Más de la mitad de los argentinos, el 53%, considera que la elección del nuevo Papa fue una buena decisión. Así lo revela una reciente encuesta tras la muerte del Papa Francisco y en el marco de la asunción de Robert Prevost.
El estudio, realizado por Sherlock Communications, indica también que un 34% de los encuestados locales prefiere esperar a ver cómo se desarrolla el nuevo papado antes de tomar posición.
Los encuestados también aportaron su mirada sobre la elección del nombre “León XIV”: al 42% le resultó interesante mientras que otro 35% lo consideró significativo y respetuoso.
Al contrario, ante la consulta sobre los nombres que hubieran elegido, un 23% afirmó que le hubiera gustado que Prevost adoptara el nombre “Francisco”.
En relación a las características que debería tener el Sumo Pontífice, los argentinos priorizaron que tuviera una personalidad humilde (54%), uno de los aspectos por el que era reconocido Francisco.
Además de Argentina, el estudio incluyó a otros cinco países de América Latina (Brasil, Chile, Colombia, Perú y México). Si bien todos coincidieron sobre la importancia de que el Papa cuente con esa característica, en países como Chile (46%) o México (47%) los porcentajes fueron menores.
A su vez, los argentinos resaltaron como relevante que exista un compromiso claro con la modernización de la Iglesia (36%), algo que fue destacado en menor medida por otros países: el promedio de interés por este tema fue del 28% en todo América Latina.
En tanto, un 33% de los argentinos consideró importante que cuente con una visión global con foco en los países menos desarrollados, y un 32% destacó la importancia de que el Sumo Pontífice tenga un historial de trabajo con personas pobres.
La investigación también reveló una fuerte curiosidad por el proceso de elección papal. El 52% de los participantes expresó interés por saber qué cualidades se consideran esenciales en un nuevo Papa, y un 45% se mostró intrigado por cómo los cardenales llegan a la decisión final.
Robert Francis Prevost fue obispo de Chiclayo, Perú, desde el 26 de noviembre de 2015. La ciudad, hasta hace poco casi desconocida en el resto del mundo, cobró trascendencia luego que que León XIV la mencionara en sus primeras palabras ya como Papa. Y ahí también, como se publicó en la prensa local, lo recuerdan por su humildad.
Prevost nació el 14 de septiembre de 1955 en la ciudad de Chicago, estado de Illinois, Estados Unidos. Su padre era catequista y su madre cocinera.
En 1977, Prevost ingresó al noviciado de la Orden de San Agustín (O.S.A.) en la provincia de Nuestra Señora del Buen Consejo, en San Luis. El 29 de agosto de 1981 emitió sus votos solemnes. Estudió en la Unión Teológica Católica de Chicago, donde se diplomó en Teología.
Su formación académica incluye también una licenciatura en Matemáticas de la Universidad de Villanova, en 1977.
Sus opiniones se consideran cercanas a Bergoglio. Pasó muchos años como misionero en Perú antes de ser elegido jefe de los Agustinos durante dos mandatos consecutivos. Con Francisco compartía la visión sobre la ayuda a los pobres y los migrantes, aunque tenían diferencias sobre la comunidad LGBTQ+.
Prevost se convirtió en el primer papa de origen estadounidense. Fue proclamado cardenal por el papa Francisco en el Consistorio del 30 de septiembre de 2023, de la Diaconía de Santa Mónica.
Como líder del Dicasterio para los Obispos tuvo el poderoso rol de ser responsable de seleccionar obispos, cargo que ocupó hasta que el Papa Francisco murió el 21 de abril de 2025
Aunque el cardenal uruguayo Daniel Sturla dijo que habló en la Capilla Sixtina con el Sumo Pontífice minutos después de que éste fuera elegido como máxima autoridad del Vaticano, que le dijo que estaba en sus planes visitar Uruguay y Argentina, no hubo noticias al respecto después de eso. De ese encuentro habría participado también el Arzobispo de Buenos Aires Mario Poli.
Sin embargo, no trascendieron fechas ni hubo confirmación. También se supo que el gobierno argentino enviará una invitación formal al Vaticano para concretar la visita de León XIV. El último Papa que pisó suelo argentino fue Juan Pablo II en 1987.








