Zaki Laïdi (*)
PARÍS—Jordan Bardella es poco conocido fuera de Francia. Pero si Marine Le Pen, líder del partido de extrema derecha Agrupación Nacional (RN), gana las elecciones presidenciales de la próxima primavera —como parece cada vez más probable—, él será, según ella, su primer ministro. La pregunta es si el creciente escándalo en torno a Bardella hará que Le Pen cambie de opinión y, de no ser así, cómo afectará eso a sus posibilidades de victoria.
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El escándalo estalló el 28 de septiembre, cuando el medio de investigación francés Mediapart informó de que un análisis de los mensajes intercambiados en 2013 había revelado comentarios abiertamente antisemitas por parte de Bardella. «El judío tiene que dominar a los demás, aplastarlos y robarles», decía uno de los mensajes. El 1 de octubre, después de que Bardella negara la veracidad de las acusaciones, Mediapart publicó el conjunto completo de los mensajes.
La fuente de Mediapart, de la que cabe suponer que es cercana al RN, descargó los mensajes de Meta. Bardella sigue calificando los textos de «burdas falsificaciones», pero no cabe duda de que los mensajes se enviaron desde una cuenta a su nombre.
Esto coloca a Le Pen en una situación delicada. Lleva la última década intentando diferenciarse de su padre y fundador del RN, Jean-Marie Le Pen, quien fue condenado en numerosas ocasiones por antisemitismo e incitación a la violencia racial. (El antisemitismo es ilegal en Francia.) Quiere convertir al RN en un partido populista respetable, que actúe como baluarte contra la inmigración, especialmente la procedente de países musulmanes. De hecho, pretende presentar al RN como protector de los judíos franceses frente a las amenazas islamistas y como firme defensor de Israel.
El burdo antisemitismo de Bardella socava este esfuerzo, al evocar una historia que el RN quiere olvidar. Aunque esto quizá no tenga mucho impacto en la primera vuelta de las elecciones, dado que la base de extrema derecha del RN es sólida, podría afectar a las perspectivas de Le Pen en la segunda vuelta, cuando necesitará atraer votos de la derecha tradicional. Se suponía que Bardella, de 31 años —aparentemente demasiado joven para tener esqueletos políticos en el armario—, desempeñaría un papel clave a la hora de ampliar el atractivo de Le Pen.
Distanciar al RN de su pasado antisemita y vichista forma parte de la ecuación, pero también lo es tranquilizar a los votantes sobre los planes del partido para la economía. Mientras que el estatismo de Le Pen —reflejado en su oposición al aumento de la edad de jubilación— pone en duda su compromiso con los mercados, Bardella se ha mostrado mucho más abierto a soluciones basadas en el mercado. Así pues, mientras que Le Pen se encarga de ganarse el apoyo de la clase trabajadora, se supone que Bardella debe atraer a los votantes de centro-derecha. Ambos serán esenciales para la victoria, sobre todo si el rival del RN en la segunda vuelta es el candidato de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon.
Bardella parece confiar en que el escándalo actual se haya olvidado para cuando Francia acuda a las urnas. Si los comentarios fueran totalmente falsos, como él afirma, Bardella simplemente pediría a Meta que le facilitara los registros de su propia cuenta de Facebook, algo que solo él está en condiciones de solicitar. (No lo ha hecho.) Además, es de suponer que exigiría una comparecencia judicial rápida para enfrentarse a Mediapart. En cambio, ha optado por presentar una demanda por difamación, que no llegará a juicio hasta dentro de al menos dos años. Solo cabe suponer que quiere que la palabra «difamación» ocupe los titulares, pero no el resultado del juicio, con la esperanza de que, una vez que Le Pen sea elegida presidenta y él sea nombrado primer ministro, la atención se centre en otros asuntos.
Si no surgen nuevas revelaciones, este escenario es plausible: el escándalo se apaga rápidamente, Le Pen vuelve a confirmar a Bardella como líder del RN a finales de este mes y la campaña presidencial se pone en marcha en serio. Este desenlace no desagradaría a Mélenchon. Si Le Pen es su rival en la segunda vuelta, podrá responder a cualquier acusación de antisemitismo que se le impute señalando el asunto Bardella.
Solo el candidato de centro-derecha Édouard Philippe, que ocupó el cargo de primer ministro bajo el mandato del presidente Emmanuel Macron entre 2017 y 2020, saldría beneficiado de un descenso en el apoyo a Le Pen, ya que podría captar parte de su base electoral. Sin embargo, hasta ahora, la opinión pública no parece excesivamente preocupada por las revelaciones sobre Bardella.
Eso podría cambiar si salen a la luz nuevas revelaciones. Sin duda, Bardella tiene adversarios dentro del RN, entre los que, según se informa, se encuentra la sobrina de Le Pen, Marion Maréchal. Los «números dos» del RN a menudo han acabado siendo apartados para dejar paso a un miembro de la familia Le Pen. Por eso, quizá no sea de extrañar que Maréchal considere a Bardella un intruso. No obstante, garantizar la victoria de Le Pen sigue siendo la máxima prioridad, por lo que los adversarios de Bardella dentro del partido deben actuar con moderación.
Existe una tercera posibilidad: que las revelaciones sobre Bardella actúen como un veneno lento. El daño causado por el escándalo parece estar contenido por ahora, pero, aun así, pueden surgir dudas. Esto podría llevar a Le Pen a apartar discretamente a Bardella y elegir a otro primer ministro. Le Pen tendría que gestionar ese cambio con tacto, pero ampliaría sus opciones de cara a la segunda vuelta.
Las campañas presidenciales francesas rara vez son predecibles. En 2002, pocos imaginaban que Jean-Marie Le Pen llegaría a la segunda vuelta contra Jacques Chirac. En 2017, las elecciones se vieron trastocadas por la revelación de que el ex primer ministro François Fillon —entonces favorito en las encuestas— había creado un puesto de trabajo ficticio para su esposa. Hoy en día, es imposible predecir cómo afectará el asunto Bardella al resultado de las próximas elecciones presidenciales. Pero, aunque no perjudique las posibilidades de Le Pen, hace muy improbable que Bardella sea elegido primer ministro.
(*) Zaki Laïdi es catedrático de Política Internacional en Sciences Po y autor del libro de próxima publicación ” A Post-Liberal World”.









