El mejor Madrid, salido de la alineación seguramente más cuerda, chafó la euforia del barcelonismo en el mismo Camp Nou con dos goles de Mbappé. Acostumbra a pasar en los clásicos, que no siempre giran a favor del favorito, que era el Barça, líder con un pleno de nueve victorias desde que empezó la Liga. El partido parecía tan decantado a favor de los azulgrana, beneficiados además por la baja de Courtois debido a una gripe, que se acabó con la victoria inapelable del Madrid, que suele hacer de la necesidad virtud, sobre todo en las situaciones límite como era la de anoche en Barcelona. La urgencia resultó balsámica para un equipo con nombre y oficio como el madridista y también para el estratega Mourinho.
1
Joan García, João Cancelo, Xavi Espart (Alejandro Balde, min. 29), Pau Cubarsí, Gerard Martín, Rodri, Pedri, Fermín López (Frenkie de Jong, min. 73), Raphinha (Gabriel Jesus, min. 85), Anthony Gordon (Karim Adeyemi, min. 84) y Lamine Yamal
2

Andrii Lunin, Dean Huijsen, Marc Cucurella, Ibrahima Konaté, Federico Valverde (Denzel Dumfries, min. 61), Yan Diomande (Carlos Espí, min. 93), Arda Güler (Trent Alexander-Arnold, min. 93), Jude Bellingham, Aurélien Tchouaméni, Bernardo Silva (Eduardo Camavinga, min. 79) y Kylian Mbappé
Goles 0-1 min. 40: Mbappé. 1-1 min. 60: Raphinha. 1-2 min. 86: Mbappé
Arbitro Juan Martínez Munuera
Tarjetas amarillas Tchouameni (min. 45), Anthony Gordon (min. 83), Huijsen (min. 91), Mbappé (min. 93), Balde (min. 95), Karim Adeyemi (min. 95)
El plan del técnico portugués fue redondo porque ganó el partido con la formación inicial y lo remató con los cambios después de que los barcelonistas empataran en un excelente momento de arrebato, cuando más apretaba la carga ambiental del Camp Nou. Los dos equipos se batieron con entereza y grandeza en un clásico tan bonito como vibrante, impecable futbolísticamente, una suerte para el cartel de una Liga que se aprieta en la jornada 10. El Madrid queda a tres puntos y el Atlético a dos del Barcelona, doblemente abatido en una semana, en París y en casa.
Ausente Vinicius, Mourinho se la jugó con la alineación, como si quisiera dejar constancia de que no está de paso ni va a dejar que el equipo se vuelva a caer por inercia, consecuente con el cargo de entrenador del Madrid. El técnico quitó el tapón de la medular para ganar línea de pase y apostó por Bernardo Silva como volante al tiempo que mantenía a Valverde en el puesto de lateral después de constatar que el uruguayo no mezclaba bien en la divisoria con Tchouameni. Una formación valiente por la suma ya sabida y acreditada de Güler, el jugador bandera de la divisoria, y desafiante con los acreditados centrocampistas azulgrana, Rodri, Pedri y Fermín, sometidos a marcas individuales por los interiores del Madrid.
Aun cuando no les gusta que les encimen, los medios del Barça tomaron la iniciativa y los delanteros apretaron muy arriba para penalizar las pérdidas de balón desde su área del Madrid en un partido con mucho ritmo y buenas salidas con la pelota de Diomande mientras Lamine estaba muy cercado por Cucurella. El Madrid aguantaba bien, se desplegaba con relativa fluidez y negaba la habitual ofensiva continua del Barça, al que le faltaba desequilibrio y profundidad, poco desafiante a pesar de la tibieza de Lunin. No encontraban los azulgrana al jugador libre, el tercer hombre como dicen los técnicos, y a cambio buscaban los arrebatos de Raphinha, que no acertó en el mejor tiro del Barça.
La lesión de Espart agravó la escasez de defensas de los azulgrana y aumentó el protagonismo de Cubarsí. El central tuvo que conducir mucho la pelota porque su equipo no tenía la posibilidad de presionar ni de filtrar balones a los puntas, entregados los delanteros a la tarea de recuperación muy cerca del área del Madrid. El partido era tan igualado, tenso y abierto que cada remate era muy celebrado, especialmente el de Gordon al que respondió bien Lunin. El gol llegó por sorpresa en el último tramo del primer tiempo cuando un mal despeje de Gerard Martín rebotó en Mbappé después de una entrada muy clara por el costado izquierdo de Cucurella y el punzante Diomande.

El Barça necesita atacar bien para defender mejor, y los delanteros no sabían cómo acabar las jugadas, sobre todo Lamine, que falló un cara a cara con Lunin. Tampoco acertó Diomande en una acción muy clara después de volver a ganar la banda y certificar su superioridad sobre Cancelo. A diferencia de los atacantes culés, los del Madrid tenían en vilo a la zagueros de Flick, demasiado rígidos, poco contundentes, tanto los centrales como los laterales, sin alternativas por el rosario de lesiones que comenzaron con la de Christensen. A falta de soluciones colectivas, se imponen las soluciones individuales, como el escorzo de Gerard Martín que evitó el 0-2 en un dos contra uno con Mbappé y Bellingham.
Los barcelonistas se habían propuesto abrir el partido, un intercambio de golpes, después de fracasar en el empeño de abrir en su cancha al Madrid. Los espacios que no supo generar antes del descanso aparecieron en una y otra banda del Camp Nou. El empate, sin embargo, no llegó a campo abierto sino a la salida de un saque de esquina rematado por Raphinha, asistido por la finura de Pedri, después del saque corto de Lamine. Agarrado al córner, el Barça tuvo el 2-1 en un cabezazo de Gerard Martín que rechazó Lunin con una mano de santo propia de Courtois. El Madrid perdió precisión en los contraataques y el Barça ganó presencia e intimidación, agrandado por el empuje del Camp Nou.
La rueda de cambios se inclinó entonces a favor del Madrid porque Camavinga se sacó una jugada extraordinaria para servir el 1-2 a Mbappé en vigilias del Balón de Oro para desdicha del desafortunado Lamine. La transición acabó por salir en el instante más oportuno para el Madrid y en el peor para el Barcelona, que acabó derrengado por el esfuerzo, porque no logró ser el Barcelona de las 11 victorias consecutivas cuando empezó la Liga.
Los azulgrana quedaron desnaturalizados por un Madrid que nada tuvo que ver con el que salió derrotado de La Cartuja y el Metropolitano. Acuciado y exigido por la clasificación, respondió con el mejor partido del curso y también con una apuesta futbolística que se anuncia como más solvente que cualquiera de las anteriores, sustentada por llenar la línea de medios con jugadores como Bernardo Silva y Güler. Nace en el Camp Nou un nuevo Madrid, un equipo más razonable y competitivo, capaz de acabar de momento con un Barça que parecía no tener rival en la Liga. Los azulgrana acabaron rendidos después de 23 victorias seguidas como local ante un mejor Real Madrid.









