“¡Fara frica!”
Nos gritaban mientras nuestros pies llenos de barro volaban en mitad de aquella tormenta en Rumanía. ¡Fara frica! Y nos agarraban las manos y cada vez se sumaban más y más personas… Nos miraban todos con el mismo amor que desprendíamos… Porque amor, llama a amor. Y así era siempre contigo.
Sonaba Paul Kaklbrenner, y con una bolsa de basura donde otro hubiera corrido a resguardarse, tú inventaste un pase de moda. Entre charcos y altavoces a todo volumen que rompían la realidad. Ahí eras feliz.
Fuiste italiana, inglesa, murciana, catalana y canaria….
Siempre agarrabas las raíces y las hacías tuyas.
La oscura raíz del grito, que diría Lorca.
Me enseñabas que todos somos esa raíz, del amor y la oscuridad. Que todos somos uno, el árbol, la ola, tu padre y la hormiga que sube por la pared del dormitorio en verano…
Nunca fuiste actriz, fuiste canal. Altavoz de los corazones dormidos de esta tierra a los que dabas tu voz, tus dolores y todas tus vivencias más allá de este planeta a veces tan dual… Por eso tus personajes son universales. Porque son uno y tú eras todos.
Ahí también eras feliz.
Me decías, libélula, que aquí se sufre mucho, y no entendías por qué.
Solo el arte te ha ayudado siempre a sanar esa pregunta sin respuesta.
Te has tenido que marchar para que una ola de Amor recorra España. Para que esta profesión, a veces tan ingrata, se ponga de acuerdo en algo.
Para que mi móvil explote de amor…
Solo quiero que esa ola de Amor continúe en tsunami y apague todos los informativos del mundo, que empape todos los dedos que señalan su dolor en el de enfrente y aliente las caras mustias de estos años que corren…
Una vez en Katmandú, en el Ganges, me dijiste que no entendías por qué sufríamos tanto en los funerales en España. Por qué no celebrar la vida de la persona, más que lamentarla.
Mis ojos han llorado, Vero, han llorado mucho en los últimos días… y también mis pies han bailado sin pensar, y te he visto sumergirte en este océano inmenso que ahora tengo enfrente, este trocito de océano en el que bañamos a Roberto Pérez Toledo mientras sobrevolábamos la película que nos fundió para siempre.
Te he visto volar libre y feliz como tantas veces habíamos hablado… y bailar libre al fin.
Tu partida me ha recordado millones de momentos… entre ellos aquel día en Rumanía.
A la mañana siguiente preguntamos qué significaba “fara fricka”.
Sin miedo, significaba.
Y así seguiré tu hermoso legado, Vero.
Sin miedo, descalzo y con Amor.
Alejandro García