Germaine Derbecq (1899-1973) y Raquel Forner (1902-1988). Dos figurares nodales de una misma generación en la historia del arte argentino. Dos mujeres que se abrieron camino con voluntad, talento, perseverancia. Lograron visibilidad en su tiempo y hoy son faro de artistas contemporáneos. En esta nueva edición de arteba se destacan sus obras en varias galerías en un reconocimiento que se afianza, de esta forma, también desde el mercado del arte.
En el primer día de feria, Roldán Moderno vendió la pintura Vanidad de Forner a un coleccionista privado por 170.000 dólares, según informó la galería a Clarín. Un óleo de 1949, que alude a dramas y tragedias del mundo. En la obra se representa una figura femenina de espaldas con su torso desnudo que gira la cabeza hacia el espectador. Sobre la tierra y debajo de ella, pequeñas figuras humanas representan el sufrimiento al que la vanidad las somete.
“Trajimos cuatro obras de Forner a la feria. Tres son de la serie La farsa realizada entre 1949 y 1952. Son figurativas y tratan mucho acerca de la Guerra Civil Española y de la Segunda Guerra mundial. Y la cuarta es de la serie de Las lunas (de características abstractas), que es el envío a la VI Bienal de San Pablo en 1961”, comentó a Clarín Sebastián Boccazzi, director de Roldán Moderno.
En Ruth Benzacar hay dos pinturas y un dibujo de entre fines de los años 60 y los 80 de la serie Astroseres, en la cual la artista imaginó un futuro posible más esperanzador, colorido, con una convivencia pacífica. “Forner es una artista clave y el mercado es hoy un agente de difusión decisivo. Necesitaba este reconocimiento, que se suma a la circulación institucional. Como galería trabajamos para consolidar una producción que es faro para artistas contemporáneos también”, dijo Mora Bacal, directora de la galería.
Forner fue una figura central de la modernidad con un compromiso explícito por los aconteceres de su tiempo social, lo cual quedó plasmado en su trabajo. Formó parte a principios de la década del 30 del Grupo de París junto a Lineo Enea Spilimbergo, Antonio Berni, entre otros grandes artistas. En 1982, la artista creó la Fundación Forner-Bigatti (el escultor Alfredo Bigatti fue su esposo). El próximo 28 de noviembre, la Academia Nacional de Bellas Artes reconocerá a la institución con el premio Gratia Artis, en el auditorio de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes.
En el stand de Alejandro Faggioni, quien ha llevado obra de la artista a la feria desde 2005, se exhibe el óleo Nacimiento, de 1958, de la serie Las lunas. “Nunca descendió su cotización y para mí tendría que valer muchísimo más. No entiendo qué tiene Forner que envidiarle a Frida Kahlo”, expresó el galerista. En tanto, la galería Via Margutta presenta por primera vez una obra de la artista. Se trata de un díptico también de la serie Astroseres con la característica línea y vibrante cromatismo de este período con un valor de 55.000 dólares.
Nacida en París, Germaine Derbecq participó del primer envío argentino a la II Bienal de San Pablo, en 1953. De los 22 artistas seleccionados, fue una de las únicas tres mujeres junto con Sarah Grillo y Lidy Prati. Lo escribe Federica Baeza en el libro Éxtasis sobre la obra de la artista, que editaron la galería Calvaresi y la Colección Amalita (donde el año pasado tuvo lugar una importante exposición antológica de la artista), el cual se presentará a mediados de noviembre.
Desde hace varios años, Calvaresi realiza un trabajo de investigación sobre Derbecq en sus distintas facetas y poniendo en valor su obra, a través de exposiciones y publicaciones. En esta edición de arteba, la galería exhibe ocho pinturas entre 1951 y 1970, en un rango de precios entre 10 mil y 50 mil dólares. Varias pertenecen a los años en París previos a su instalación definitiva en Buenos Aires, en 1951. En este conjunto, sus trabajos están unidos a una representación figurativa de líneas sintetizadas. Entre sus producciones posteriores a dicho período se destacan los múltiples de los años 70, donde predomina la abstracción geométrica, el color y la finalidad de ofrecer una mayor accesibilidad económica a las obras de arte.
“Empezamos a trabajar a Germaine no sólo como pintora, sino también como gestora cultural y crítica de arte. Fue una figura puente entre París y Buenos Aires. Un trabajo de investigación necesario porque no había tanto. Así empezó a ser más ampliamente conocida para el medio y a tener una mayor demanda. Antes, la cotización de su obra era de un tercio del valor actual”, contó Guido Calvaresi.
En el libro recién editado sobre la artista se reproduce una reseña crítica de su autoría, de 1958, que tiene como título “Buenos Aires podría ser la ciudad de las artes de América del Sur”, en la cual escribe: “Ya sabemos que en Argentina los artistas son numerosos, que los jóvenes están animados por un deseo de conocer que no puede sino ser fructífero (…).” Palabras que casi siete décadas más tarde siguen resonando en medio de esta nueva edición de arteba.








