En apenas 48 horas, el juez federal Gastón Salmain recibió dos duros cachetazos. El miércoles, la acusación ante el Jurado de Enjuiciamiento del Consejo de la Magistratura de la Nación pidió su remoción. Dos días después, una jueza federal de Rosario rechazó su sobreseimiento y dispuso que avance a juicio oral por presunto abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público.
La nueva acusación apunta a una maniobra singular: según los fiscales, el 21 de octubre de 2025 Salmain utilizó su condición de juez para librar dos oficios, dirigidos a la Policía de Seguridad Aeroportuaria y a la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario. Con ello, se supone, buscaba conocer el estado de una investigación en la que él mismo estaba imputado y procesado por asociación ilícita, prevaricato, cohecho e incumplimiento de los deberes de funcionario público.
Para el Ministerio Público Fiscal, empleó herramientas institucionales sin respaldo legal para obtener información sobre su propia causa. La investigación está a cargo de la Unidad Fiscal Rosario y la Procuraduría de Investigaciones Administrativas, que lo habían imputado por estos hechos en diciembre de 2025.
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La jueza Elida Vidal rechazó el pedido de sobreseimiento de los defensores Ignacio Carbone y Gustavo Feldman, quienes sostuvieron que la conducta atribuida no encuadraba en los delitos imputados. “Rechazo el sobreseimiento y considero que la causa debe pasar a juicio”, resolvió.
La fiscalía adelantó que solicitará dos años de prisión y cuatro de inhabilitación especial para ejercer cargos públicos.
El otro frente. La resolución llegó después de una jornada decisiva en el jury que enfrenta el magistrado suspendido. El miércoles, el senador Luis Juez, el camarista Diego Barroetaveña y la abogada Jimena de la Torre reclamaron su destitución tras repasar dos cargos. El primero se vincula con el fideicomiso Attila. La hipótesis de la acusación es que existió un acuerdo por 200.000 dólares para favorecer, mediante resoluciones judiciales, una operación destinada a comprar diez millones de dólares al tipo de cambio oficial durante el cepo cambiario.
El segundo remite a 2002, cuando Salmain fue cesanteado de su puesto administrativo en el fuero de la Seguridad Social tras una investigación relacionada con un ofrecimiento de dinero para alterar el sorteo de expedientes. Se le reprocha no haber declarado ese antecedente al concursar para juez. El magistrado respondió que el reglamento solo exigía informar sanciones de los diez años anteriores y cuestionó la validez de la cesantía.
Para Barroetaveña, si hubiera informado ese episodio, debía quedar excluido del concurso. “Su permanencia en el cargo resulta incompatible” con las exigencias de la magistratura, afirmó.
Una pelea en la Corte. La defensa de Salmain, a cargo de José Manuel Ubeira y Yamil Castro Bianchi, rechazó las acusaciones y cuestionó el testimonio del financista Fernando Whpei, imputado colaborador en la causa Attila. En su alegato, Ubeira fue más lejos: sostuvo que Salmain es víctima de una disputa interna del Poder Judicial.
“En Rosario está la batalla campal entre Rosatti y Lorenzetti, que la están saldando con este hombre que no les hizo nada”, afirmó, en referencia a los ministros de la Corte Suprema.
El abogado también objetó el tratamiento de una denuncia por falso testimonio y advirtió que acudirá a la Corte y a tribunales internacionales ante una decisión adversa. “Déjenlo en paz, rechacen los cargos, mándenlo a su juzgado”, reclamó.
“Déjenme seguir caminando”
Gastón Salmain pronunció sus últimas palabras ante el Jurado de Enjuiciamiento para defender su trayectoria y el trabajo de los empleados del Juzgado Federal N°1 de Rosario. No volvió sobre cada acusación: prefirió reivindicar la imagen que, según sostuvo, dejaron quienes compartieron con él la tarea cotidiana.
“Soy lo que dicen ellos (por los empleados que trabajaban en el juzgado). Eso soy yo, no soy lo que dice la acusación. Así que, en ese sentido, me quedo tranquilo”, expresó el magistrado.
Entre otras cosas, aseguró que intentó desempeñar su función de la mejor manera. “En el ejercicio de mis funciones intenté ser el mejor juez que puede ser, y eso creo que se vio, está a la vista”, afirmó.
También destacó que su equipo había llegado a despachar escritos el mismo día de su presentación, con “una velocidad inusitada”, y reivindicó “los principios, la moral, la eficiencia, la eficacia”.
Para cerrar, apeló a una imagen personal: “Dicen que el que se cae y se levanta es más fuerte que el que nunca se cayó”. Y pidió: “Probablemente yo me caí, pero me levanté y camino.
Y lo único que les pido es que me dejen seguir caminando”.








