Cuánto hay de ciencia o de ficción en el plan de “desextinguir” animales prehistóricos

Cuánto hay de ciencia o de ficción en el plan de “desextinguir” animales prehistóricos


La noticia copó los diarios del mundo: revivieron al lobo terrible, una especie desconocida para la mayoría de la población, pero que igualmente impactó profundamente en los medios y la sociedad.

Un lobo blanco de belleza excepcional -más cercano a la mitología nórdica que a un ser natural– ilustró la portada de Time, publicación que no se caracteriza por las noticias científicas.

A partir de complejas técnicas de ingeniería genética se insertaron 20 genes de lobo terrible -nombre común del Aenocyon dirus– en un lobo gris, especie emparentada, que posteriormente engendraría óvulos modificados.

El resultado fueron dos lobos blancos llamados Rómulo y Remo. Posteriormente, se sumaría un tercero, Khaleesi.

Al instante surgieron preguntas, debates éticos y especulaciones sobre la posibilidad real de revivir especies. Esta supuesta desextinción del lobo terrible se sumó a los ya anunciados proyectos del mamut lanudo y el pájaro dodo, cuyas noticias generan repercusiones más allá del ámbito científico. ¿Qué hay de ciencia y qué de fantasía en estos anuncios?

Genética, ambiente e historia

Las especies son más que un simple grupo de genes. Dos individuos con el mismo genoma pueden pertenecer a especies completamente diferentes, dependiendo de su interacción con el ambiente y otros organismos.

El predominio de la genética como factor determinante de una especie es un sesgo propio de fines del siglo XX, cuando esta disciplina experimentaba un desarrollo explosivo, lleno de promesas y, sobre todo, de posibilidades de beneficio económico.

Rómulo y Remo nacieron el 1° de octubre de 2024 y fueron presentados hace unos días. Foto: EFE.

Hasta la fecha, los avances han sido notables: terapias génicas, mejoras agrícolas y otras aplicaciones son realidades que han elevado -y siguen elevando- nuestra calidad de vida. La genética está lejos de agotar su potencial.

Sin embargo, muchas de las promesas no cumplidas en ese momento y otras actuales que parecen sacadas de la ciencia ficción responden más a estrategias comerciales que a fundamentos científicos.

La desextinción del lobo terrible, el dodo o el mamut lanudo -presentada como solución para “mejorar la ecología de la tundra” en plena emergencia climática– no es más que un slogan de marketing disfrazado de ciencia.

Tras estas promesas no hay un objetivo ecológico genuino o realizable, sino una estrategia económica: captar inversiones para desarrollar herramientas genéticas que, sí, pueden ser revolucionarias.

Pero así como ninguna bebida energética te da alas, ninguna de estas fantasías de resurrección de especies salvará ecosistemas o evitará el cambio climático producto de la acción humana.

“En general, lo que suele pasar es que si una especie se extingue o cambia su distribución, eventualmente cambian las relaciones entre otras especies, y si pasa mucho tiempo, una reintroducción puede ser incluso catastrófica”, explica Alejandra Petino Zappala especialista en biología evolutiva de la Universidad de Heidelberg (Alemania).

La investigadora explica que los ambientes son producto de procesos naturales históricos que no pueden volver atrás. “A veces la idealización de lo que fue un ambiente lleva a cosas bastante dañinas, como la reintroducción de especies o expulsar gente que vive en esos ambientes”, continúa.

Los casos exitosos de reintroducción que generaron beneficios en los ecosistemas son escasos y al menos polémicos. Como ejemplo, Petino Zappala menciona la reintroducción de lobos (de especies existentes, no extintas) en el Parque Yellowstone, donde estos depredadores lograron regular la población de alces. Éxito en tan solo una variable ecológica.

Pero, en la mayoría de los casos, no existe consenso científico sobre los impactos reales. “Esto puede ser porque no hay una sola variable que mirar, y depende de qué se interprete como mejorar el ambiente”, señala la investigadora.

Simplificar sistemas complejos como los ecosistemas puede ser peligroso. Reintroducir especies extintas puede tener efectos impredecibles y a veces irreversibles. Usar la preocupación por el cambio climático para vender soluciones mágicas que no abordan el verdadero problema, desvía la atención de una problemática actual que merece soluciones reales.

Lobo suelto

“El lobo terrible es un cánido de gran tamaño, que podía alcanzar los 60 kilos, y es bien conocido por su registro fósil, en parte exhibido en el Museo Field de Historia Natural, en Chicago, Estados Unidos. Se lo asocia al Huargo, un lobo gigante de la mitología nórdica, pero eso es erróneo, porque el lobo terrible solo se distribuyó en América, desde la Argentina hasta Canadá”, explica Damián Ramoni, paleontólogo especialista en cánidos del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), en Mendoza.

Extinto hace 12.000 años, solo se conoce por fósiles. “No sabemos nada de su apariencia externa. Los híbridos actuales son blancos, pero no tenemos constancia de que haya sido de ese color. Por su ecología de cazadores, es poco probable que así fuera. Ser blancos no los beneficiaba. Podría especularse que eran blancos y cazaban de manera diferente, pero sin evidencia”, aclara. “Solamente se sabe que vivían en manadas porque los fósiles se encuentran en conjunto”, agrega.

En este caso, lo que define al lobo terrible no es el tamaño o el color, sino un conjunto de características osteológicas únicas en su esqueleto. Un lobo gris grande no es un lobo terrible, como un chimpancé con menos pelo no es un ser humano. Las especies son algo más complejo y fascinante que un grupo de genes que se expresan.

¿Especies?

“El término ‘especie’ es ambiguo. Son entidades históricas y, como tales, están restringidas a un espacio y un tiempo determinados. La genética es solo uno de los muchos componentes de los organismos que las conforman. Para mí, tiene un papel secundario en entender qué es realmente una especie. Sin embargo, como las especies son entidades históricas, la genética resulta útil como herramienta empírica para rastrear parte de su historia”, explica Juan Vrdoljak, becario postdoctoral del Conicet. Este investigador trabaja en el Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales, en Puerto Madryn.

Al anunciar el nacimiento de Rómulo y Remo lo hicieron con fotografías que mostraban el trono de Game Of Thrones, una alusión marketinera al lobo monstruoso que se ve en la serie. Foto: Colossal Biosciences.Al anunciar el nacimiento de Rómulo y Remo lo hicieron con fotografías que mostraban el trono de Game Of Thrones, una alusión marketinera al lobo monstruoso que se ve en la serie. Foto: Colossal Biosciences.

“Imaginemos que en dos planetas distantes evolucionan dos especies idénticas: genéticamente (tanto en composición como en variación), morfológicamente, comportamental y ecológicamente indistinguibles. Utilizan los mismos recursos, consumen los mismos alimentos. Entonces ¿son la misma especie?”, desafía Vrdoljak.

“Si definimos las especies por sus propiedades -como su genética-, podríamos decir que sí. Pero si las entendemos como entidades históricas, arraigadas en un tiempo y espacio únicos, entonces no. Esta perspectiva enfatiza su dimensión histórica: cada especie surge en un contexto específico e irrepetible”, concluye.

Este tipo de grandes discursos y anuncios estratégicos buscan impactar al público, pero no a un público común, sino a inversores.

Gerardo RibeiroEspecialista en Antropología de la ciencia

En ese sentido, el caso del lobo terrible -conocido solo por el registro fósil- ilustra esta idea: desconocemos su genoma completo, su apariencia exacta o sus comportamientos, pero sí sabemos cuándo y dónde existió. Reducirlo a unos pocos genes no solo es especulativo, sino equivocado.

Ciencia algorítmica

“Todo tiene que ver con cómo se venden las expectativas a las personas, al público. Estamos en una economía de mercado, y ese tipo de estrategias son válidas pero no novedosas. En tiempos de incertidumbre, vender soluciones mágicas es un recurso comercial potente”, explica Gerardo Ribero, especialista en antropología de la ciencia y la tecnología del Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos de la Universidad de la República (Uruguay).

“Los discursos de grandes emprendedores como Elon Musk buscan impactar al público, pero no a un público común, sino a inversores. Esas promesas son una forma de incentivar la inversión de capital”, continúa Ribero.

El caso de SpaceX -cuya fama internacional se debe a la promesa de llegar a Marte- resulta paradigmático: una vez aseguradas las inversiones, las ambiciones marcianas quedaron en segundo plano.

“La sociedad no va a comprar cohetes para viajar al espacio, pero sí se impone este discurso, posicionando a estas personas como visionarios”, añade el investigador.

“Tiene que ver con la idea de que la ciencia es importante, pero solo si se la ve como avance tecnológico; nadie vende la idea de ciencia básica. Son los Estados los que invierten en ciencia básica. En el sector privado, se necesita un discurso armado y potente para justificar las inversiones.”

“En muchos casos, esos discursos de cambiar el mundo están acompañados de datos y cifras locas, muy difíciles de chequear”, destaca Ribeiro, subrayando el rol de la comunicación.

Y agrega: “El influencer Joe Rogan, por ejemplo, suele entrevistar a estos magnates, pero como no forma parte del mundo científico, no cuestiona los datos que le presentan. Funciona, precisamente, como potenciador de discursos armados”.

Un fenómeno similar se observa en influencers y comunicadores científicos en la era de las redes sociales: para ser favorecidos por el algoritmo, muchos adoptan premisas de moda -como la desextinción o la vida extraterrestre- sin verificar su validez.

Así, replican el discurso de grandes empresas para sumarse al mainstream o ganar seguidores. Cuestionar no favorece al algoritmo.

La incertidumbre también es parte de la ciencia, y aunque es natural en el proceso científico, puede dar lugar a interpretaciones erróneas. Lo valioso, en verdad, son los avances tecnológicos derivados del proceso -secuenciación, edición génica, ingeniería de tejidos-, que tendrán aplicaciones en medicina, agricultura o conservación.

Sin embargo, el núcleo del debate ético no está en las herramientas, sino en la ilusión misma de la desextinción: un concepto imposible que ignora que una especie es más que un genoma; es una red de relaciones ecológicas, comportamientos e historia.

Revivir un mamut no sería crear un mamut, sino diseñar un elefante modificado con nostalgia pleistocénica.