Estados Unidos tomó impulso durante el tercer trimestre a lomos de la industria de inteligencia artificial (IA). El producto interior bruto (PIB) estadounidense creció un 3,4% en tasa anualizada entre junio y septiembre, 1,2 puntos porcentuales más que el 2,2% registrado en el trimestre anterior, gracias al aumento de la inversión privada y del consumo de los hogares, según los datos publicados este jueves por la Oficina federal de Análisis Económico (BEA, en sus siglas en inglés). En tasa trimestral, como se ofrecen los datos de crecimiento de PIB en Europa, la economía estadounidense avanzó un 0,8% en el trimestre.
El ritmo de crecimiento ha superado las expectativas de los analistas, que auguraban un repunte de la actividad respecto al trimestre anterior, pero algo más moderado, en torno a un 3%. El auge de la inteligencia artificial y el mayor dispendio del gasto público por parte de la Administración Trump han contribuido a acelerar la economía. La contribución de la inversión en equipamiento al PIB fue la mayor desde 2011, sin contar el periodo de recuperación tras la pandemia.
“El aumento del PIB real en el tercer trimestre se debió principalmente al incremento de la inversión, el consumo y el gasto público, compensado parcialmente por la disminución de las exportaciones. Las importaciones, que se restan en el cálculo del PIB, aumentaron”, señala la oficina estadística en un comunicado.
Los datos muestran la resiliencia de la economía estadounidense. Acelera su ritmo de crecimiento pese a los estragos de la guerra contra Irán, la crisis energética y el pesimismo entre muchas familias estadounidenses golpeadas por la inflación creciente. El último dato publicado, correspondiente a septiembre, elevó los precios hasta el 3,7%, una cifra peor de la esperada.
“En comparación con el segundo trimestre, la aceleración del PIB real en el tercer trimestre reflejó principalmente una aceleración de la inversión y un aumento del gasto público, que se vieron parcialmente compensados por una caída de las exportaciones. Las importaciones aumentaron más en el tercer trimestre que en el segundo”, precisa la BEA.
Estados Unidos está sumida en una enorme contradicción. Crece a un ritmo sólido, pero los ciudadanos ven la economía como la mayor de sus preocupaciones. La confianza del consumidor está en niveles históricamente bajos. Los rendimientos del crecimiento no les llegan a los bolsillos. Es lo que los analistas llaman la crisis de la asequibilidad. La inflación está mermando el poder adquisitivo de los hogares. Pese a ello, el gasto de los hogares aumentó un 3,8%.
El ejemplo más paradigmático son los combustibles. La gasolina, el carburante que utiliza la mayoría de los conductores en este país, cotiza a 4,22 dólares por galón (3,785 litros), un 45% más que hace un año. La subida de los combustibles es un factor importante para un país inmenso donde se recorren enormes distancias a diario para ir a trabajar. El diésel, por su parte, acaricia su máximo histórico. El precio del galón de gasóleo está a 6,34 dólares, un 80% más y golpea a transportistas y granjeros.
Pese a ello, las grandes cifras macroeconómicas presentan un cuadro clínico saludable sobre la economía de Estados Unidos. “La actividad económica se está expandiendo a un ritmo sólido. Si bien persiste la incertidumbre, debido en parte a los acontecimientos geopolíticos, el gasto interno se ha mantenido resistente”, proclamó Kevin Warsh, el presidente de la Reserva Federal, el pasado miércoles tras la reunión del consejo de la Fed, que decidió dejar intactos los tipos de interés pese a las crecientes tensiones sobre los precios.
Optimismo de la Reserva Federal
Lo cierto es que la economía ha demostrado ser resistente, se sobrepuso a los aranceles, la crisis energética por el conflicto en Oriente Próximo y navega sin grandes contratiempos la carrera de la IA. El mercado laboral sigue creciendo, aunque a un ritmo más moderado, causado por el endurecimiento de la política migratoria de Donald Trump. Y la tasa de desempleo ronda el 4,2%, equivalente al pleno empleo. Está instalada desde hace meses en un nivel históricamente bajo.
“El tercer trimestre parece haber traído un avance aún más rápido, liderado por un gasto saludable de los consumidores, probablemente superior al 3%, y la inversión empresarial aumentando a un ritmo de aproximadamente dos dígitos. El gasto de capital está en una proporción históricamente alta del PIB. La inversión en alta tecnología lidera la aceleración, pero también ha habido una ampliación en otras categorías, y estas tendencias merecen atención”, ilustró Warsh, que expresó su optimismo sobre la situación económica gracias a la mejora de la productividad que está propiciando la irrupción de la IA.
El aumento del gasto en inteligencia artificial ha contribuido a impulsar la economía estadounidense durante los últimos trimestres. Las grandes empresas tecnológicas y los laboratorios de IA están invirtiendo grandes sumas de dinero en los chips y centros de datos necesarios para el funcionamiento de la IA.








