WD-40 en la garganta contra la afonía, cucarachas por doquier y un arma en la cintura

WD-40 en la garganta contra la afonía, cucarachas por doquier y un arma en la cintura


Cristian “Pity” Alvarez (54) bajó de una ambulancia. Calzas, una boa de piel sintética y gafas de sol con el marco blanco. El pelo rubio y enrulado. La remera negra con la frase en amarillo estridente: “La gente manda”.

El músico entró rápido, saludando apenas con la mano, frente a los canales de televisión, curiosos y algunos pocos fanáticos que vendían merchandising con su cara.

“Pity” se sentó en un banco, abrazó a sus abogados, a su mánager y a las personas que lo acompañan en las 17 audiencias que lleva el juicio en su contra, a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 29.

El ex Viejas Locas está siendo juzgado por el homicidio de Cristian Maximiliano “Gringo” Díaz (36), cometido en 2018 en el barrio Samoré de Villa Lugano.

La expectativa del día estaba puesta en lo que el acusado tenía para decir. La promesa de una declaración, de nombres que podrían dar lugar a una jornada de juicio más -para sumar a esta, que sería la última prevista antes de los alegatos- y de testimonios que podrían ser determinantes para su defensa.

Pero el músico, que está internado en el centro de salud mental Colonial Solar, de Castelar, por orden de la justicia civil, no estaba en condiciones de ingresar a la sala, según expresó su abogado Sebastián Queijeiro.

Junto a él y Luciana Comerci, Álvarez se sentó en una sala contigua, conectado por videollamada a lo que pasaba en la sala de juicios.

El abogado Sebastián Queijeiro. Foto Maxi Failla.

Por momentos se paraba, se iba de la oficina desde la que se conectó y hasta se lo veía dormido.

La Justicia civil ordenó una “internación psiquiátrica forzosa ordenada por considerarlo peligroso para sí y para terceros”.

La llegada de "Pity" al juicio. Foto Maxi Failla.

Javier Baños, co-defensor junto a Queijeiro, explicó antes de entrar a la audiencia que hay tres recursos de queja ante el Superior Tribunal de Justicia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para que se expida sobre la aptitud mental de Álvarez para afrontar este debate, algo que no ha prosperado frente a los jueces Gustavo Goerner, Juan Martín Ramos Padilla y Hugo Navarro.

La tensión en la sala

La primera declaración de la jornada fue la del doctor Ezequiel Norberto Mercurio, un médico especialista en psiquiatría y medicina legal, que realizó una pericia a “Pity” en octubre de 2018.

Las preguntas de la defensa, en manos de Baños y Queijeiro, estuvieron centradas en la capacidad de “Pity” de comprender los hechos de la madrugada del 12 de julio de 2018, cuando Álvarez Congiú discutió con Díaz y le gatilló cuatro veces.

“Un síntoma que puede estar en distintos grados de prevalencia en personas que consumen cocaína. En el caso del señor Álvarez conviven las dos cosas. La alteración paranoica por consumo y la realidad que atravesaba que lo hacía sentir paranoia”.

El presidente del tribunal limitó varias de las preguntas de Baños en este sentido, intentando que Mercurio se explayara sobre la capacidad de Álvarez de comprender lo que ocurría el día de los hechos.

Lo mismo ocurrió con Queijeiro y siempre con preguntas referidas al estado de Álvarez el día del hecho y si estaba en condiciones de comprender lo que estaba realizando.

El tribunal, claramente reticente a esas reiteraciones, no permitió muchas de las insistentes preguntas de la defensa.

Finalmente Mercurio concluyó: “Puede que el paciente tuviera momentos de delirios y persecución, en períodos de descompensación tenía ideas delirantes. Y en otros momentos la realidad era en la que él vivía situaciones reales de persecuciones”, sintetizó respecto de los hechos.

“Lo que hubo fue una discusión o una pelea que no implicaba una afectación patológica del juicio. No estaba atravesando una descompensación psicótica”, analizó Mercurio.

Y cerró: “La apreciación sobre ese hecho concreto, de miedo o amenaza, es subjetiva. Qué nivel de percepción tenía sobre eso, no puedo responder, en base a que había una situación de pelea ¿Cuánta amenaza estaba sintiendo? No está en mi capacidad evaluarlo porque no depende de un solo factor”.

La declaración del cura rockero

César Scicchitano Tagle (63), más conocido como el padre César o el cura rockero, fue el segundo testigo de la jornada y repasó su vínculo con el artista.

“No soy un fan de él”, aseguró Scicchitano Tagle respecto del vínculo que los une desde 2008.

El padre César, con Pity Álvarez.

“Me llamaba enloquecido de cómo le golpeaban la puerta y del miedo de que le entraran a robar. ‘Pity’, ‘Pity’, le gritaban del otro lado. A cualquier hora, toda la noche, cualquier día. Incluso puso un sensor de movimiento y se prendía la luz toda la noche de cómo pasaban”, recordó sobre su vida en el departamento del 5° piso de la torre 12 B del barrio Cardenal Samoré, en Villa Lugano.

“Estamos hablando de una persona con una adicción muy fuerte, lo que le generaba un estado de paranoia muy grande. Esto lo sé porque soy acompañante psicológico, estudié counseling” (asesoramiento), contó el cura. Describió a “Pity” como “politóxico” y una persona “totalmente tomada” por las adicciones.

“Trababa con un palo de madera para que no se le metiera nadie. A él le pedían peaje, era una situación permanente. En ese mundo era como un logro robarle a Pity, pegarle o sacarle plata. Mi peaje era la bendición. A Díaz lo reconocí como parte de ese grupo“, aseguró.

“Llegué a ver en una cintura un arma, pero no sé de qué calibre ni nada, no porque se me la mostró, porque la vi”, recordó sobre los episodios al ingreso al barrio.

El arma que descartó Álvarez tras el crimen.

El cura expresó que “eran dos víctimas del consumo”, en referencia a Díaz y a Álvarez.

“Después que pasó lo que pasó y vi a Díaz me acordé de que era una persona que yo había visto varias veces”, recordó.

También hizo referencia al arma que llevaba el músico todo el tiempo encima: “Lo que puedo contar es que en esa personalidad paranoide él sentía que teniendo un arma estaba protegido. Yo le decía ‘Cristian no es bueno que estés con esto‘ y él me respondía que ‘yo no le voy a hacer nada a nadie‘. Cristian es una persona tranquila”.

César recordó dos anécdotas para graficar la situación de consumo y la personalidad de “Pity”. “Una vez estaba afónico y tenía que cantar y se puso WD-40 en la garganta“, recordó para demostrar su situación de consumo “extrema”.

Asimismo, recordó que su departamento estaba infectado de cucarachas: “Yo le dije: ‘tenés que hacer algo con esto, no podés vivir así’. Pero él no quería matarlas, decía que no se podía matar un animal. Así es él. Muy tranquilo”.