O.J. Simpson, un informante secreto y un misterio de décadas

O.J. Simpson, un informante secreto y un misterio de décadas


Por Mike Bayer y Tim Arango

En junio de 2006, O.J. Simpson entró a una suite de hotel en Miami y se dejó caer en un sillón. Sus ojos recorrieron la habitación, como si buscaran una salida. Sus dedos tamborileaban sobre el apoyabrazos.

El ex supercrack de la NFL (Liga Nacional de Fútbol Americano), presentador de televisión, astro de cine y en determinado momento sospechoso de asesinato había aceptado reunirse allí con su escritor fantasma.

Simpson planeaba publicar una confesión —o al menos una confesión “hipotética”— del asesinato de su ex esposa y el amigo de ésta. Pero parecía abrigar dudas.

Se echó hacia adelante y agarró un puñado de nueces. Tomó una botella de agua. El escritor fantasma encendió su grabador indicando el comienzo de la conversación.

Simpson se mantuvo callado unos instantes en la habitación envuelta en silencio.

“Te imaginarás que no podría haber hecho esto solo”, empezó a decir.

En la historia que contó ese día, publicada más tarde en el libro Si yo lo hubiera hecho: Confesiones del asesino, Simpson describió una versión de los asesinatos de Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman en 1994 en la que contaba con ayuda de un amigo que se deshizo del arma homicida y de la ropa ensangrentada de Simpson.

Las víctimas: Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman. Foto AP

Los fiscales que no lograron condenar a Simpson por asesinato otorgarían escasa credibilidad a la hipótesis de un cómplice. La Policía, otro tanto. Muchas personas consideraron fantasía los detalles de la confesión hipotética de Simpson, como que fuese parte de un desesperado intento de sacar provecho de su fama y su notoriedad menguantes en medio de crecientes problemas económicos y roces con la ley.

Pero hoy, más de 30 años después del “juicio del siglo”, evidencias dadas a conocer hace poco insinúan que el relato de Simpson no debió haber sido descartado tan fácilmente.

Una revisión efectuada por The New York Times, basándose en archivos judiciales recientemente desclasificados, entrevistas y otras pruebas, muestra en detalle información oculta durante mucho tiempo sobre el arma homicida desaparecida y los supuestos esfuerzos de Simpson para encubrir el crimen, así como la posibilidad de que existiera un cómplice.

En conjunto, esos hallazgos ponen en duda lo que se cuenta popularmente en torno a un caso que ha sido analizado en innumerables libros, pódcasts y documentales, y cuestionan la decisión de las autoridades de no hacer más por seguir una pista prometedora.

O.J. Simpson, en su audiencia de libertad condicional en el Centro Correccional de Lovelock, en Lovelock, Nevada, Estados Unidos, el 20 de julio de 2017.  Foto REUTERS/Jason Bean.

Un documento de hace décadas presentado en un caso penal no relacionado y poco conocido en Nueva York —que fue recientemente desclasificado a petición del Times— describe el relato de un informante bien apreciado que presentó información auspiciosa mientras se desarrollaba el juicio de Simpson por asesinato en 1995.

El informante —considerado “extremadamente confiable” por un fiscal federal veterano y elogiado efusivamente por una jueza federal de larga trayectoria— era socio de Simpson y amigo cercano de Al Cowlings, confidente de Simpson.

Como parte de su amplio acuerdo de cooperación con las autoridades, el delator aportó datos sobre la supuesta ubicación del arma homicida y los intentos para deshacerse de ella. El documento describe la naturaleza general de lo que el informante ofreció a los fiscales, pero no especifica qué dijo ni en qué grado se implicó él mismo o a otros.

El 6 de mayo de 1980, O.J. Simpson y Nicole Brown aparecen juntos en una fiesta en el barrio de Beverly Hills, en Los Ángeles. Foto AP / Nick Ut.

Su relato fue enviado a fiscales de Los Ángeles cuando el juicio de Simpson por asesinato estaba muy avanzado, tan tarde que los fiscales ya habían expuesto su versión de los hechos al jurado y concluían la presentación del caso, aunque aún no habían expresado los argumentos finales. Hace 30 años se ordenó que los expedientes del caso de Nueva York se mantuvieran en secreto. Y así permanecieron hasta ahora.

El papel del delator en el caso Simpson podría llegar más lejos todavía. A principios de este año su hermano le dijo al Times que tanto él como el informante estaban en Los Ángeles la noche de los asesinatos. Y que vio a su hermano con las manos aparentemente cubiertas de sangre al volver de ayudar a Simpson.

Ninguna de las nuevas pruebas reveladas por el New York Times esclarece definitivamente el misterio. Tampoco ha aparecido nadie con nuevas evidencias forenses. Incluso el hermano del informante ha tratado de retractarse de las explosivas declaraciones que hizo al Times. Tomado en su totalidad, el material apunta en direcciones diferentes, pero se desvía significativamente del relato oficial expuesto por la Policía y los fiscales.

El enjuiciamiento por doble asesinato de Simpson, que fue absuelto por el jurado, sigue siendo uno de los casos más analizados en la cultura popular y ha generado infinidad de teorías. Ahora que muchos de los actores principales han muerto, es posible que nunca se conozca la verdad completa.

Aun así, la contingencia de que en los asesinatos hubiese participado un cómplice ha llamado la atención de los investigadores de casos sin resolver de la Policía de Los Ángeles.

El 17 de junio de 1994, la persecución a O.J. Simpson en su Ford Bronco blanca, conducida por Al Cowlings. Foto AP / Joseph Villarin.

“El caso de O.J. Simpson sigue siendo una investigación abierta y en curso”, manifestó un portavoz del Departamento de Policía de esa ciudad. Dado que no hubo condena en los asesinatos, “el departamento tiene la obligación de continuar procurando justicia en este asunto”. El vocero agregó que “cuando se encuentren nuevas evidencias, los detectives seguirán esas pistas de investigación”.

Como parte de una nueva revisión del caso Simpson, el Times ha desenterrado historias de cintas de audio secretas, vínculos con la mafia, una fuga de prisión y comunicaciones extraoficiales entre fiscales estatales y federales. La búsqueda de información también proporcionó un relato dramático del rapero Fat Joe que refuerza el supuesto rol del informante en el caso.

Gran cantidad de la nueva información está centrada en el informante, un traficante de drogas hoy muerto llamado Joseph Ippolito y conocido como Joey. Era un asociado de la mafia, criminal en serie, fugitivo de prisión y amigo de Simpson. La historia de la vida de alto vuelo de este nativo de Nueva Jersey y su vínculo con el caso Simpson podría parecer demasiado fantástica para ser verdad si no estuviera respaldada por informes policiales, archivos judiciales y entrevistas.

Un mafioso escapa de prisión

Ippolito creció en el submundo mafioso de Nueva Jersey, donde su padre era parte de la familia criminal DeCavalcante. De joven obtuvo aclamación en Florida como corredor profesional de lanchas rápidas. Construyó una red de amigos ricos y de alto perfil, como el actor James Caan, y se forjó reputación como tipo que encaraba el peligro y tomaba riesgos. Esos riesgos incluían traficar drogas en la costa este.

Finalmente fue atrapado en 1981 en una redada por drogas tan grande que apareció en la primera plana del Times. Cumplió tres años en prisión por ayudar a traficar 20 toneladas de marihuana desde Colombia hasta Long Island.

A fines de la década de 1980, recién salido de la cárcel, Ippolito se mudó a Los Ángeles para comenzar una nueva vida.

Comenzó a administrar un restaurante italiano que ocupaba una ubicación privilegiada cerca de la playa de Santa Mónica. El sitio contaba con vistas del atardecer a través de la autopista Pacific Coast y atraía a algunas de las personas más ricas y famosas de la comunidad. Entre la gente con quien se juntaba Joey estaba Al Cowlings, ex estrella de fútbol americano que se había convertido en actor novato de Hollywood.

Cowlings era también el mejor amigo de Simpson: habían sido compañeros de equipo en el secundario, la universidad y la NFL.

Rápidamente Cowlings e Ippolito se hicieron amigos. Hacían senderismo y paseaban por la playa. Llegaron a ser tan amigos que con el tiempo Cowlings reconoció que Joey Ippolito lo había ayudado a dejar la cocaína.

Pero mientras ayudaba a Cowlings, Joey le suministraba cocaína a otra gente. Las autoridades descubrieron que aprovechaba su proximidad a los poderosos de Hollywood para traficar drogas. Una gran operación federal que involucró grabaciones secretas y un informante encubierto de la mafia llevó a su arresto en Los Ángeles en 1992. Al año siguiente, un jurado lo declaró culpable.

Familiares y amigos se apresuraron a apoyarlo haciendo lobby ante el juez y dando fe de su naturaleza moral. Una amiga, la peinadora de estrellas Julie Mijares, se ofreció a alojarlo en Los Ángeles si era liberado bajo fianza.

Sam, uno de los nueve hermanos de la familia Ippolito, le dijo al tribunal que después de la muerte del padre su hermano había mantenido unida a la familia y había sido la cabeza de ella.

Joey Ippolito fue condenado a 10 años de prisión y enviado a una instalación de mínima seguridad en Florida.

Pero la prisión no pudo frenarlo.

Ocho meses después de la sentencia se fugó luego de abandonar su puesto de trabajo antes del recuento de presos de la tarde. Se subió a un vehículo que había llamado y que lo llevó al estado de Florida. Su abogado diría luego en la corte que fue la única fuga de prisión conocida realizada con una limusina privada.

O.J. Simpson, durante el juicio por el asesinato de su esposa.

El hermano declaró en una entrevista este año que recogió a Joey en Florida, comenzó a manejar hacia el oeste y finalmente llegó a Los Ángeles.

Con posterioridad, Sam Ippolito recordó que la noche del 12 de junio de 1994 el hermano salió del departamento que ocupaban, explicando que necesitaba ayudar a un amigo.

Doble asesinato en Los Ángeles

Las autoridades sostuvieron que esa noche Simpson fue en su coche hasta el condominio de su ex esposa. La ex pareja tenía dos hijos, una relación imprevisible y sobre O.J. pesaban antecedentes de violencia doméstica.

Los fiscales dijeron que Simpson apuñaló a la mujer fuera de la casa hasta matarla y acuchilló fatalmente a Goldman a escasa distancia.

En la escena del crimen los investigadores encontraron sangre de Simpson junto con huellas que coincidían tanto con el estilo como con el tamaño de sus zapatos Bruno Magli, muy poco comunes. También encontraron un guante de cuero que coincidía con el tipo que Nicole Brown Simpson le había comprado una vez.

Además, los detectives dieron con una gorra que contenía cabello coincidente con el de Simpson y otro cabello en la camisa de Goldman que también coincidía con el del ex deportista. En la casa de Simpson se halló otro guante con sangre de ambas víctimas. Simpson tenía un corte en la mano.

La montaña de pruebas contra O.J. Simpson parecía inequívoca. En el juicio resultaría todo lo contrario.

Cuando las autoridades emitieron una orden de arresto contra él cinco días después de los asesinatos, Simpson huyó. El país quedó petrificado cuando una Ford Bronco de color blanco, manejada por Cowlings y con Simpson en el asiento trasero, hizo que la Policía emprendiera una persecución a baja velocidad por el área metropolitana de Los Ángeles.

Después de regresar a su casa, Simpson finalmente se rindió.

La persecución no solo cautivó al país, sino que también llamó la atención de las autoridades que intentaban localizar a Ippolito. Los alguaciles de todo Estados Unidos sabían que Ippolito y Cowlings eran amigos. Y las autoridades sabían que ambos estaban en estrecho contacto.

Nicole Brown y O.J. Simpson con sus hijos Sydney y Justin.

Cuando Cowlings fue detenido brevemente después de la persecución de la Bronco, la policía encontró en su billetera el número de teléfono de una cantina donde trabajaba Ippolito mientras estaba preso. En la Bronco también se encontraron fotos de una de las novias de Ippolito y su número de teléfono.

La búsqueda de Ippolito se volvió urgente de costa a costa. Su persecución persistió durante meses.

Poco más adelante, analizando una red de actividad de buscapersonas, John Cuff, uno de los alguaciles encargados de encontrarlo, identificó un bíper que probablemente perteneciera a Ippolito. Se hicieron planes para detenerlo cuando fue a hacer reparar el buscapersonas en el barrio Little Italy de Nueva York. Vigilaron la tienda durante días hasta que vieron a un hombre que se parecía a Joey pero en lugar de la cabeza calva tenía cabello suelto.

“¿Qué es esto?”, le dijo Cuff acercándosele, y agarró el cabello y le quitó el peluquín a Ippolito. El fugitivo simplemente sonrió, recordaría Cuff, mientras lo volvían a poner bajo custodia.

El ‘soplón del siglo’

Ippolito sabía de problemas y cómo salir de ellos. Pero para un delincuente reincidente que poco antes se había fugado de prisión las opciones eran limitadas.

Mientras él volvía a instalarse tras las rejas en Nueva York, Simpson estaba en juicio por asesinato y el proceso se transmitía por televisión para una audiencia global.

Ambos luchaban por su libertad. Pero Ippolito no quería ir a juicio ni volver a prisión. Así que se convirtió en buchón.

A partir de sus conexiones como narcotraficante de costa a costa trabajó rápidamente en la cárcel para ayudar a que agentes encubiertos les compraran narcóticos a traficantes de alta prioridad. Muestran los registros que empezó a proporcionar igualmente información clave que ayudaría a los agentes federales a reconstruir actividades de chantaje de importantes figuras de la mafia. Las autoridades afirmaron que se puso “en gran riesgo” para ayudarlos.

A través de sus estrechas relaciones personales con Al Cowlings, el confidente de Simpson, y otros involucrados en los casos, entre ellos O.J. y Nicole Simpson, Ippolito se había enterado de muchos hechos de importancia para el caso del doble asesinato, incluida la supuesta violencia doméstica de Simpson, el consumo de narcóticos por parte del matrimonio, el intento de fuga de O.J. de la justicia y de cómo se había deshecho del arma homicida.

La extraordinaria ayuda de Joey Ippolito se describiría más tarde en una carta sellada 5K, documento legal que escriben los fiscales federales para recompensar el servicio de un acusado. La carta, presentada ante el tribunal en diciembre de 1996, consignaba en detalle la cooperación de Ippolito “casi inmediatamente” después de su arresto en agosto de 1995.

¿Primer ejemplo citado? El caso O.J. Simpson.

Fiscales federales de Nueva York comenzaron discretamente a compartir información con fiscales locales de Los Ángeles.

“Aunque finalmente no se llamó como testigo a Ippolito (fue arrestado y comenzó a cooperar en instancias en que el juicio llegaba a su fin), mis conversaciones con autoridades de Los Ángeles indican que la información de Ippolito fue, cuando menos, muy útil para su caso”, decía la carta escrita por el entonces fiscal federal David Kelley.

Al contactárselo recientemente, Kelley dijo recordar que Ippolito habló de un cuchillo oculto en la propiedad de Simpson y que Ippolito supo de la información por un socio cercano a Simpson.

Un agente de Los Ángeles que estuvo involucrado en el proceso judicial se acordó de que Ippolito luego se mostró reacio a “ser el soplón del siglo en el juicio del siglo”.

Según los archivos del caso revisados por el Times, Ippolito estaba en el radar de los investigadores y fiscales de la Policía de Los Ángeles mucho antes del juicio por asesinato.

Los abogados defensores de Simpson también se interesaron en el narcotraficante con vínculos con la mafia. El grupo investigó si Ippolito estaba vinculado a los asesinatos y en un momento sopesó si podría ser considerado sospechoso.

Jack McNally, un ex detective del Departamento de Policía de Nueva York que tenía relaciones en el hampa de la ciudad y que ahondó en este ángulo habló con contactos en “lo más alto de las cinco familias” de Nueva York y lo informó al equipo de la defensa: “No creo que tenga ninguna participación”, dejó saber.

Un jurado absolvió a Simpson en octubre de 1995. El proceso se vio empañado por el historial de racismo del Departamento de Policía y cuestionamientos sobre el manejo de evidencia clave. (Un jurado en un caso civil responsabilizó luego a Simpson por las muertes)

Además de hacerlo informar sobre diversos asociados de la mafia, las fuerzas policiales federales lo destinaron a un centro de detención en Brooklyn para que espiara a reclusos de alto perfil, en particular a sospechosos detenidos por sus supuestos roles en el ataque con bombas contra el World Trade Center de 1993, según dos personas cercanas a Ippolito.

Por su fuga de prisión, Ippolito fue condenado a tiempo ya cumplido. El gobierno también acordó no enjuiciarlo por distribuir drogas en California durante los cinco años previos a su arresto.

Los registros indican que Joey Ippolito fue liberado de custodia en 1998. Murió en 2006. El obituario minimizó enormemente su pintoresca vida, y lo describió como “emprendedor gastronómico del área de Florida”.

Manos ensangrentadas y una bolsa misteriosa

La nueva información recopilada por el Times sugiere que el papel de Ippolito pudo haberse extendido más allá de lo que él les dijo a las autoridades.

Su hermano Sam aseguró que Joey estuvo en la escena de los asesinatos.

Contó que en esa fecha, a eso de las 18, Joey salió del departamento. Horas después, alrededor de la medianoche, regresó trayendo consigo una bolsa con un objeto pesado adentro y parecía tener sangre en las manos. A continuación se desvistió, metió su ropa en la bolsa y le pidió a Sam que se deshiciera de ella mientras él se duchaba.

Sam Ippolito le dijo al Times que no hizo preguntas. Salió y encontró un contenedor de basura en Doheny Drive, cerca de un sitio en construcción. Tiró la bolsa en él.

Poco después, Sam y Joey abandonaron Los Ángeles y regresaron a la costa este. En el viaje Joey se negó a responder preguntas específicas sobre lo que había sucedido, excepto decir que “fui a ayudar a O.J.” esa noche.

En 1997, dos años después de que Joey se volviera informante federal, un pistolero de la mafia le disparó repetidamente a Sam y lo atropelló con un vehículo: las autoridades lo consideraron represalia por la cooperación de Joey con el gobierno.

El verano pasado, en una conversación de seguimiento, Sam Ippolito pidió una compensación. Dijo que le habían “ofrecido un montón de dinero” y que había firmado contrato para contar su historia en otra parte. Quería retractarse de lo dicho previamente al Times y argumentó que antes no podía diferenciar qué era real y qué no.

De acuerdo con la línea de tiempo presentada por los fiscales, Simpson, presa del apuro, la noche de los asesinatos se dirigió rápidamente a su casa para tomar una limusina que lo llevaría a un vuelo programado previamente.

Los detectives buscaron el cuchillo en la ruta: en los bosques, en basureros e incluso en el interior de un tanque de desechos del aeropuerto que podría haber contenido los residuos del avión. Nunca se lo encontró.

Sobre Ippolito ha surgido otra historia más. El rapero Fat Joe, el del hit “What’s Luv?”, contó en su pódcast una historia aparentemente casual sobre un amigo llamado “Joe” y O.J. Simpson.

Dijo que este amigo que falleció en Miami se llamaba Joe Bentley, apellido usado por Ippolito debido a los muchos automóviles Bentley de lujo que poseía.

En el pódcast, Fat Joe aludió a que Joey, que había sido liberado de custodia federal en 1998, le confió que cuando Cowlings y Simpson estaban en la persecución de la Bronco, Joey los esperaba en un aeropuerto con un avión privado para ayudarlos a escapar. (Los investigadores encontraron en la famosa Bronco blanca un bolso de viaje con un pasaporte y un disfraz)

Otra vez Fat Joe dijo que fue a la casa de Joey para el cumpleaños de la esposa y estaba Simpson. Cuando llegó el momento de cortar la torta, Joey le entregó un “machete” a Simpson y exclamó “¡Vos lo hiciste!”. Entonces Simpson se lanzó a perseguir a Joey con el arma, al parecer todo en broma.

Al intentar contactarlo recientemente, un portavoz de Fat Joe informó que el rapero no aceptó hacer comentarios. Otro tanto ocurrió con la viuda de Ippolito.

La historia implica que ha habido por lo menos tres versiones del vínculo de Ippolito con los asesinatos. En la que les contó a los fiscales federales, dio información sobre Cowlings, incluida la supuesta ubicación del arma homicida. En otra versión, según su hermano, Ippolito estuvo en la escena de los asesinatos y parecía tener sangre en las manos. En la tercera, contada a Fat Joe, Ippolito estuvo esperando para ayudar a escapar a Simpson.

Un cómplice llamado ‘Charlie’

A través de los años O.J. Simpson, que murió en 2024, se mostró ambiguo acerca de la verdad. Vacilaba entre proclamar su inocencia y admitir culpa en una confesión “hipotética”.

En su relato hipotético de la noche del 12 de junio de 1994 le dijo al escritor fantasma que un amigo suyo, a quien identificó como “Charlie”, había ido a su casa esa noche y que su conversación había despertado ira en Simpson. Los dos subieron a la Ford Bronco blanca y fueron a la casa de Nicole Brown Simpson para “asustarla”. Simpson describió a Charlie como observador horrorizado ante el baño de sangre que siguió.

“Dios mío, O.J., ¿qué hiciste?”, citó como palabras de Charlie mientras ambos contemplaban la escena de los dos cuerpos abatidos en el suelo. Después de regresar a su vecindario, Simpson contó que le había entregado a Charlie un bulto de ropa ensangrentada y el arma homicida. Charlie acordó entonces cautelosamente deshacerse de aquello.

Y existe un pliegue adicional en la historia de “Charlie”. Un hombre cuyo nombre real es Charlie insinuó en cierta oportunidad que el cómplice hipotético era él.

Charlie Ehrlich había sido acusado junto a Simpson de un caso de robo en Las Vegas en 2007. Hace varios años, este Charlie se puso a trabajar con un productor de cine, Erik Laibe, para contar la historia de su vida. La dupla imaginó una película.

En las largas horas de cintas de audio grabadas y nunca hechas públicas pero revisadas por el Times, Laibe y Ehrlich no abordan directamente la cuestión de si el “Charlie” del libro de Simpson es una personificación de Ehrlich. En esas cintas Ehrlich dice que conoció a Simpson antes de los asesinatos. Y en un punto insinúa que tenía información sobre lo que estaba en la mente de Simpson la noche de los asesinatos.

Las cintas alimentaron la teoría de que Ehrlich era el cómplice.

Pero en una entrevista reciente Ehrlich sostuvo que todo era mentira. Manifestó que le había seguido el juego a la idea de que era el cómplice hipotético como parte de un intento de sacar provecho de aquella desgracia.

El escritor fantasma de Simpson, Pablo Fenjves, recordó haber sido él quien propuso Charlie como seudónimo del supuesto cómplice de Simpson.

Ehrlich aclaró que fue recién cuando Simpson se mudó a Florida que él lo conoció, en los años posteriores al juicio, mucho después de los asesinatos.

Se acuerda de que a Simpson lo había impresionado que él hubiese cumplido siete años de prisión, que hubiera “mantenido la boca cerrada” y que “nunca hubiera delatado a nadie”.

“A O.J. le encantaba eso de mí”, dijo Ehrlich.

Lo que no dijo es que el hombre que los presentó a ambos era un soplón superstar. ¿Su nombre? Joey Ippolito.

Kirsten Noyes, Alain Delaquérière, Kitty Bennett, Sheelagh McNeill y Susan C. Beachy colaboraron en la investigación.

Mike Baker es reportero nacional del New York Times con base en Seattle.

Tim Arango es corresponsal de noticias nacionales del New York Times, con base en Los Ángeles.

Traducción: Román García Azcárate