Viéndolo así, dentro del cuadro de una pantalla de la plataforma Zoom, Horacio Altuna parece un personaje de historieta. Amable y conversador, hace más de cuatro décadas que vive en España, pero sigue hablando en argentino y espera ansioso volver a reunirse con sus amigos de este lado del Atlántico. Es que en diciembre cumple ochenta y dos años y los piensa festejar con un buen asado.
A esta celebración se le sumarán dos hitos: los sesenta de carrera como dibujante y guionista de historietas que formaron parte de nuestra historia; los cincuenta de El Loco Chávez, un porteño chanta, periodista y mujeriego que los lectores de Clarín conocieron –y amaron hasta la devoción– entre 1975 y 1987.
“Aquella época era Hollywood”, dice desde su estudio en Cataluña, iluminado por el sol de otro verano español sofocante. Y agrega: “La época dorada para los que nos dedicamos al cómic. Entraba al diario por la parte donde estaban las linotipias, y en la redacción me encontraba con periodistas y dibujantes, todos mezclados, sin boxes”. Nombres míticos como Juan De Biase, Hermenegildo Sabat, Jorge Asís, Landrú, Caloi, Fontanarrosa y Tabaré, a puro cigarrillo y máquinas de escribir, iban de mesa en mesa conversando de política, actualidad, fútbol y la vida misma, esa que Altuna llevó al papel con maestría.
Siempre le gustó dibujar, como a cualquier chico: “Yo dibujo desde los tres años y nunca dejé de hacerlo. Lo que pasa es que después llegan al colegio, les hacen hacer jarrones o la casa de Tucumán y pierden la fantasía”.
De la Facultad a la granja de pollos
Hijo de bancario, vivió en Córdoba, Tostado, Necochea, Lobería, Lobos, Chacabuco, Ramos Mejía, Haedo, La Plata y varios lugares más. “Soy nómade”, se enorgullece. Su profesión como dibujante empezó cuando fracasó como estudiante de Abogacía. “Siempre fui muy politizado, entonces en la facultad estaba metido en eso, y además en las reuniones y manifestaciones conocías chicas.”
En ese entonces sus padres vivían en General Rodríguez; dejó de estudiar, se fue para allá y conoció a Gianni Dalfiume, un dibujante que ya era conocido. Con él pusieron una granja de pollos que “fue un desastre” y se fundió al poco tiempo. Pero Dalfiume reconoció el talento de Horacio para el dibujo.
“En aquel entonces había muchas revistas, los más malos empezábamos por donde yo empecé, en una revista que se llamaba Súper volador y quedaba abajo de la cancha de Huracán, un ambiente muy lumpen. Estuve un tiempo y pasé a otras revistas mejores; al cabo de un año y medio llegué a Columba. Después me peleé y trabajé haciendo storyboard para publicidad hasta que Andrés Cascioli me invitó a sumarme a Satiricón.”
-¿Cómo nace El Loco Chávez?
-Yo había dejado Columba porque no me devolvían los originales, algo inaceptable para alguien que peleaba por los derechos de autor. En Satiricón hice un par de laburos con Jorge Guinzburg y lo conocí a Carlos Trillo, que tenía una columna con el negro Alejandro Dolina. Nos hicimos amigos. Él después se fue a trabajar a Mengano y al tiempo nos enteramos de que había una vacante en Clarín. Presentamos El Loco Chávez y empezamos. Fueron trece años.
-Marcaron una época con esa tira, ¿de dónde llegaba la inspiración para construir personajes tan reconocibles?
-Al principio me hacía a mí mismo, algo que muchos dibujantes suelen usar como recurso. Después me daba un poco de corte hacerme a mí mismo, lo mejoré y le cambié la cara. En aquel entonces yo usaba bigotes. Trillo también. Eso se mantuvo, porque además era una cosa de la época. De a poco lo fui haciendo más moderno. En los comienzos, El Loco Chávez estaba en el exterior, era un aventurero en Europa. Yo quería traerlo a la Argentina, pero Trillo no estaba de acuerdo. Lo convencí y finalmente lo trajimos. Ahí fue cuando el personaje empezó a tener carnadura. Era el ‘75, al poco tiempo empieza la dictadura y nos vemos obligados a hacer una historia costumbrista, que era lo que se podía hacer en aquel momento.
El Loco Chávez, dibujado por Altuna, salió en Clarín entre 1975 y 1987.Debo haber hecho quince mil páginas, de las cuales solo quinientas fueron de género erótico, pero me encasillaron.
Horacio AltunaIlustrador y guionista
La sociedad con Trillo
Horacio cuenta que trabajaban juntos, sin escribir una sola línea. Charlas interminables en donde armaban un esquema básico del que salía la historieta. Además del dibujo, los diálogos también eran responsabilidad de Altuna. Cuenta que se siente “absolutamente coautor” de El Loco Chávez y de todo lo que hicieron con Trillo, y que era una tira diaria con un desarrollo lento de acción, así que resultaba más fácil e, inclusive, la podían hacer por teléfono.
Relata una anécdota que, según dice, repite siempre: al poco tiempo de empezar, cuando la tira ya tenía bastante repercusión, hubo interés en llevarla al cine. Los llamó un director y les preguntó dónde había nacido El Loco Chávez. Trillo le explicó que había sido en la cocina de la editorial donde trabajaban. Pero no. El tipo quería saber dónde había nacido, quiénes eran sus padres, qué hacía con su vida.
El Loco Chávez era hincha de Racing.Fue entonces cuando construyeron la biografía del personaje: hijo de un ferroviario, madre ama de casa, hincha de Racing como Altuna y nacido en el barrio porteño de Barracas. “Hicimos esa carnadura que después no nos dejó mentir. Si tiene una vida anterior –dice y juega con las palabras– tiene también una vida interior.”
Además de la vida interior, el éxito de la serie contó con la ayuda de las mujeres que rodeaban al Loco y que despertaban las fantasías de los lectores, al punto de que se popularizó hablar de “las minas de Altuna”.
“Siempre me gustó dibujar la figura humana. Puedo hacer mujeres jóvenes, viejas, lindas, feas. Lo mismo con los hombres. Pero sí, parece que eso tuvo repercusión. Con el tiempo, trabajé en Playboy y me gané la fama de dibujante de género erótico. Debo haber hecho quince mil páginas, de las cuales solo quinientas fueron de género erótico, pero me encasillaron”, dice Altuna.
-Había un personaje femenino que se destacaba: Pampita. ¿Te pedían que dibujaras a Pampita desnuda?
-Sí, varias veces. Pampita era fuerte como personaje. A nosotros nos sorprendía. De vez en cuando la hacíamos pelear con El Loco, que metía la pata, ella se enteraba y lo dejaba. Él era poco serio, inconstante, un chanta, y ella era lo contrario. Todas las mujeres que he hecho han sido bastante mejores que los hombres. Más serias, más inteligentes. Son el cable a tierra de los personajes masculinos, que suelen ser fantasiosos y poco serios.
Nos llamó un cretino del gobierno militar porque El Loco Chávez ‘no respondía al ser nacional’. Le dijimos que íbamos a mejorar, pero el personaje siguió como siempre.
Horacio AltunaIlustrador y guionista
Altuna cumple 60 años en el mundo de la historieta. Foto: Cézaro De Luca.De los aprietes a la resistencia
A pesar de que habían elegido el costumbrismo como una manera de evitar la censura de los militares, los aprietes llegaron enseguida. “Nos llamó un cretino del gobierno para pegarnos una bronca porque el personaje ‘no respondía al ser nacional’. No hacía caso a su jefe, era mujeriego, no respetaba las jerarquías y ese tipo de estupideces. Le dijimos que íbamos a mejorar, pero el personaje siguió como siempre. Mientras tanto, aparecían fusilados en el Obelisco.”
Altuna cuenta que el tipo los convocó y los hizo pasar a su oficina. Adentro había unos personajes que, si los veías, cruzabas de vereda. Los hizo sentar frente a su escritorio, pero de pronto se paró y les siguió hablando a sus espaldas. Altuna salió preocupado. Habló con el director del diario, Marcos Cytrynblum (“gran tipo”, dice) y le explicó lo que había pasado. La respuesta fue un papel con un número de teléfono: cualquier problema que tuvieran había que llamar ahí.
“Siempre que salía de casa –recuerda este hombre que supo tener muchos amigos que hoy engrosan la lista de desaparecidos–, mi mujer tenía el papelito con los teléfonos. Vivíamos con bastante miedo.”
Por entonces la tira pasó a la televisión, cinco programas que se dieron de baja rápidamente, por las mismas razones: no era apto para la moral que los militares querían imponer.
-Hablando de la dictadura, trabajaste con Héctor Oesterheld…
-No fue amigo mío. Lo vi una sola vez en mi vida. Nos citamos por teléfono porque él quería hacer una historia que después se llamó La guerra de los Antartes, que dibujó Gustavo Trigo. Yo le llevé mis dibujos, pero no le gustaron. No fue muy amable, pero era un genio. Le decíamos “El viejo”. Para mí, es fundacional dentro del mundo de la historieta. Es lo mejor que ha dado la Argentina y uno de los mejores guionistas de la historia. Después sí dibujé Kabul, de Bengala, con guión de Oesterheld, pero nunca lo vi en esa época porque, creo, ya estaba semiclandestino.
-¿Viste la serie de El Eternauta?
-Es un esfuerzo de producción espectacular. Es muy difícil cuando uno lee un libro y después pasa al cine. Algunas cosas te gustan y otras no. Hay algo que me gustó muchísimo: que durante décadas de cine de ciencia ficción, todo se desarrolló en los Estados Unidos, con música de Creedence, así que escuchar a Manal y a Mercedes Sosa y ver las calles de Buenos Aires me pareció fenomenal.
-¿Se podría hacer un personaje como El Loco Chávez ahora? ¿Sigue existiendo ese arquetipo?
-En España, en Italia o en México hay chantas, cretinos, aprovechadores, gente buena, gente ingenua… Son estereotipos que se dan en todas partes. Yo después hice el Nene Montanaro, que era parecido de personalidad, pero más joven. Al Loco lo imaginábamos de treinta, el Nene era de veinte. Un tipo que quería empezar a ser periodista, mientras que El Loco ya lo era. Siempre me ha gustado esa relación entre los personajes y la vida cotidiana. Que sean identificables con algo, con alguien, con un barrio, con cosas que suceden.
-A los 81 seguís muy activo…
-Estoy muy vinculado a la gente de la revista Orsai. Me parece un espacio fantástico y reivindicativo de cosas que siempre me han gustado. Saca una revista extraordinaria y todo lo que hacen es un esfuerzo cultural que en este momento es importante que se dé. Detesto las grietas, uno de los males de la Argentina y del mundo. Es lo peor que puede pasar. Yo no alimento las grietas y no hablo en contra de nadie. Respeto todas las ideologías. Pero, hoy, en la Argentina hay que tener una resistencia cultural, no estando en contra de nada, sino haciendo lo mejor que uno puede con lo que sabe hacer. w








