Vuelve al Vaticano una rutina que se creía que no regresaría en mucho tiempo, los partes médicos sobre la salud del Papa. La Sala de Prensa de la Santa Sede ha difundido una escueta nota a primera hora de la mañana de este miércoles tras la operación a la que fue sometido León XIV el martes, en la que le fue extraído un tumor maligno del pulmón: “El Papa ha pasado una noche tranquila. Más información a lo largo del día”. Luego, a las 15.37, ha llegado un nuevo boletín médico que transmite normalidad: “Esta mañana, el Santo Padre ha realizado los análisis de sangre y la radiografía de tórax programados tras la cirugía. Los resultados confirman una recuperación postoperatoria normal: los valores se encuentran dentro de los límites normales para el tipo de cirugía realizada. El Santo Padre ha practicado fisioterapia respiratoria y ha comenzado a caminar por la habitación. Ha retomado su dieta habitual, desayunando y almorzando. La recuperación transcurre según lo previsto”.
El primer parte médico de la noche del martes reveló por primera vez la existencia del tumor, después de que el Pontífice, de 71 años, anunciara el domingo que iba a ser operado de un nódulo en el pulmón.
El comunicado señaló que la intervención había durado hora y media, transcurrió sin complicaciones y consistió en la extracción del “lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video”. “El examen histológico intraoperatorio ha confirmado el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, tal como se sospechaba a partir de las pruebas preoperatorias”, reveló la nota. Hasta ahora la Santa Sede no había admitido que ya existía ese temor antes de la intervención. Fuentes vaticanas explicaron luego que el tumor había sido extraído “totalmente”.
El comunicado ha hablado de una “intervención radical”, expresión que, según explican fuentes vaticanas, se refiere a que los médicos han optado por quitar tejido para estar seguros de que no quedaban células enfermas. Las mismas fuentes indican que la convalecencia prevista sigue siendo de una semana, tal como se había anunciado, pero no entran en avanzar posibles tratamientos posteriores.
El adenocarcinoma es un tumor maligno, pero habrá que esperar entre 10 y 14 días para que los análisis patológicos determinen el tipo exacto de células cancerígenas y el tratamiento a seguir, indican los facultativos consultados. En función del nivel de penetración del tumor, el problema puede darse por resuelto con la operación o será necesario recurrir a quimioterapia o radioterapia.
El nuevo escenario ha llevado la incertidumbre y la intranquilidad al Vaticano, solo 17 meses después de la elección de León XIV, que demostraba buena forma física, se cuida y hace deporte. De momento, el Papa permanecerá al menos una semana ingresado y su agenda está suspendida hasta el próximo martes, 20 de octubre. León XIV había dado entender el domingo, tras anunciar su inminente operación, que su viaje a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre seguía en pie, pero ahora todo son dudas.
La decisión de anunciar la operación y realizarla lo ante posible se debió no solo a que era lo mejor desde el punto de vista médico, sino porque el Papa deseaba restablecerse cuanto antes para poder realizar el próximo viaje. La recuperación de estas intervenciones aconseja no tomar vuelos durante los días posteriores, incluso en un plazo de hasta tres semanas. De este modo, tras la operación, se cumple perfectamente ese periodo de tiempo. No obstante, las noticias de este martes impiden hacer previsiones, hasta que quede claro el diagnóstico y el tratamiento a seguir.
El hecho de que al Pontífice se le haya extirpado todo un lóbulo inferior puede implicar, a priori, que el nódulo detectado era de una dimensión relevante, o bien que su posición ha aconsejado que era la mejor solución quirúrgica. Esto no impide llevar luego una vida normal, al propio papa Francisco le habían extirpado parte de un pulmón en su juventud. Si no se detectara una extensión de células cancerígenas en el resto del cuerpo, León XIV podría seguir su vida con normalidad, sometiéndose a controles periódicos.
El Vaticano explicó el martes que la intervención había concluido “positivamente en los tiempos y modos previstos”. Luego añadió que “el Papa recuperó el conocimiento sin problemas y, después de un breve periodo de observación, regresó a su habitación en la décima planta”. Fuentes vaticanas indican que tras la operación el Pontífice pidió la cena.
El Papa no ha quedado ingresado en el lugar habitual destinado a los pontífices, un apartamento reservado para estas ocasiones. Ha dado la casualidad de que esta zona se hallaba en trabajos de reestructuración y León XIV ha debido alojarse en un recinto contiguo.
El pontífice se ha operado solo dos días después de anunciar él mismo la noticia, en el tradicional rezo del Ángelus del pasado domingo, desde la ventana del palacio apostólico en la plaza de San Pedro. “Los médicos han encontrado un nódulo circunscrito al pulmón. Se ha detectado en una fase muy temprana y bien localizado. Los médicos consideran oportuno intervenir, por lo que, siguiendo su consejo, he decidido someterme a una operación para extirparlo”, explicó.
“Nadie se lo esperaba”
El nódulo pulmonar es una masa de tejido anómala que en la mayoría de los casos es benigna, aunque en otros puede ser cancerígena. Los expertos ya habían señalado que el mero hecho de realizar la intervención podía indicar que los médicos ya sabían que se trataba de un nódulo maligno, tras realizar una biopsia previa, y por eso habían decidido quitarlo.
La Sociedad Torácica Estadounidense señala que menos del 5% de los nódulos pulmonares resultan ser cancerosos, aunque el riesgo aumenta con la edad, el tamaño y otros factores como el tabaquismo.
El Policlínico Agostino Gemelli volvió a congregar el martes a decenas de periodistas y una multitud de fieles por primera vez desde marzo de 2025, cuando fue ingresado Francisco durante más de un mes, antes de fallecer el 21 de abril. Desde luego era una situación que nadie esperaba revivir tan pronto, tan solo 17 meses después de la elección de León XIV.
Por la mañana, los periodistas abordaron al secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, y le preguntaron si la noticia de la operación había sido una sorpresa: “Sí, claro, porque nadie se lo esperaba, pero estas son, ha dicho el Papa, las sorpresas de Dios”.
El Pontífice llegó al hospital pasada la una del mediodía, y fue recibido por una multitud que le vitoreó dándole ánimos y muestras de cariño. A León XIV se le vio emocionado, saludando desde el coche. Le acompañó su médico personal, Luigi Carbone, de 54 años, especialista en medicina de urgencias y cirujano que ya fue el facultativo de confianza de Francisco y es el responsable de la Dirección de Sanidad e Higiene de la Ciudad del Vaticano.
También estaba otro de los miembros del equipo del anterior pontífice, el enfermero Massimiliano Strappetti, de 54 años, que en los últimos meses estaba constantemente con él para ayudarle. Ya había desempeñado la misma labor con Juan Pablo II y Benedicto XVI.
La Santa Sede detalló que el equipo quirúrgico que hizo la operación fue dirigido por Stefano Margaritora, asistido por Elisa Meacci, Maria Teresa Congedo y Leonardo Petracca Caravella. El equipo de anestesiología estaba compuesto por Massimo Antonelli, Giovanni Punzo y Giuseppe Bello.









