Sean Combs es trasladado de cárcel: escondía teléfonos, coñac, fotos sexuales y le hacían masajes y la comida | Entretenimiento en Estados Unidos

Sean Combs es trasladado de cárcel: escondía teléfonos, coñac, fotos sexuales y le hacían masajes y la comida | Entretenimiento en Estados Unidos


Tras un año preso en el correccional federal de Fort Dix, en Nueva Jersey (situada a unos 100 kilómetros al sur de Nueva York), y con más de 4.000 reclusos, este viernes se ha sabido que Sean Combs, rapero y empresario apodado Diddy o Puff Daddy, ha cambiado de cárcel. Las autoridades le han trasladado a una prisión de menor seguridad en Pensilvania, llamada FCI Allentown, con apenas 1.000. No es exactamente un premio: es en realidad un movimiento para que comparta espacio con presos menos peligrosos y para que las autoridades le controlen mejor. Este cambio de prisión ha dejado ver que su vida en la cárcel se parecía mucho a su vida exterior: lujos exagerados, privilegios y tratos bajo cuerda.

Como ha descubierto la cadena NBC, la vida de Diddy en prisión estaba llena de lujos. Según una investigación de la cadena de televisión, que ha consultado a cuatro hombres que han pasado tiempo en su misma zona de reclusión, tenía a su servicio a otros presos que cocinaban para él (platos especiales como pizza, empanadas o pollo al curry), le limpiaban tanto el baño como la ducha antes de usarla, así como la celda, le hacían la colada e incluso le daban masajes orientales. “Esta no es la mierda normal que ves en la cárcel, es mierda de ricos”, decía uno de las cuatro fuentes anóminas. “Parece de locos pero, de nuevo, es Diddy”.

Según NBC, Diddy había logrado acumular algunos bienes muy preciados en su celda. Por ejemplo, han filtrado imágenes del ganador de tres premios Grammy usando un teléfono móvil. Tenía acceso a internet y solía mirar Instagram. Además, tenía desnudos y fotos sexuales y pornográficas que una exnovia —cuya identidad se desconoce— le enviaba con frecuencia.

En su celda acumulaba licores como coñac de marcas de lujo, que durante los fines de semana ofrecía a otros presos amigos o incluso, siempre según esas personas, a los guardias. Además, tenía acceso a antidepresivos. Asimismo, algunos presos le guardaban el teléfono o correo que le enviaban fans. “Le llegan tantas cosas que no tiene espacio para todo”, asegura una de esas fuentes.

Uno de sus portavoces ha tratado de quitarle hierro al asunto, y ha afirmado que “el continuo escrutinio de cada detalle mundano de la vida de Combs en prisión ha alcanzado el punto por el que la prensa retrata la vida ordinaria en la cárcel como si fuera noticia”. Sin embargo, no parece que Combs llevara una vida nada ordinaria en esa cárcel. Según la cadena, gastaba “miles de dólares al mes” para poder lograr ese estilo de vida en la cárcel, un dinero que le llevaban sus visitas y con las que pagaba a los presos.

El pasado fin de semana Combs se dio un golpe en la cabeza, lo que hizo que le trasladaran a un hospital. Después, se supo que había tenido una pelea con un cabecilla del tráfico de drogas en la prisión. Ahora, que se le traslada a otra cárcel. La oficina federal de prisiones ha explicado que no comentan “las condiciones de encarcelamiento individual, por razones de privacidad y seguridad”, en un comunicado enviado a la revista People, pero sí afirman que los presos “no tienen acceso a teléfonos móviles, y todo individuo encarcelado que viole la disciplina está sujeto a sanciones”.

Hace un año que se conoció la sentencia, y también la condena, de Combs. Tendría que pasar cuatro años en la cárcel tras ser culpado por un jurado de dos delitos de transporte para ejercer la prostitución. Ya llevaba alrededor de un año entre rejas, en una prisión de alta seguridad en Brooklyn (Nueva York), desde que fue detenido por la policía tras la acusación de un gran jurado y después de una decena de demandas de acoso sexual, abusos y violación, de las que vendrían mucho más.

En la primavera de 2025 Combs fue el sujeto principal de uno de los juicios más mediáticos de los últimos años. Se enfrentó a cinco cargos: los dos de transporte para ejercer la prostitución por los que fue condenados (los más leves, que suponían hasta 10 años de cárcel cada uno), otros dos cargos por tráfico sexual y uno por liderar una organización criminal, el más grave, que podía suponer la cadena perpetua. Pero a su vez era difícil de demostrar, y el jurado, que de hecho llegó a afirmar que no era capaz de ponerse de acuerdo para decidir, no se vio en condiciones de acusarle.

La Fiscalía llegaba a pedir más de 11 años de prisión, pero sabían que la pena quedaría entre los cuatro y los cinco años, como así fue. Aun así, quedan muchos más casos por juzgar, porque Combs lleva recibiendo demandas con las mismas acusaciones (violaciones, abusos, acoso…) durante todos estos años. Acumula más de un centenar.