Aún en 2026, el campo de la dirección técnica continúa siendo un ambiente hostil para las mujeres, incluso en los torneos femeninos. Con el fin de poner un alto a los prejuicios y la falta de oportunidades, el Consejo de la Federación Internacional del Fútbol (FIFA), celebrado este jueves en Zúrich, centro-norte de Suiza, aprobó una normativa que obliga a las instituciones a ampliar el cupo femenino en los puestos de liderazgo.
Las resistencias siguen siendo grandes. La FIFA afirma que sólo doce de los treinta y dos entrenadores principales de la Copa Mundial Femenina de 2023 eran mujeres, y apenas una —la exfutbolista neerlandesa Sarina Wiegman, actualmente entrenadora de la Selección femenina de fútbol de Inglaterra— logró llegar hasta la final. Es por esto, que a partir de la Copa Mundial Femenina Sub-20 que se disputará en Polonia en septiembre, el cuerpo técnico deberá incorporar mujeres para los siguientes cargos: entrenador principal, entrenadores asistentes, personal médico y oficiales.
Jill Ellis, directora general de fútbol de la FIFA, aseguró a través de un comunicado del consejo de ese organismo, que “hoy en día no disponemos de suficientes entrenadoras. Debemos redoblar esfuerzos para potenciar el cambio y crear estructuras claras, ampliar las oportunidades e incrementar la visibilidad de las mujeres en los banquillos. Los nuevos reglamentos de la FIFA, junto con los programas de desarrollo específicos, suponen una inversión importante en el presente y futuro de las entrenadoras”.
La medida entrará en vigencia en el próximo Mundial, seguido de la Copa Mundial Femenina Sub-17 y la Copa de Campeones Femenina, todas programadas este año, y también en el Mundial femenino de Brasil 2027. En todas las competiciones femeninas, tanto el entrenador principal y/o al menos uno de los entrenadores asistentes, así como un miembro del personal médico del equipo y dos de los oficiales en el banquillo deberán ser mujeres.
La normativa se basa en estadísticas duras, pero ciertas. En 2023, sólo el 5% de los entrenadores en las federaciones miembro eran mujeres. Al año siguiente, en 86 ligas femeninas, se comprobó que el cargo de entrenador principal estaba ocupado mayoritariamente por hombres, y que las mujeres conformaban sólo un 22% del total. Esta decisión, con la equidad como punto de partida, será clave para aumentar la representación femenina en los puestos de liderazgo técnico.








