Al noroeste de Argentina, en la parte oriental de la provincia de Catamarca, surge, de la llanura semiárida, un cordón montañoso que oscila entre los 900 y 1.500 msnm, la Sierra de Ancasti. A poca distancia de San Fernando del Valle de Catamarca, capital de la provincia. En esta formación geológica, se emplaza el Parque Arqueológico La Tunita, sitio arqueológico y patrimonial que contiene una serie de pinturas rupestres atribuidas a la cultura agroalfarera de La Aguada por los especialistas, fundamentales para comprender los procesos prehispánicos en la región.
El recorrido hasta llegar al parque no es fácil. El camino es sinuoso. La tierra suelta hace que en los días de lluvia, sea imposible transitarlo. Los vehículos llegan hasta cierto punto y el último tramo se hace a pie en medio del bosque nativo del departamento de Ancasti en Catamarca. En quechua, Ancasti significa “nido de águilas”, lo cual nos da una idea de la inaccesibilidad de este paraje, al cual los colonizadores hispánicos llegaron recién a principios del siglo XVIII.
El recorrido hasta llegar al parque no es fácil porque el camino es sinuoso e intransitable cuando llueve
La gestión del Parque Arqueológico “La Tunita” es compartida, con ciertas disputas y desacuerdos, entre la Municipalidad de Ancasti y la Dirección de Antropología de la Provincia de Catamarca. Un guía de la municipalidad espera en el paso de acceso, justo atrás de la Escuela N°37 Potrero de los Córdoba. Revisa la entrada y abre la tranquera para dejar pasar al jeep, después se sube al vehículo e indica hasta dónde se puede llegar en él. Un tramo más adelante del recorrido, la todoterreno queda estacionada.
En algunos sectores, el camino a pie está apenas marcado, parece el cauce seco de un río pedregoso, entre uncles, una cactácea que las vacas comen en épocas de sequía, palos borrachos y cebiles. Las Sierras de Ancasti son una zona de transición, ecotono de chaco serrano, que se ve en el camino, en los arbustos densos, de verde seco y espinoso. Una zona de molles (o falso pimentero), quebrachos y tuscas.
Notable. La calidad y la nitidez de los dibujos que se encuentran en las rocas.Bajo un cielo despejado, heladísimo en Mayo, el bosque de cebil se abre cuando el camino se termina y pueden verse las formaciones inmensas de roca que tienen los módulos con las pinturas rupestres.
A la derecha, El Hornero, de menor tamaño, está formada por dos recintos interiores, uno más iluminado que el otro. Al frente, con la vista cortada por la figura de un palo borracho, la roca inmensa con una formación cavernosa que contiene a La Sixtina, llamada así como alusión a la importancia y magnitud de la capilla italiana.
La formación rocosa La Sixtina se llama así como alusión a la importancia y la magnitud de la capilla italiana.
Tuve que agacharme para entrar, despacio, sentarme en la roca y mirar hacia arriba, contemplar las nítidas figuras de seres danzantes en tonos rojizos, blancuzcos, amarronados, incluso negros. El descubrimiento de las figuras, sus formas y disposiciones hipnóticas, los gestos, sus acciones, los movimientos, seducen al observador, a pesar de la incomodidad de la postura que exige el hecho de verlos.
El Hornero y La Sixtina
“Se distinguen por la asociación del felino con la figura humana y testimonian las creencias y otros aspectos de la vida social de comunidades que habitaron un vasto sector del Noroeste Argentino entre el 600 y el 1.000 d.C, reunidas por los arqueólogos bajo el nombre de Cultura de La Aguada”, explica el arqueólogo Domingo Carlos Nazar sobre las pinturas rupestres que pueblan estos muros interiores de roca.
Las entradas a las cuevas son imponentes, especialmente en La Sixtina: hay nítidas imágenes de seres que danzan, que sostienen armas. Son fluidas, dinámicas, danzantes.
Un fetiche para arqueólogos. Los dibujos dan una idea de la alta cultura precolombina de la zona.Guiado por el puestero Serafín Soto, el arqueólogo riojano Nicolás de la Fuente llegó a conocer el sitio en 1969, cuando localizó los módulos. A partir de entonces, fue él quien lo dio a conocer y empezó a publicar trabajos con constancia, investigando el área que conservó el nombre que tenía el puesto, “La Tunita”. “Interpretó el lugar como un centro de iniciación chamánico en el que los grupos locales ejercieron un importante rol en el manejo simbólico del cebil”, dice Nazar sobre el trabajo pionero de este arqueólogo. Para las comunidades indígenas, las semillas del cebil lograban transformar la planta en un agente divino, sobre todo, por sus propiedades alucinatorias (que sabían administrar en dosis cuya toxicidad era humanamente tolerada).
Para las comunidades indígenas, las semillas del cebil lograban transformar la planta en un agente divino
Para los especialistas, el arte rupestre de La Tunita fue hecho en el transcurso de un proceso paulatino de agregado de imágenes en los muros de la roca granítica, con muchas personas interviniendo en ellos. En la zona aparecen, también, terrazas y morteros en las rocas, todo el espacio conserva el registro de la vida y las intervenciones prehispánicas en el entorno.
“Nos encontramos ante una zona de fusión entre el ‘mundo andino’ y el ‘mundo amazónico’. En ella existen evidencias que dan cuenta de un proceso histórico milenario, los testimonios que se corresponden con la denominada Cultura de La Aguada son los que sobresalen. Esta cultura vivió en un vasto territorio del noroeste argentino, particularmente en la provincia de Catamarca”, explica el especialista. Y continúa: “Este momento se caracteriza por un singular grado de desarrollo en el plano artístico-tecnológico y por la complejidad a nivel socio-cultural. La iconografía Aguada, plasmada en distintos tipos de artefactos y en el arte rupestre de la zona, está cargada de significación en el plano ideológico y simbólico”.
Las pinturas bailan sinuosas, siguiendo las líneas redondas de las pétreas paredes, en movimientos ondulados que parecen asemejar las panzas de los palos borrachos dispersos, algodonosos, ubicados n el bosque de cebil.
El Parque “La Tunita”
“Las pictografías de La Tunita exploran las dimensiones del cuerpo, el movimiento, la vulnerabilidad y el dolor. La sangre se constituye en un símbolo de importancia. La vemos fluir por la espalda de un chamán que danza con una flecha incrustada en su espalda, e impregnar las fauces felinas de un personaje que porta armas y cabeza-trofeo. En relación con ello, la figura del chamán pudo coincidir con la del artista, que traduce imágenes de un mundo de seres invisibles percibidos en el viaje chamánico”, refiere Nazar sobre las pinturas que reflejan la comprensión del mundo y los modos de vida de las culturas y pueblos preexistentes de la región.
El Parque Arqueológico La Tunita fue creado en el año 2009, formado por más de 2.000 hectáreas de bosque nativo en la Sierra de Ancasti. En el año 2019, con el trabajo de distintos organismos e instituciones, se realizó una puesta en valor y se volvió a inaugurar. Aunque existen disputas entre los organismos encargados de su gestión, la Municipalidad de Ancasti tiene dos horarios de visita por día que, en épocas de temporada turística, pueden llegar a ser tres.
PIctogramas chamánicos. Creado en 2009, el Parque Nacional La Tunita muestra metamorfosis de animales a humanos y viceversa.Nuestro regreso a Ancasti capital sucede al mediodía. Caminando la primera parte, otra vez en el jeep en el último tramo. En algunos momentos, el sol encandila tanto que el camino solo puede adivinarse. Como en la roca, tatuadas las figuras en la imaginación de quien ha podido contemplarlas.








