El fútbol le tenía guardado un regalo al uruguayo Fernando Muslera después del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Al arquero le había salido todo mal en la cita mundialista, pero la Tierra es una estrella que gira y aunque hay momentos de oscuridad en algún momento siempre aparece el sol. En el Maracaná de Río de Janeiro, el arquero de 40 años que nació en Buenos Aires tuvo tal vez la mejor actuación de su vida deportiva y metió a Estudiantes de La Plata en la final de la Copa Libertadores. Historia pura.
El Pincha le ganó en todo al poderoso Flamengo. En el juego, en la actitud, en una definición por penales en la que no hubo equivalencias y en el público que copó el mítico estadio carioca y se hizo sentir ante la multitud local que casi no alentó y se fastidió rápido con un equipo que nunca le ofreció respuestas.
Se empacharon de triunfos los hinchas del Mengao, que consiguieron 3 de sus 4 Libertadores en las últimas 7 ediciones. El conjunto de los millones de dólares, que compite con el mercado europeo y tiene jugadores de cartel internacional no pudo inquietar a Estudiantes en 180 minutos porque en La Plata mereció perder y en el Maracaná no estuvo ni cerca de lograr el boleto a la final, incluso tras jugar casi todo el segundo tiempo 11 contra 10 por la infantil doble amarilla y expulsión de Baltasar Rodríguez.
El equipo del Cacique Medina se plantó en el Maracaná como si estuviera jugando en La Plata. Ordenado, suelto y con la vehemencia necesaria para no dejarse arrollar por un rival que encendía aullidos de las tribunas ante cada avance frenético, pero que no tenía ideas para generar peligro y esa energía del alarido se le volvía en contra.
Fueron fieras los centrales González Pírez y Santiago Núñez, incluso en el segundo tiempo cuando el árbitro uruguayo Gustavo Tejera los amonestó en jugadas consecutivas y los condicionó para el resto del partido. Lo mismo Mancuso, que le tocó jugar mano a mano con Samuel Lino, el jugador más desequilibrante del rival. Pero Estudiantes es un equipo solidario en el que cada uno se sacrifica por el compañero.
Entró bien Marcos Rojo -se perdió un gol increíble en el primer tiempo que pudo cerrar antes la historia- que volvió al club para jugar esta instancia y aportó su jerarquía. Castro y Piovi se comieron el medio, y Tiago Palacios -que ingresó por la lesión tempranera del Tucu Correa- la rompió para jugar sin pelota y cerrar los caminos de un Flamengo ya desesperado en el epílogo del partido.
Le faltó generar más peligro a Estudiantes, es cierto. Un remate de Baltasar Rodríguez que Rossi desvió con la punta de los dedos y dio en el palo fue la jugada más clara del Pincha y el único remate al arco del partido. Pero la roja lo condicionó y el plan cambió en el segundo tiempo: de jugar de igual a igual, como lo hizo en la primera mitad, pasó a aguantar cerca de Muslera cuando se quedó con uno menos a los 5 del complemento.
Y el arquero uruguayo sostuvo al equipo. Ofreció seguridad ante cada centro que cayó en su área -Flamengo apenas fue eso, centros frontales sin sorpresa ni peligro- y tuvo una atajada increíble cuando faltaban 8 minutos para el final: Paquetá habilitó a Gonzalo Plata con un toque por encima de la defensa y el ecuatoriano quedó solo, pero Muslera salió rápido y le tapó el cabezazo.
Los minutos pasaban y nunca estuvo en duda que Estudiantes podía quedarse con el boleto a la final. Hubo que aguantar un poco más y los cambios le dieron vitalidad: Gaich, Tomás Palacios y Cetré entraron primero, y sobre el cierre José Sosa, para patear un penal.
La definición fue un juego de niños para Muslera. Giorgian De Arrascaeta abrió la serie con un buen remate y el Principito Sosa igualó con un tiro cruzado. Pero enseguida el arquero uruguayo le contuvo el remate a Jorginho, un especialista. Edwuin Cetré le puso suspenso porque remató al gol, pero se resbaló y hubo un doble toque de balón. Entonces tuvo que repetir el remate y lo elevó por encima del travesaño. Pero no hubo tiempo para lamentos porque Muslera se lo atajó a Paquetá arrojándose otra vez sobre su mano derecha. Mancuso le pegó mal, pero lo metió. Leo Pereira igualó el marcador y Tiago Palacios dejó la serie match point. Fue Bruno Henrique y Muslera no le dio chance: le adivinó el remate cruzado, selló el 3-2 y no fue necesario que Estudiantes ejecutara el último penal. El 28 estará en el Centenario de Montevideo con toda su mística para enfrentar a Palmeiras en la final y con el deseo de levantar su quinta Copa Libertadores.








