la selección palestina, el exilio eterno y un técnico con 250 muertos sobre los hombros

la selección palestina, el exilio eterno y un técnico con 250 muertos sobre los hombros

Ihab Abu Jazar es el entrenador de una selección que no tiene estadio, ni localía, ni certezas. Tampoco tiempo para soñar: cada notificación en su celular puede traer la peor noticia. Dirige a Palestina, un equipo en guerra permanente, con los botines embarrados de dolor. En una entrevista con La Gazzetta dello Sport, el técnico no esquiva nada: habla del fútbol, de la muerte, del exilio y de lo que significa jugar cuando todo alrededor se cae a pedazos.

Desde octubre de 2019, Palestina no juega un partido en casa. Van 2.155 días —más de seis años— sin pisar su propio césped. La última vez fue en Al-Ram, un 0-0 contra Arabia Saudita. Desde entonces, todos los partidos se juegan en campos neutrales. Doha es hoy su “localía”, aunque nadie pueda llamarla casa.

Abu Jazar asumió el 3 de diciembre de 2024. Y fue contundente desde el arranque: “Es el trabajo más difícil del fútbol mundial”. Tiene razones. Su equipo entrena a miles de kilómetros del territorio que representa. Convocar futbolistas es una odisea. Muchos juegan en el exterior. Otros no tienen club. En Palestina no hay torneo, no hay categorías juveniles, no hay estructuras.

Y hay algo más: el entrenador camina con una mochila imposible de cargar. “He perdido a más de 250 personas entre familiares, amigos y compañeros”, contó. La cifra, brutal, lo dice todo. Pero hay nombres que todavía duelen más: Hani Al-Masdar, su asistente, murió repartiendo ayuda humanitaria. Y Suleiman Al-Obeid, apodado el “Pelé de Palestina”, falleció esperando comida para sus hijos.

“Uno murió ayudando a los necesitados. El otro porque necesitaba ayuda”, dice Abu Jazar. “¿Cuánto sufrimiento más debe presenciar el mundo para que se detengan estas masacres?”.

En su relato hay momentos donde el deporte casi desaparece. “¿Sabés qué es lo que más tememos? A nuestros teléfonos. Volver al vestuario y revisar las notificaciones se convirtió en una fuente de ansiedad. Podés recibir un mensaje diciendo que mataron a un amigo o a un hermano”, explica.

El técnico nació en Rafah, al sur de Gaza. Hoy, su ciudad está reducida a escombros. Viajar dentro de Palestina también es una tortura: “A veces tardás cinco o seis horas en hacer un kilómetro por los controles militares”, detalla. Y así, todo. Más de 280 instalaciones deportivas fueron destruidas o dañadas. Algunas, directamente convertidas en centros de detención. 774 personas ligadas al deporte palestino murieron desde que comenzó el conflicto actual.

Y sin embargo, en medio del caos, el fútbol todavía da respiros. En marzo, Palestina le ganó a Irak. Y en junio, rozó una hazaña: clasificar a la fase final del Mundial. Un gol de Omán en el minuto 97 apagó el sueño, pero encendió el orgullo. “Por un rato, la gente se olvidó del horror”, dijo el DT. “Recibimos videos de familias en Gaza que reunieron lo poco que les quedaba para comprar combustible y ver el partido. Eso te parte en dos”.

En la entrevista con La Gazzetta, Abu Jazar también habló de política. Y pidió un gesto. Pensando en el partido entre Italia e Israel por las Eliminatorias, que terminaría 5-4 para la Azzurra, fue claro: “Les pido a los italianos un minuto de silencio por los niños de Gaza. Que haya banderas palestinas en las tribunas, que se escuchen cánticos por nosotros. En 1982, Italia dedicó su Mundial a Palestina. Hoy necesitamos otra señal”.

Porque para él, el fútbol no se juega solo en la cancha. “Cada partido que jugamos es un mensaje. Somos la voz del pueblo. Cada pelota que tocamos es parte de una lucha mucho más grande: la lucha por la libertad”.

En cada vestuario, la arenga es siempre la misma: “Resistir mientras tengamos aliento y pulmones”. En Palestina, el fútbol no es solo un deporte. Es un idioma. Una forma de seguir vivos. Una bandera que todavía flamea, incluso cuando todo parece perdid