106 toques, 68 pases correctos y dos golazos que disimulan las 24 pelotas perdidas en una noche para el recuerdo

106 toques, 68 pases correctos y dos golazos que disimulan las 24 pelotas perdidas en una noche para el recuerdo

Los números no suelen alcanzar para dimensionar y definir el rendimiento de un futbolista. Resulta imposible explicar y argumentar que uno que perdió 15 pelotas en el primer tiempo y que totalizó 24 a lo largo de los 90 minutos fue la figura de la noche. Eso fue lo que ocurrió en la noche del jueves con Lionel Messi, en su último partido oficial en Argentina con la Selección. Es que ese rubro estadístico negativo pasa a segundísimo segundo plano cuando la planilla detalla que no sólo anotó un doblete para el 3-0 sobre Venezuela, sino que tocó 106 veces el balón y acertó 68 de los 76 pases que intentó, con cinco habilitaciones clave y siete de ocho pelotazos largos acertados. Y ni qué hablar lo poco que importan esas dos docenas de errores cuando la planilla queda de lado y entra a jugar el factor de las emociones. Esas que abundaron en una noche inolvidable en el Monumental.

Porque las estadísticas hablan y entregan información que muchas veces es útil para tomar decisiones.Pero no alcanzan, por ejemplo, para entender esa belleza de gol que fue el 1-0 parcial de la Argentina. Porque el pase de cachetada de Leandro Paredes tras la presión alta es delicioso, porque el regate de Julián Álvarez es maradoneano y porque la definición de Messi no sólo sirvió para corregir la asistencia imprecisa del ex River, sino que fue el recurso necesario para evitar que cualquiera de los cuatro rivales que tenía desparramados por delante, incluido el arquero Rafael Romo, pudieran hacer algo para que la pelota no llegara como llegó con suavidad a la red.

El otro grito de Messi fue, literalmente, otro pase a la red. Pie abierto para conectar una asistencia del cada vez más afianzado Thiago Almada. La computadora dice también que Leo recuperó cuatro pelotas en 14 duelos, que probó cinco veces al arco y que los otras tres ocasiones que tuvo para hacer explotar las gargantas de todos se encontró con alguna parte de la humanidad de Romo. No le erró al rectángulo que forman los tres palos. Que también cometió una falta y que apenas recibió otra. Y que en dos ocasiones cayó en fuera de juego. Dato de color por si no pudieron ver el partido: en la última definía como los dioses, por encima del cuerpo del arquero, para redondear un triplete fabuloso que al final no fue.

Esos fueron los números que entregó el GPS de otra función de Messi en celeste y blanco. Son igualmente un pequeño capítulo de más de dos décadas de magia en continuado más allá del valor sentimental del partido, el último por los puntos en el Monumental. Porque Leo siguió sumando palotes para los libros de historia. Ya son 879 goles en 1.120 partidos jugados a lo largo de su prodigiosa carrera. Porque ya son 114 gritos en la Selección Argentina en 194 apariciones a lo largo de poco más de dos décadas. Porque alcanzó 36 conquistas en 72 encuentros disputados por Eliminatorias. No sólo nadie gritó tantas veces en esta competencia. Ahora también igualó el récord de presencias que era propiedad exclusiva del ecuatoriano Iván Hurtado -a quien lamentablemente no batirá porque la Pulga no irá a Guayaquil para el partido del martes-.

Los dos gritos de la noche del jueves le permitieron, además, elevar a 37 sus goles en suelo argentino. No pudo convertir por Copa América -aquella fatídica de 2011-. Acopió 12 en amistosos y 25 en partidos clasificatorios para Copas del Mundo.

Más datos. ¿En qué estadios los anotó? Son 19 en el Monumental, cinco en la Bombonera, dos en el Kempes de Córdoba, uno en el Ciudad de la Plata, tres en el Malvinas Argentinas de Mendoza, otros tres en el Bicentenario de San Juan y cuatro en el Madre de Ciudades de Santiago del Estero. Metió goles en seis de las siete provincias en la que jugó. Sólo falló, curiosamente, en Santa Fe. No pudo convertir en el Gigante de Arroyito, en su Rosario natal, ni en el Cementerio de los Elefantes, el hogar sabalero de Colón.