonas, que también es una sección curada, en este caso a cargo de José Luis Blondet y Magali Arriola. “Pusimos la lupa en cómo se mira hacia el futuro, en la mirada”, confirma Blondet. Ambos invitaron 18 galerías para una sola exposición, sin stands, que sucede en dos extremos de los pabellones y en espejo, de manera que para verla completa hay que cruzar toda la feria. Un efecto buscado es el déjà vu que sobreviene, una confusión o extrañamiento con el que tenemos que convivir. Al menos por ahora.
En este terreno de futuros especulativos, señalizados por unas cortinas semi traslúcidas, están los Hombres argentinos de la ascendente Liv Schulman, invitada a través de la galería Piedras. Son dos conjuntos escultóricos, La deuda y La depresión, armados por la artista a partir de retazos y restos de objetos, remendados por técnicas artesanales que hablan de la condición de la masculinidad para ahondar en “la humanidad con un presente muy roto”, según la artista que este año tendrá su primera retrospectiva en el CC Recoleta y una muestra individual en Times, un flamante espacio en Nueva York.
Obra de Liv Schlman.Si hay algo que cambia cada año en ARCO es Opening, la sección donde una dupla de curadores invita a las nuevas galerías, con menos de 7 años. “Se produce un encuentro súper internacional, entre proyectos que tienen la valentía de venir a una feria sin tener idea de su clientela y quieren darse a conocer”, sintetiza Rafa Barber, curador junto a Anissa Touati.
Ellos invitaron a la porteña Linse, tentados por el trabajo de Julia Padilla y sus originales objetos ensamblados con materiales en desuso, que cuestionan las distancias entre lo natural y lo artificial. “Me interesa hablar de ese extrañamiento como algo que hay que atravesar”, detalla la artista, que llama Espectras a una serie particular construida a través de espéculos medicinales y otros componentes, además de dibujos que exploran las mismas sensibilidades.
Obra de Marina De Caro en Ruth Benzacar, en Arco. Foto: Cézaro De Luca.Impacto provocan desde lejos las imágenes inéditas de Marina de Caro en el stand de Ruth Benzacar. Se trata del registro de una performance vinculada con la danza que creó durante su estadía en la emblemática Beca Kuitca en 1997 y nunca antes había mostrado. “Porque en esa época el cuerpo, la performance ni las acciones eran un tema y quedó relegado, además el textil también era ninguneado”, recuerda la artista. Completan el stand, centrado en el cuerpo, obras de Ulises Mazzucca y las arañas de Tomás Saraceno.
Por la internacionalización
Como Marina de Caro, Jorge López también participó en la Beca Kuitca, pero en las últimas camadas. Era su época como artista del staff de Daniel Abatte cuando el corralito argentino lo impulsó a emigrar a España, donde se centró en la gestión en arte. Hoy con su propia galería tiene dos stands y dos colaboraciones con otras en ARCO. Con sede en Valencia, Jorge López Galería inauguró el primer día con una venta institucional de la artista argentina Valeria Maculan, a quien representa al igual que a Miguel Rothschild.
La instalación Llengua de foc fue adquirida por Es Baluard, el Museo de Arte Contemporáneo de Palma, en las Islas Baleares, después de que Maculan la presentó en la Bienal local. Se trata de un dispositivo textil más máscaras que se activa con un coro. Una pieza deslumbrante, creada en colaboración con artesanos locales e inspirada en el teatro griego.
Valeria Maculan junti a su instalación “Llengua de foc”, en stand de Jorge López Galería. (Foto: Cézaro De Luca)Con el ojo atento, recorrer los pasillos de la feria permite descubrir más esculturas de Saraceno en la galería alemana Pinksummer, Máx Gómez Canle en la brasileña Casa Triángulo, un Seguí en la Galería de las Misiones, La Chola Poblete y Mariela Scafati en Travesía Cuatro, un Le Parc por allá siempre hay. Sorprende por su estilo inconfundible la cascada de telas colgantes que arma Vivian Sutter, aquí en la galería Guatemalteca (y mitad argentina) Proyectos Ultravioleta. Y no es la única: exhibidas en el stand hay un bellísimo chaguar de Silät y Claudia Alarcón y una escultura de Amalia Pica.
“No estamos buscando cambiar a la última gran tendencia, vamos a seguir con las investigación en los países de Latinoamérica porque creemos que todavía hay mucho por descubrir”, confirmó Maribel López en conferencia de prensa.
Y esto pasa solo puertas adentro de la feria. Una intensa agenda espera en museos, colecciones privadas y las demás ferias de la Semana del Arte de Madrid. Desde el arrollador proyecto curado por Hans Ulrich Obrist para la Fundación Sandretto en una iglesia brutalista que se queda hasta abril hasta el asado de obra que el fin de semana organiza Max Gómez Canle en su taller madrileño. Esto es el futuro, por ahora.








