Estamos en su casa y taller de la calle Venezuela al 600, pleno barrio de San Telmo. Hace 10 años que la arquitecta y diseñadora Min Agostini compró y remodeló la propiedad, donde vive con su hija Cayetana (9) y trabaja apasionadamente. En el lugar había una imprenta y, en el piso de arriba, funcionaba un hostel.
Ahora, en el generoso espacio de la planta baja, hay maniquíes y percheros con prendas escultóricas que llevan su inconfundible sello. Piezas con cortes mínimos, terminaciones no tradicionales, cierres invisibles dentro de los pliegues, ausencia de avíos y de géneros con estampas. Min se pone un saco negro de tres maneras y confirma su versatilidad en el uso.
La mirada del que llega al showroom observa crepes, satenes, lanas frías y linos que toman formas orgánicas. No hay pinzas ni drapeados; los vestidos, con pocas costuras, toman cuerpo y volumen armados con recursos impensables. La tijera abre una sisa o resuelve la geometría de un ruedo. No mucho más. No hay moldes. Sólo un rollo de tela que Min cuelga sobre su propio cuerpo o envuelve en el maniquí.
En su profusa imaginación y en sus manos, está su exclusivo proceso creativo con el que le da forma e identidad a sus piezas. Lo suyo es una suerte de arquitectónica del diseño, con inspiración venusina y una enorme intuición, desarrollado hace ya 25 años.
Este trabajo u “obra” es la que hasta el martes 16 próximo presenta en Entre Mundos, su exposición en Patio Bullrich de Buenos Aires, en el marco del ciclo Patio Arts.
Exhibir diseño
Min cuenta que la propuesta le encantó desde un principio. “Siempre trabajé con artistas, me muevo mucho en el mundo del arte y del diseño. Y me gustó porque es un territorio compartido. Pensé en un espacio de contemplación y para poder jugar, porque algunas piezas están suspendidas como objetos, como esculturas, y la gente se las podrá poner”, describe.
Los desfiles le parecen encantadores a la diseñadora, pero sus prendas tienen frente, espalda y laterales muy diferentes, “con detalles que en las pasarelas no suelen verse bien -reconoce-. Mis trabajos no tienen avíos, broches, botones; no están decorados… Uso algún cierre invisible debajo de un doblez. Abrís los vestidos y algunos están hechos sin cortes, otros con un par, pero no hay pespuntes o pinzas tradicionales. Todo tiene su riqueza constructiva y se podrá rodear la pieza, recorrerla; yo diseño desde la arquitectura y la espacialidad”.
Sus diseños prescinden de avíos, estampas y estructuras tradicionales: no hay pinzas ni drapeados, solo telas que toman forma a partir de la intuición y la tijera. Foto: Martín BonettoEl nombre de la instalación, Entre Mundos, se le ocurrió a Sonia Becce, la curadora, y expresa ese escenario que siempre transitó la diseñadora. “No me gusta el nombre moda, porque la moda es finitud y no quiero que mis prendas tengan temporalidad y sean finitas. Quiero que perduren, que puedas llevarlas más allá del momento actual. Mi idea es que uses mis prendas toda tu vida. Tengo dos líneas de ropa. Durante mucho tiempo hice prototipos. Pero las piezas más simples, que veo que pueden tener mayor salida, las chicas las desarman y le sacan el molde, para que ellas las puedan hacer solas. Siempre se cortan una por una y no hay chance de que una sea idéntica a la otra”, explica.
Esta línea se llama Min Agostini Hits, que tiene un valor accesible. “Blusas de un poco más de 100 mil pesos, vestidos de madrina de 800 mil… Otra cosa son los vestidazos, que me llevan semanas y hasta meses armar. Pertenecen a la otra línea. Son tan únicos que ni yo misma los puedo repetir, porque tienen tantas idas y vueltas… Como aquél que usó Valeria Mazza en los Martín Fierro de la Moda” y señala el maniquí que está en la entrada de su casa y taller en San Telmo.
Min Agostini con uno de los disenos que presenta en Patio Arts, de Patio Bullrich, hasta el 16/9.Foto: Martín Bonetto.Camino que hizo al andar
A los 4 años, Min ya diseñaba cosas. Le hizo una capa de terciopelo verde a su Barbie, porque veía a su mamá, que fue muy estética aunque no cosía. Nació y fue al colegio en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, con guardapolvo, porque no había escuela privada. “Recuerdo que las chicas me lo levantaban para ver qué vestido tenía abajo. Mamá compraba las telas, las cortaba y las mandaba a coser. Viéndola, le perdí el miedo a la tijera y a cortar géneros. Y con mi abuela, tan importante para mí, nos pasábamos los fines de semana mirando los Burda y ella cosía para mí.”
Diseñar para cuerpos reales
A los 14 empezó a disgustarse con su cuerpo. “Eran los 80 y yo no era como las chicas que salían en las revistas. Y fui bulímica. Mis padres me traían a Buenos Aires a ver médicos truchos para que adelgazara. Pesaba 52 y tenía que pesar 50… Ahí empecé a diseñarme porque no encontraba ropa para mí. Entonces compraba y desarmaba, para coser a mi medida. El tema de los talles era un problema ya entonces. ¿Por qué llaman la atención mis prendas? Primero por el diseño y la estructura; pero yo tengo una ambición muy fuerte. Y es que las usen cuerpos reales, con formas diferentes. Las grandes marcas diseñan para un cuerpo hegemónico y después lo que hacen es una progresión de talles. Yo no. Yo diseño pensando en la problemática que tienen los cuerpos. Y empiezo diseñando sobre mi cuerpo. Todos piensan que yo soy flaca y alta, súper proporcionada, perfecta. ¡Y no! Tengo 115 cm de cadera. Hay que probarse mis diseños. Mari Carmen Ramírez, prestigiosa curadora de arte latinoamericano del Museo de Bellas Artes de Houston en Texas, sólo se compra acá. Hacemos zoom, le muestro, armo las prendas y viene o manda a buscarlas”, cuenta.
Con una propuesta que dialoga entre moda y arte, Min Agostini busca que sus creaciones perduren en el tiempo y se adapten a cuerpos reales, más allá de tendencias. Foto: Gentileza Patio ArtsVivir con déficit de atención
Min fue diagnosticada con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) y quiere contar su caso porque puede servir a otros. “Antes se decía que el TDAH era un trastorno del neurodesarrollo que causa dificultad para prestar atención con hiperactividad e impulsividad más frecuentes e intensas. Sin embargo, hoy también aplica a tener la atención dispersa en una multiplicidad de cosas. Y lo que no interesa, se deja pasar. Lo cuento porque yo fui diagnosticada con TDAH.”
Hace 25 años, la diseñadora estaba en Estados Unidos, y estudiaba arquitectura: “Era mi último año. Siempre me costó escribir formalmente, pensar en un tema y desarrollarlo. Pero en la carrera de arquitectura trabajás mucho en grupo. Yo lideraba los grupos creativos y no los otros. Éramos como 400 alumnos. En los multiple choice me iba bárbaro. Pero se me complicó cuando nos pidieron un paper. Pasaban los meses y yo no tenía ni el título… Pero bueno, me acerqué a mi profesor y le dije lo que me pasaba. Me dijo que estaba dentro de sus tres mejores alumnas y que no le diera el paper, que no lo hiciera. Así fui compensando muchas cosas en mi vida”, admite.
Diagnosticada con TDAH, la arquitecta y diseñadora transforma la hiperfocalización y la creatividad en un proceso único, que da vida a colecciones enteras en pocos días. Foto: Martín BonettoPara Min, lo suyo es cero conceptual, no se inspira en nada. Compra géneros, se los cuelga o los pone en el maniquí, y de ahí salen sus prendas. “Después me doy cuenta, cuando tengo 6 piezas armadas, que tienen una unión. Ese análisis previo de pensarlas con un análisis a priori, no lo tengo. Lo mío es cien por ciento intuición… Además, tuve un hermano, ya fallecido, que tenía un problema neurológico grande. Entonces, en casa, el foco estaba puesto en él y no en mí”, dice.
Finalmente, pudo descubrir su problema gracias a un compañero de facultad que le dio un libro sobre TDAH y empezó a leerlo. Después, viajó a Londres para hacer un libro de Pubs, publicado por Editorial Hk (h. Kliczkowski), y se asustó porque no podía empezar a hacerlo. “Busqué un médico y me confirmó el diagnóstico. Al volver a la Argentina, me empecé a tratar. Este TDAH te da esta cosa de creatividad infinita y una pasión por emprender cosas. Mucha gente emprendedora tiene este trastorno porque la pasión no te hace medir riesgos y te largás. Tiene una parte buenísima y otra no tanto, que es cuando nada te apasiona, tenés que activar pero no podés.”
La instalación Entre Mundos reúne vestidos suspendidos como esculturas, piezas para observar y también vestir, en una experiencia inmersiva con impronta lúdica. Foto: Martín BonettoDesde el año pasado se propuso contar y divulgar su historia. “Vengo de una familia con este trastorno. Lo cuento porque los padres sufren mucho. Creo que la creatividad ayuda muchísimo porque te permite sacar todas esas intensidades que tenés adentro. Pero tengo un tema con la memoria, que es un desastre. Abarcar tanto es lo que me da la posibilidad de crear. En momentos de quiebre, hice colecciones enteras en una semana. Como yo no dibujo ni lo mando a hacer, armo todo en el maniquí y en dos horas, a la noche, tengo todo listo para que las chicas cosan. Tuve que crear un montón de herramientas y procesos para que mi creatividad y el TDAH funcionen.”
Indumentaria en crisis
¿Qué opina sobre el contexto actual? Para Min, la situación es tremenda. “A la poca industria nacional que queda, la están matando. Cerraron diseñadores muy buenos. Desde la Cámara Argentina de la Moda están contándolo y reposteo todas las conclusiones. Para exportar, tenemos impuestos altísimos. El 52% del precio se lo llevan los impuestos. Claudio Drescher, director de Jazmín Chebar, cuenta que una prenda de Jazmín en Chile, es un 20% más económica que acá. Yo no compito con importaciones de moda, pero muchos están perjudicados y no encuentran salida. Lo mismo con los géneros, los nacionales no existen. Hay que viajar y buscar afuera. Compro pocos metros y pruebo la ductilidad. Si me funciona, recién ahí traigo un rollo. Tengo vestidos que llevan mucha tela, en uno o dos paños…”
El año que viene, cumple 25 años con su marca. Admite que se encuentra bien, con mucho trabajo, mucha fuerza y un equipo fantástico. “¿Qué miro cuando viajo? Sigue sorprendiéndome París, pero no veo las marcas tradicionales, me gusta más lo emergente, los nuevos talentos. ¿Cuál es mi asignatura pendiente? Sacar Min Agostini al exterior. Para eso tengo que enseñarles a las chicas, darles una capacitación, como para producir y vender afuera.”
Min + Marta Minujín crearon esta edición limitada de carteras CarterAcordarte. Foto: Martín BonettoMientras tanto, Min disfruta de su muestra Entre Mundos, que se inauguró el 26 de agosto y permanecerá hasta el próximo martes con entrada libre y gratuita, en el primer nivel de Patio Bullrich. La instalación fusiona el diseño con el arte y cuenta con la colaboración de Marta Minujín, presente con sus carteras CarterAcordarte.
Min Agostini exhibe la armonía entre lo que se viste y lo que se contempla, entre lo que es gesto, forma y estructura, y lo que aún no se define; mundos entre lo privado y lo expuesto, entre el arte y el diseño. El visitante atraviesa una zona de cruces; las piezas, suspendidas como esculturas se diseñaron para vestir cuerpos reales, pero también para observarlas como objetos en sí mismos. No están quietas; se prueban, se transforman en cada mirada. El espacio invita a una experiencia, a experimentar con prendas y disfrutar de un componente lúdico inédito.w








