El Gobierno italiano de Giorgia Meloni ha decidido enviar a Milán 500 soldados para garantizar la seguridad de la ciudad tras dos noches consecutivas de caos y saqueos en el centro. Lo ha anunciado el vicepresidente y líder de La Liga, Matteo Salvini, milanés, este lunes por la tarde como parte de un decreto con medidas de seguridad que el Consejo de Ministros aprobará el martes.
El día después de los disturbios en el centro de Milán, por segunda noche consecutiva, la plaza del Duomo está llena el lunes de furgones de la policía. A primera hora de la tarde, agentes antidisturbios aguardan con sus escudos en las esquinas. Cuando empieza a caer el sol crece el temor y la tensión, entre el jaleo de turistas, porque no se sabe si habrá también una tercera noche de incidentes.
De momento, hacia las siete de la tarde se ha registrado una trifulca en Corso Vittorio Emanuele, donde un grupo de simpatizantes de la derecha había colocado una pancarta con la frase “Os remigraremos a todos”, pues parte de los participantes en los disturbios eran italianos de segunda generación, nacidos en Italia de padres inmigrantes. Un grupo de jóvenes se ha acercado a recriminárselo y ha empezado una pelea con insultos y el lanzamiento de petardos. Ha tenido que intervenir la policía.
La mayoría de las tiendas de marcas de lujo de calle Monte Napoleone, la más exclusiva de Italia, han cerrado a las dos de la tarde. Versace, Gucci, Prada, casi todas. En el llamado cuadrilátero de la moda muchos locales de todo tipo han echado también la persiana.
En calle Torino, la gran vía comercial que sale de la plaza del Duomo se ven escaparates rotos la noche del domingo. “Empezaron a romper todo, tuvimos que meter a los clientes dentro y cerrar las puertas”, cuenta un camarero del bar Granaio, que está colocando las mamparas de cristal de la terraza, medio rotas. Pero muchos otros bares quitan las mesas cuando avanza la tarde.
Entre una tienda de Foot Locker y otra de Champion, que fueron saqueadas y están cerradas, agentes de paisano registran a siete chicos. Todos vestidos de negro con ropa deportiva, el uniforme de estas movilizaciones. Todos con aspecto de ser menores de edad o casi. Varios de ellos, italianos de segunda generación. Los alrededores del Duomo están llenos de policías de calle, este lunes el objetivo es que los chavales no lleguen a juntarse en la plaza, pararlos antes.
Pero el problema, según explican las autoridades en los medios, es que no se sabe bien de dónde salen estos jóvenes ni qué quieren, no tienen mensajes políticos, no están organizados, acuden llamados por mensajes en Tik Tok y Telegram, se mueven espontáneamente en grupos dispersos recorriendo la ciudad. Muchos son de las afueras de Milán, llegaron el fin de semana en tren de los municipios del norte hasta la estación Milano Centrale. La noche del domingo se juntaron unos 2.000, según las fuerzas del orden. De ellos, 271 acabaron detenidos y 220 eran menores, el 80%. La mayoría son italianos y 60, extranjeros.
Para comprender quiénes son un buen lugar es la puerta de la comisaría de calle Fatebenefratelli, donde desde primera hora de la mañana decenas de padres y madres esperaban que los soltaran. Italianos, egipcios, tunecinos, ucranios. Preocupados, muchos de ellos muy enfadados, con ganas de echarle la bronca a su hijo. Algunos descubrieron que su hijo estaba detenido con la localización del móvil. Otros lo vieron incluso en vídeos colgados en redes sociales, que mostraban cómo lo arrestaban.









