Después de la encarnizada batalla desatada desde finales de julio tras el fallido intento de la FIFA de introducir capital privado para explotar los derechos de comercialización de la Copa del Mundo, Gianni Infantino, mandamás del fútbol mundial, y Alexander Ceferin, presidente de la UEFA, se vieron cara a cara ayer en el Council de la FIFA, antiguo Comité Ejecutivo.
El cónclave, celebrado este jueves en Zúrich, tenía enjundia. Se abordaron todos los asuntos nucleados en torno al escándalo que levantó el intento de creación de Fifa Enterprise, la compañía que iba a gestionar el 20% de la explotación de los Mundiales de Fútbol con participación de inversores externos, entre los que se encontraba Joshua Kushner, hermano del yerno de Donald Trump. De la reunión salió un armisticio en forma de medidas y reformas a las que ha tenido que acceder la FIFA.
La modificación del reglamento de la Copa del Mundo efectuada evitará que se pueda anular una tarjeta roja como sucedió con el estadounidense Balogun en el último Mundial, lo que le permitió disputar los octavos de final ante Bélgica. La decisión levantó ampollas porque Trump se jactó de haber conversado con Infantino sobre el asunto en los días previos al polémico fallo del Comité Disciplinario de la FIFA. La controversia golpeó con fuerza el mandato de Infantino porque la injerencia política influyó directamente en el juego y en el gran torneo del fútbol mundial. Todas las medidas deberán ser ratificadas en el próximo Council de diciembre.
El acuerdo más atractivo que salió para las 211 federaciones que componen la FIFA es el reparto para el desarrollo del fútbol de unos 20 millones de euros para cada una de ellas procedentes de los beneficios del Mundial celebrado en Estados Unidos, México y Canadá. Esta vez, las millonarias ganancias obtenidas por la FIFA no han ido a parar a sus reservas, estimadas en unos 5.500 millones de euros. La onerosa cantidad, un total de unos 3.500 millones de euros en el periodo 2027-30, es más del doble de lo que recibían antes. Utilizar el potente remanente del organismo mundial era una de las reclamaciones lideradas por la UEFA y la Confederación del Norte, Centro América y el Caribe (Concacaf), las más beligerantes con la entrada de capital privado. Durante el Council, la UEFA soltó pellizcos sobre Fifa Enterprise y la FIFA se reafirmó en que no se incumplió su normativa, una vez que el proyecto debía ser ratificado por las 211 federaciones.
Las enmiendas introducidas también incluyen mecanismos de control internos para que iniciativas de ese calado sean más transparentes en su gestación y en la designación de los dirigentes al cargo de ellas. Del mismo modo, se hizo una propuesta para que en el Congreso de la FIFA del próximo 27 de marzo en Rabat, del que con casi toda seguridad Infantino saldrá reelegido para el ciclo 2027-2032, apruebe una disminución de las cuotas de poder del presidente para atribuírselas al Council y al secretario general.
La gobernanza también ha sido un tema capital y tanto la de la FIFA como la de la UEFA están cuestionadas por las decisiones que han tomado sus respectivos presidentes desde que asumieron el cargo en 2016 tras los escándalos de corrupción del Fifagate que se saldaron con el derrocamiento de Josep Blatter como patrón del fútbol mundial y Michel Platini, del europeo.
Tanto Infantino, que pidió de nuevo disculpas por los errores cometidos, como Ceferin asumieron sus cargos como adalides de la regeneración necesaria de un sistema clientelar. Sin embargo, presidirán la FIFA y la UEFA hasta 2031 sostenidos por el mismo sistema que ambos también saben regar con dinero como lo hicieron todos sus predecesores. Infantino llena las arcas de las federaciones y Ceferin hace lo mismo con las de los clubes desde que la Superliga amenazó con acabar con las estructuras tradicionales del fútbol europeo. De nuevo, el negocio del fútbol tiene en lo pecuniario su particular pipa de la paz momentánea.
Infantino se ha rearmado en cuestión de apoyos tras el revuelo de Fifa Enterprise y asumirá su cuarto mandato. Ceferin, por su parte, ha anunciado que se presentará a la reelección de la presidencia del fútbol europeo tras haber renunciado a ello en 2024. La decisión sorprendió porque había modificado un punto de los estatutos de la UEFA que solo afectaba a su persona para que no le contaran como mandato los dos años que le restaban a Platini y sortear así el máximo establecido de tres legislaturas.
Cuando anunció que no se presentaría, incluso llamó “payasos” a los que cuestionaron que el cambio estatutario solo le beneficiaba a él. Dos años después, tras haber solicitado por carta el apoyo de las federaciones europeas, ha podido proclamar la frase más pronunciada por los próceres del antiguo régimen cuando se sentían cuestionados: “Me presento porque el fútbol me lo pide”. Aunque él mismo haya reclamado ese apoyo.








