Corea del Norte amenaza con reanudar la guerra de altavoces contra Seúl | Internacional

Corea del Norte amenaza con reanudar la guerra de altavoces contra Seúl | Internacional


Corea del Norte tendrá listos en unos días los altavoces para reanudar sus emisiones de propaganda hacia Corea del Sur, suspendidas desde hace 16 meses. Así lo ha anunciado este jueves Kim Yo-jong, la hermana del líder supremo norcoreano, Kim Jong-un. La poderosa dirigente también ha amenazado con represalias militares si futuros disparos de advertencia surcoreanos causan daños en su territorio o ponen en peligro a sus soldados. Seúl defiende que esas acciones son “legítimas y defensivas” y buscan impedir incursiones norcoreanas en su lado de la frontera. La tensión entre los dos vecinos ha aumentado desde finales de septiembre, después de que el estallido de unas minas hiriese a tres soldados surcoreanos, dos de ellos de gravedad.

“Los altavoces contra la República de Corea [el nombre oficial de Corea del Sur] estarán preparados en cuestión de días”, ha afirmado la hermanísima en un comunicado difundido por la agencia estatal KCNA. El texto también adelanta nuevas contramedidas, aunque no detalla en qué consistirán. En el tono amenazante que caracteriza sus intervenciones, Kim ha advertido de que el Sur afrontará “la situación más horrible y angustiosa” si comete un error.

La disputa se concentra en la línea de demarcación militar, que funciona como frontera terrestre entre ambos países y se extiende unos 250 kilómetros. El armisticio de 1953, que detuvo los combates de la Guerra de Corea (1950-1953) sin dar paso a un tratado de paz, estableció esa línea divisoria y dispuso que cada bando retirase sus fuerzas dos kilómetros. Así se creó la Zona Desmilitarizada, una franja de cuatro kilómetros de ancho concebida para separar a los ejércitos. En contra de lo que sugiere su nombre, sus límites están fuertemente vigilados y fortificados.

Desde hace dos años, Pyongyang instala minas, alambradas y barreras antitanque para reforzar aún más su separación del país vecino. Las obras responden a las órdenes de Kim Jong-un, que abandonó en 2024 la aspiración de reunificación de la península.

La Carta Magna norcoreana, reformada el pasado marzo, consagra por primera vez la doctrina de dos Estados separados, aunque evita calificar a Corea del Sur como un enemigo o un objetivo militar, de acuerdo con los servicios de inteligencia surcoreanos. Según relató Kim Yo-jong esta semana, su hermano quiere convertir el límite territorial en “una línea permanente que nunca deba cruzarse”. Ella sostiene que las fortificaciones reducirán el riesgo de enfrentamientos.

Sin embargo, el ejército surcoreano denuncia que los militares norcoreanos atraviesan la división durante sus labores de construcción. Para hacerlos retroceder, les dirige órdenes de retirada por megafonía y efectúa disparos de advertencia. Pyongyang niega esas incursiones y asegura que sus tropas actúan dentro de su territorio.

Kim Yo-jong visitó el miércoles varios puntos de las fortificaciones junto al mariscal Pak Jong-chon. Después, afirmó que las transmisiones propagandísticas se reanudarían antes de terminar octubre y acusó a los efectivos surcoreanos de disparar y emitir advertencias en al menos dos puntos de la frontera ese día. También aseguró que unidades tácticas norcoreanas habían ocupado nuevas posiciones. Y avisó de que sus guardias “no tendrán piedad” si nuevos disparos causan daños en su territorio o ponen en peligro a sus militares.

El Ministerio de Defensa surcoreano ha señalado este jueves que adoptará medidas proporcionales si su vecino del norte cumple las amenazas. Por su parte, el Ministerio de Unificación reclama conversaciones para aclarar las diferencias sobre el trazado y abrir un canal militar que permita prevenir incidentes. Una propuesta a la que Pyongyang no ha respondido.

La tensión ha aumentado desde el 21 de septiembre, cuando se produjeron las explosiones de minas en el lado surcoreano de la Zona Desmilitarizada. Una investigación del ejército surcoreano y del Mando de Naciones Unidas encargado de supervisar el armisticio atribuyó los artefactos a Corea del Norte y concluyó que habían sido colocados al sur de la línea divisoria, lo que supone una violación del acuerdo. Pyongyang rechaza esas conclusiones y denuncia que se trata de un montaje.

El Ministerio de Exteriores surcoreano ha comunicado este jueves que enviará una carta al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para denunciar el incidente, exigir una disculpa y reclamar conversaciones que eviten una escalada.

La amenaza de recuperar las emisiones de propaganda supone un revés para la política de acercamiento del presidente surcoreano, Lee Jae-myung. El mandatario suspendió la difusión de los mensajes que Seúl retransmitía por altavoz en junio del año pasado, días después de asumir el poder, y ordenó desmontar los equipos fijos dos meses más tarde. Aunque Pyongyang ha seguido rechazando las propuestas de diálogo, desde la llegada de Lee —como mostró la interrupción de sus propias transmisiones— había rebajado la confrontación en la frontera.

Las dos Coreas recurren desde los años sesenta a los altavoces como instrumento de guerra psicológica, con interrupciones durante los periodos de acercamiento. Los mensajes buscan desmoralizar a los soldados del otro lado y desacreditar a las autoridades. En los últimos años, desde el sur llegaban música K-pop y noticias críticas con el régimen norcoreano; desde el norte, propaganda y sonidos perturbadores, como aullidos. La reanudación podría alterar la relativa distensión del último año, que había permitido reducir las hostilidades entre los dos países, aunque no se produjesen avances en la negociación política.