Es una constante y no hay muchas razones para explicarlo. Pero desde hace mucho tiempo los deportes de equipo se encargan de poner a Argentina en lo más alto en el plano internacional. Hay excepciones, claro, con un puñado de disciplinas individuales. Pero el fútbol, el rugby, el hockey, el básquetbol y el voleibol forman parte de un verdadero desarrollo cultural de nuestro país que va más allá de una política deportiva inexistente.
El seleccionado argentino de voleibol, con apenas cuatro sobrevivientes del bronce olímpico de los Juegos de Tokio 2020, llegó al Mundial con un plantel renovado de la mano sabia de Marcelo Méndez, un entrenador de perfil hiper bajo al que el deporte nacional le debe bastante más que una muestra de agradecimiento eterna. Y esta Argentina modelo Mundial 2025 juega muy bien y, sobre todo, está muy convencida de lo que hace.
Contra Italia podrá darse cualquier resultado pero pasar a los cuartos de final o despedirse del sueño mundialista no deberá borrar lo que se hizo hasta acá para que el proceso pueda seguir de una manera granítica. El porcentaje de triunfo es de 50 y 50 para cada uno. Argentina puede superar al campeón del mundo aunque deberá seguir en el nivel que mostró hasta ahora, sobre todo en los partidos frente a Finlandia -una de las sorpresas del torneo- y Francia. Lo positivo es que la Selección lo está haciendo tras mejorar mucho el saque contando además con una muy buena recepción. Pero también el equipo está en condiciones de ganar porque está confiado.
Para conseguir ese espíritu de fe en las fuerzas propias hay que destacar que volvió Luciano Vicentin a rendir en un nivel extraordinario ante Francia y lo mismo sucedió con Luciano Palonsky y Pablo Kukartsev. Y, como director de la orquesta, se mantiene el inoxidable Luciano de Cecco, que contra el bicampeón del mundo distribuyó de una manera excelente por las puntas y por el centro con Agustín Loser, Nicolás Zerba y Joaquín Gallego.
Italia, por su parte, es un equipo muy completo en todos los fundamentos del voleibol y en todos los sectores de la cancha. Quizá la baja por la fractura de un dedo de Daniele Lavia -un receptor punta que es el mejor jugador italiano del momento por calidad y equilibrio y que fue reemplazado por Mattia Bottolo- lo haya perjudicado en la primera fase del Mundial, pero el conjunto de Ferdinando de Giorgi es sumamente peligroso y homogéneo con un plantel que viene jugando junto desde hace rato. Italia, como todos los mejores equipos del mundo, saca y recibe bien. Y además cuenta con un armador muy alto como Simone Giannelli (2 metros), que puede jugar pelotas separadas o pelotas pasadas desde la recepción pero sabe distribuir muy bien y muy rápido, y con un opuesto como Yuri Romano al que quizá le falta la potencia de otros jugadores en su puesto pero, al ser zurdo, desde la posición 2 o desde zaguero puede cambiar la óptica del boqueo y complica un poco más.
La Selección se la jugará en la madrugada argentina. Habrá que prolongar la noche o apelar al despertador. De una u otra manera no será en vano estar frente a la tele.








