Carlos Oliva tenía apenas cinco años cuando navegó por el río Paraná por primera vez. Por eso le cuenta a Clarín que lo conoce de punta a punta, y sabe como nadie de la fuerza de esta gran corriente de agua dulce que ahora está actuando bajo los efectos del fenómeno de El Niño.
Hace años que se jubiló después de una vida dedicada a la pesca en Bella Vista, Corrientes. Mientras charla con amigos coloca los últimos escombros que tenía embolsados en un costado de su casa. Toda su vida la vivió ahí, sobre la costa del Paraná, con una tranquilidad que, en momentos como estos, parece faltarle.
Los escombros que compró son para paliar la avanzada de la crecida en esta zona. Dice que el agua creció al menos 30 centímetros en los últimos dos días. Como buen conocedor del río, Carlos está seguro de que esto es solo el inicio de una larga temporada de crecidas.
“Esto no es nada todavía. El máximo lo vamos a tener en febrero o marzo. Dicen que vamos a tener un metro más de lo que tuvimos en el ’83. Ahora estamos en 5 metros y pico de crecida. Hace seis meses que dan alerta y cada vez se pone más feo“, advierte el hombre, que vive a pocos metros de distancia de la costanera de esta ciudad correntina.
Entre 1982 y 1983 la llegada de El Niño provocó una de las peores inundaciones de la historia en el litoral argentino, y quedó marcada por el desborde extraordinario de la Cuenca del Plata y del río Paraná.
En la ciudad de Santa Fe, el pico llegó a los 7,60 metros, mientras que en Corrientes y otras localidades costeras las aguas superaron ampliamente las marcas máximas conocidas hasta ese momento.
“Ahora abrieron las compuertas de Yacyretá y de Itaipú. Por la noche sube más el agua. Avanzó tanto este último tiempo que se comió como cinco metros de playa“, explica Carlos.
Se refiere a la apertura simultánea de las centrales hidroeléctricas que funcionan sobre el río Paraná. La decisión se debe a las lluvias extraordinarias e imprevistas provocadas por el fenómeno de El Niño en Brasil.
Carlos señala con el dedo hacia un punto de referencia que ayuda a tomar noción del crecimiento lento pero mantenido del agua en esta costa: un muelle a poca distancia.
Los compañeros de Carlos indican que la base de este muelle fue desapareciendo por la crecida del río. Hasta ayer lo sostenía una pila de tres ruedas, hoy solo se distinguen dos.
Carlos expresó su preocupación ante el avance lento pero sostenido del Paraná.Foto: Fernando de la Orden
“Hay muchos que no creen, pero yo a ellos les vengo diciendo hace tres años, porque yo lo noto por la naturaleza. Y siempre decía ‘algo raro está por pasar’. Nosotros defendemos esto como podemos, pero contra la naturaleza no se puede. La única precaución que podemos tener es que si llega a subir tendremos que dejar la casa, como hizo mi abuelo en una crecida en 1905″, expresa.
Dice que gastó 100 mil pesos en bolsas de escombro que le trajeron, pero asegura que esta medida que tomó es provisoria, porque el agua termina comiéndose los rellenos.
“A duras penas compro estos escombros. La intendencia no hace nada, quiere fomentar el turismo y nada más. Viven de espaldas al Paraná y a nuestra gente“, concluye Carlos.
A pocos pasos Clarín se encuentra con Tania Brend, una joven que vive con su mamá en una vivienda que tiene cuartos de alquiler y que está pegada al Paraná.
“Estamos preocupadas, porque la verdad es que está habiendo una crecida importante. Pedimos que nos traigan escombros desde el Municipio. El agua se come la tierra, la playa era más grande, pero la comió el río. Es un riesgo para nosotros estar acá“, cuenta Tania, que como Carlos también ve que la situación se complicó mucho luego de que abrieran las compuertas de las dos represas hidroeléctricas.
“Estamos preocupadas, porque la verdad es que está habiendo una crecida importante”, dice Tania.Foto: Fernando de la Orden
Según ella, en el último tiempo hubo crecidas importantes del Paraná, pero nunca el agua llegó al nivel de embalse. Tania teme que esta vez sea diferente.
“Hoy me preocupó porque vi que en otros lugares de Corrientes subió por encima de la costanera el agua”, agrega.
El paisaje de la costanera explica a la perfección lo que cuentan los vecinos. La playa se ve más reducida por el alcance del agua, e incluso parte del puerto en donde se ubica la base de Prefectura Naval tiene zonas en donde el agua dejó marca.
Ariel Berbere, miembro de la Prefectura, le explica a Clarín que al menos desde hace dos semanas hay crecida, pero de forma estacionaria. Es decir, más escalonada y con ciertos retrocesos.
Hay temor por una inundación histórica. Foto: Fernando de la Orden “Ahora estamos en 5,17 metros. La alerta se da cuando llegamos a 6 metros, el nivel de evacuación es 6,40 metros. Pero lo normal para la navegación comercial es de 3 o 3,50 metros, y estamos muy por arriba de ese valor”, detalla.
Aunque es cierto que en la zona de la costanera de Bella Vista la altura de las construcciones genera más alivio ante un posible escenario de inundaciones, Berbere comenta que en zonas aledañas el ingreso de agua ya ha provocado las primeras evacuaciones de productores rurales.
El problema es que muchos, asegura, se niegan a dejar sus terrenos o descreen de que el agua los alcance.
“Contamos con tiempo para organizarnos bien en un caso extremo, tenemos a los equipos designados ya. Estamos preparados, pero hay mucha gente que cree que esto no va a ser tan grande”, añade.
Si bien los vecinos dicen que todavía no hubo grandes lluvias en esta zona, las que vienen bajando desde Brasil y se traducen en el agua generan un temor y mayor especulación ante lo que puede ocurrir la semana que viene.
El río Uruguay avanzó sobre Paso de los Libres
En el otro extremo de Corrientes, ciudades como Paso de los Libres lidian con el paso del río Uruguay, que avanzó sobre la zona costera y cubrió algunas estructuras como una base de Prefectura y un Club Náutico. En un centro de evacuados ya se contabilizan 31 personas que debieron dejar sus casas.
Costanera de Paso de los Libres. Foto: Fernando de la OrdenMabi vive desde hace cuatro años en la ribera, y comenta que en todo este tiempo ha visto algunas crecidas, pero que ninguna amenazó con inundar su vivienda. Cree que esta vez tampoco lo sufrirá, pero sabe que de hacerlo los daños pueden ser grandes.
“Nunca se me inundó la casa. Si pasara sería la primera vez, pero no va a pasar. La gente con ganado puede que esté más complicada con la situación. Contra el agua no se puede hacer mucho, es imposible“, dice. Por el momento, en esta ciudad la crecida alcanzó los 9,42 metros. Muy por encima del nivel de alerta, que es 7,50, y del nivel de evacuación, que es 8,50 metros.
Corrientes. Enviada especial








