Ante la posibilidad de eventos meteorológicos extraordinarios y los efectos asociados a fenómenos climáticos como El Niño, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Nucleoeléctrica Argentina y Dioxitek pusieron en marcha de manera conjunta una serie de planes preventivos orientados a salvaguardar todas las instalaciones del sector nuclear argentino. Las medidas se extienden a centros atómicos, complejos regionales y plantas operativas con el objetivo de anticiparse a escenarios de crecidas, inundaciones y contingencias atmosféricas adversas.
Según se informó desde la Secretaría de Asuntos Nucleares dependiente del Ministerio de Economía de la Nación, las acciones implementadas comprenden un estricto monitoreo constante de las condiciones climáticas e hidrológicas, la revisión integral de los protocolos de actuación ante emergencias y una estrecha coordinación operativa con la Agencia Federal de Emergencias (AFE). Desde la cartera se remarcó que las instalaciones mantienen sus estándares habituales de resguardo y que los dispositivos buscan fortalecer la capacidad de respuesta institucional.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
En el caso específico de la CNEA, el organismo aplica medidas de protección física y planificación operativa en sus diferentes centros regionales. Entre las tareas destacadas figuran el mantenimiento preventivo de la infraestructura edilicia, la actualización de los procedimientos y el desarrollo de una herramienta tecnológica clave: el tablero CNEA-ENOS, un sistema que integra información meteorológica y simulaciones avanzadas para anticipar posibles impactos adversos y adecuar las medidas de seguridad según las necesidades particulares de cada establecimiento.
Por su parte, Nucleoeléctrica Argentina, empresa encargada de la operación de las centrales nucleares Atucha I, Atucha II y Embalse, activó su propio protocolo de contingencia tras mantener una reunión de coordinación con la AFE. Este plan contempla la vigilancia permanente del entorno meteorológico, la protección de la infraestructura crítica ante potenciales crecidas de ríos e inundaciones, la disponibilidad inmediata de recursos operativos y la preparación logística de los equipos especializados de respuesta rápida ante emergencias.
En paralelo, dentro del Centro Atómico Ezeiza, la firma Dioxitek, encargada de la producción de dióxido de uranio para el ciclo de combustible nuclear y de fuentes selladas de cobalto-60 destinadas a aplicaciones médicas e industriales, coordina de forma directa con la CNEA acciones tendientes a mitigar riesgos frente a cualquier fenómeno climático extraordinario que pueda comprometer la operatividad o la seguridad del predio.
El despliegue de estas medidas preventivas fue valorado por el secretario de Asuntos Nucleares de la Nación, Federico Ramos Napoli, quien subrayó el compromiso y la labor técnica de los equipos especializados del área. Al respecto, el funcionario destacó: “Desde hace semanas, estos profesionales trabajan para anticipar posibles contingencias climáticas y preparar nuestras instalaciones ante distintos escenarios”.
Desde el Gobierno nacional remarcaron que la seguridad nuclear constituye una prioridad permanente e innegociable de la actividad en el país. En este sentido, la combinación de sistemas automatizados de protección, los controles continuos y la permanente capacitación de los profesionales especializados permiten sostener los máximos estándares de calidad internacional y reforzar la capacidad de respuesta ante cualquier eventualidad climática.
Los posibles riesgos operativos en el sector nuclear
Según las estimaciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y de organismos internacionales, la fase más crítica del fenómeno de El Niño se desarrollará a lo largo del último trimestre del año y alcanzará su máxima intensidad entre diciembre y los primeros meses del verano, con la posibilidad de extender sus efectos hasta el otoño. Este período concentrará precipitaciones superiores a las normales en la región central y el noreste del país, acompañadas por un aumento drástico en las temperaturas del océano Pacífico que inyectará frentes de masa húmeda e inestabilidad constante sobre las principales cuencas hídricas de Argentina.

En ese contexto, las centrales nucleares e instalaciones del sector enfrentan retos operativos específicos derivados de eventos meteorológicos extremos. El principal factor de vulnerabilidad radica en las crecidas extraordinarias del río Paraná y el río Tercero, que proveen los caudales necesarios para el enfriamiento de las plantas Atucha I, Atucha II y Embalse. El incremento de caudal, sumado al arrastre de sedimentos, camalotes y material flotante, puede obstruir las tomas de agua e ingresar a los sistemas de filtrado de las bombas principales, exigiendo tareas intensivas de limpieza y mantenimiento para evitar alteraciones o reducciones preventivas de la potencia de generación.
Asimismo, las tormentas severas con vientos fuertes, descargas eléctricas e intensas precipitaciones en cortos períodos representan un riesgo potencial de anegamiento en la infraestructura de superficie de las plantas y los centros atómicos, además de poder comprometer las líneas de alta tensión que transportan la energía hacia el Sistema Interconectado Nacional. Por este motivo, la CNEA y Nucleoeléctrica reforzaron el monitoreo hidrológico, la logística de los equipos de respuesta ante emergencias y el mantenimiento preventivo en drenajes y contenciones físicas, con el objetivo de mitigar cualquier impacto ambiental u operativo en el sistema eléctrico.








