Estados Unidos llama a consultas a su máximo diplomático en Nicaragua tras el rechazo de Ortega a la embajadora de Trump

Estados Unidos llama a consultas a su máximo diplomático en Nicaragua tras el rechazo de Ortega a la embajadora de Trump

La ya larga crisis diplomática entre Estados Unidos y Nicaragua ha tenido otro traspié este martes después de que el Departamento de Estado anunciara que llamó a consultas a su máximo representante en Managua, el encargado de negocios Elias Baumann. La decisión se da como reacción a la negativa del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de conceder el plácet a Natasha Franceschi, designada como nueva embajadora por la Administración del presidente Donald Trump y confirmada por el Senado para ocupar el cargo el pasado 30 de septiembre.

En el comunicado emitido por el Departamento de Estado, la diplomacia estadounidense remarcó que la negativa de Ortega y Murillo demuestra su “total falta de voluntad para entablar un diálogo diplomático productivo” y evidencia “la hipocresía de su retórica de respeto mutuo”, al tiempo que acusó a los copresidentes de montar “un espectáculo político a costa del pueblo nicaragüense”. Washington insistió en que mantener abiertos los canales diplomáticos constituye “la piedra angular de las relaciones internacionales”.

La decisión de Washington ocurre once días después de que el vicesecretario de Estado, Christopher Landau, revelara públicamente el rechazo a Franceschi durante una reunión de cancilleres de la Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre Nicaragua. Hasta ahora, el régimen no se ha pronunciado públicamente sobre el rechazo a Franceschi ni sobre el llamado a consultas de Baumann. Ambas decisiones han sido dadas a conocer por las autoridades estadounidenses, mientras la copresidenta Murillo —vocera del Ejecutivo— ha moderado durante las últimas semanas sus referencias públicas a Estados Unidos.

“El verdadero liderazgo requiere el valor de entablar un diálogo. La desacertada decisión de Murillo y Ortega de rechazar a nuestra representante ante Nicaragua, confirmada por el Senado, pone de manifiesto su falta de interés”, amplió por su parte Juan Pablo Segura, subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental. “El regreso a Washington del encargado de Negocios, Elias Baumann, es necesario para determinar los próximos pasos”.

Aunque el llamado a consultas constituye una medida de protesta diplomática fuerte, no implica necesariamente la ruptura de relaciones bilaterales ni el cierre de la embajada de Estados Unidos en Managua. Pero el regreso de Baumann a Washington marca otro punto de inflexión en una relación bilateral marcada por la segunda negativa de Managua a un embajador nominado por Estados Unidos. La primera negativa ocurrió en julio de 2022, cuando el régimen sandinista retiró oficialmente el beneplácito concedido a Hugo Rodríguez, entonces designado por el presidente Joe Biden para encabezar la misión estadounidense.

Desde entonces, Estados Unidos —principal socio comercial de Nicaragua— ha impuesto sanciones y retirado visas a funcionarios del régimen, en una relación bilateral que siempre parece estar a punto de romperse. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, en especial tras la captura de Nicolás Maduro, Ortega y Murillo han intentando esquivar las presiones de Estados Unidos haciendo concesiones, como colaborar en materia de narcotráfico, migratoria recibiendo en silencio deportados o, recientemente, permitiendo la realización de procesiones católicas ante las repetidas exhortaciones del gobierno republicano por el respeto a la libertad religiosa en Nicaragua.

Sin embargo, el pulso de la confrontación se ha mantenido, sobre todo por parte de los Ortega-Murillo al negarse a aceptar un nuevo embajador desde la salida del embajador Kevin Sullivan, en mayo de 2023. Desde esa fecha, Washington ha mantenido su representación diplomática en Nicaragua bajo la dirección de encargados de Negocios. Baumann ha sido uno de los más activos: mantenía una nutrida agenda con diversos sectores económicos y sociales desplazándose por el país, pero también piqueteaba al régimen. En agosto de 2026, instaló vallas y grandes imágenes con mensajes sobre libertad, democracia y derechos civiles en las afueras de la legación que representa en Managua.

Presiones de la OEA

El llamado a consultas de Baumann ocurre en un realineamiento de la política exterior de Latinoamérica frente al régimen Ortega-Murillo. Encabezados por Washington, el pasado 2 de octubre los Estados miembros de OEA aprobaron por consenso una resolución que contempla la creación de un Grupo Ministerial de Seguimiento sobre Nicaragua, encargado de buscar un diálogo directo con las autoridades del régimen copresidencial.

La resolución exige la liberación incondicional de los presos políticos, información sobre el paradero de las personas desaparecidas forzadamente, la restitución de la nacionalidad a los desnacionalizados y el restablecimiento de las libertades fundamentales. También reclama condiciones para celebrar elecciones libres, justas e inclusivas, con instituciones electorales independientes y observación internacional.

El grupo deberá iniciar sus labores en un plazo de 30 días desde la aprobación de la resolución y presentar, en un máximo de 60 días, recomendaciones que podrán incluir nuevas acciones diplomáticas y jurídicas. Según fuentes diplomáticas consultadas, la idea es que los países de la región, pero sobre todo los centroamericanos, puedan ejercer mayor presión económica y política sobre Managua para acuerpar los esfuerzos de Estados Unidos en ese sentido.

El exdiputado Eliseo Núñez no cree que la salida de Baumann, por ahora, desemboque en una ruptura total de relaciones. Pero sí coloca al régimen copresidencial en una posición incómoda, “porque proyecta la imagen de un gobierno cada vez más distante de cualquier salida negociada y, además, refleja una reacción directa de Estados Unidos, algo que no debe minimizarse”.

“Si se observa este movimiento junto con otros elementos recientes, como las resoluciones adoptadas en la OEA, el endurecimiento de la política estadounidense hacia el hemisferio y la necesidad de la Administración Trump de exhibir resultados concretos en política exterior, el panorama adquiere una dimensión distinta”, contextualiza Núñez. “Ortega y Murillo deben ser conscientes de que, en estas circunstancias, Nicaragua podría pasar a ocupar un lugar más visible dentro de las prioridades de Washington. No significa que exista una estrategia de confrontación inminente, pero sí que el régimen corre el riesgo de entrar en el foco de atención de una administración que busca demostrar capacidad de acción y resultados en su entorno regional inmediato”.

Confiscaciones a estadounidenses

A pesar de eso, los Ortega-Murillo continúan desafiando a Washington. A finales de agosto, el régimen confiscó nueve viviendas de lujo pertenecientes a jubilados estadounidenses en playa Gavilán, en Tola, Rivas, cuya inversión total fue estimada por sus propietarios en unos 15 millones de dólares, incluidas mejoras y enseres.

Según una investigación publicada por el medio Confidencial, las propiedades fueron ocupadas por funcionarios que se identificaron como representantes del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). Consultado por ese medio, el Departamento de Estado estadounidense calificó de “profundamente lamentable” el reiterado irrespeto a los derechos de propiedad en Nicaragua y confirmó que su embajada tiene conocimiento de numerosos casos de confiscaciones sin justificación.