“América Latina estaba en mí antes de que supiera que existía”

“América Latina estaba en mí antes de que supiera que existía”


Una escritora insólita, Andrea Abreu, canaria de 32 años, publica ahora en Argentina y en España un libro fuera de serie, Pajaritos preñados, escrito en el lenguaje de su tierra natal, Tenerife, y más concretamente en la zona de Icod de los Vinos, al norte de la isla, que fue también la esencia de Panza de burro, que ya apareció en Argentina en tiempos de la pandemia.

Este que ahora se presenta, editado por Anagrama, es mucho más que un libro, una historia que ella cuenta como si estuviera explicándose por dentro y por fuera la esencia de la lengua, pero sobre todo del modo de ser de aquellos seres humanos canarios con los que ha convivido ella y sus inmediatos antepasados.

He aquí la entrevista que le hice en La Orotava, la ciudad en la que vive, cerca de Icod, de donde viene.

–¿Cómo te has ido encontrando como escritora desde Panza de burro?

–Estoy tan sorprendida como el resto de las personas. Cien mil ejemplares publicados en español, treinta publicaciones fuera de España… Un proceso complicado porque en mi vida me imaginé que iba a vivir de la literatura… Con Panza de burro se marcó un precedente que me ha permitido hacer cosas mucho más experimentales y difíciles de acceder. A mí no me conocía nadie, no pensaba llegar lejos con la novela, pero me sentía contenta con haberla escrito. Y la escribí con la sensación de que no sabía lo que estaba haciendo, porque era la primera vez que escribía una novela… Creo que en esta novela [Pajaritos preñados] fui más feliz, me sentí más tranquila, con la sensación de que ya era una escritora y podía hacer lo que verdaderamente me apetecía. Antes el texto se sorprendía de mí, ahora tengo la historia en la cabeza, de modo que no sé de dónde salen las historias y es cierto que salen como torrentes que me llevan.

–¿De dónde te viene ese torrente?

–No lo sé. En los agradecimientos del libro puse como primera persona a mi padre, porque siempre me ha contado historias, sobre todo cuentos de miedo. En esta zona de Tenerife [Icod de los Vinos, norte de la isla] hay mucha gente que sabe convivir con historias que ellos no saben si son verdad y que te cuentan todo el rato… Mi padre es una persona con gran capacidad para narrar oralmente. Igual pasa con mi abuelo, al que dedico también el libro, como a mi abuela. Mi abuelo me marcó mucho. Es un personaje fuera de la literatura; murió hace poquitos años, mientras yo escribía esta novela. Y siempre quedará en mí como si él fuera un personaje del libro.

CUL / Andrea Abreu

–Eres realmente una escritora. ¿Desde cuándo?

–Creo que ha sido un proceso. Me escribí en el ordenador esta frase: “Ya eres escritora, no te tienes que ganar el puesto”. Y la veía todos los días. Y eso lo fui interiorizando. Ahora el hecho de dedicarme de veras a esto y de percibir dinero por hacerlo me hace sentir que sí, que soy una escritora, algo que nunca pensé que alcanzaría porque no es habitual en la zona de la que vengo y de donde viene tanta gente del norte de la isla… Nunca pensé que sería escritora. Creo que ha sido en el proceso de escritura de este libro cuando me he sentido escritora.

–¿Sentiste que el lenguaje propio del lugar era el sitio de las palabras que te iban viniendo?

–Fue un camino muy lento, que empezó con la poesía. Cuando escribía sentía que estaba como escribiendo en otro idioma completamente distinto. Esa experimentación me llevó a determinados autores que hacían poesía muy narrativa. Eran sobre todo autores norteamericanos. Una vez hallé una palabra de mi abuela y sentí que aquello me interesaba. Como que se abría una puertita. Así que me dije que de ahí podía venir un lenguaje propio, el de mi casa, el de mi barrio. Luego descubrí a las actuales escritoras latinoamericanas, que me llevaron a lo que en ellas es la oralidad y su manera de manejarla. Me di cuenta de que yo también vivía y pensaba en una variante del español que podía ser una variante igual de válida que las otras… Y cuando descubrí la escritura de Selva Almada, de Rita Indiana o María Fernanda Ampuero, y a escritores canarios como Ángel Sánchez o Víctor Ramírez, me di cuenta de que eso que buscaba ya estaba más que inventado, que podía actualizarlo desde una escritura propia que a mí me interesaba. Entonces no había en Canarias cosas escritas desde esa perspectiva oral. Y no fue sencillo. Ha sido un proceso en el que fui profundizando sobre todo en Panza de burro, aunque no tanto como lo que he logrado en este último libro. Han sido pasitos que me han ido llevando a ir como bajando escalones hasta ahora mismo.

–América Latina ha sido un talismán.

–Yo creo que América Latina estaba en mí antes de que yo supiera que existía América Latina… Hubo un proceso de colonización español que alcanzó a Canarias, y después eso sucedió en América Latina… Los colonos llevaron a personas de Canarias para poblar Latinoamérica y ahí empezó una serie de idas y venidas que han construido nuestra identidad, y no solo la nuestra sino también la de muchos países latinoamericanos. Nosotros estamos profundamente atravesados por lo latinoamericano, y a la vez lo latinoamericano está atravesado por lo canario, y eso es algo que la gente no sabe. La música que nosotros escuchamos, las palabras que nosotros decimos… El hecho de que nosotros nos reconociéramos en las telenovelas tuvo que ver con que alcanzáramos un parecido de nuestra propia forma de hablar. Es tan profunda y tan antigua nuestra relación.

–Y son tan cercanas las literaturas…

–Y las comidas, las historias que se cuentan, las palabras que decimos… Es un ir y venir constante del que yo no era consciente… Mucha riqueza de nuestra cultura se explica justamente por esas idas y venidas por Latinoamérica… Cuando empecé a leer a esas autoras yo me sentí muy representada, muy reconocida, y es algo que a mí me encanta porque se parecía mucho más a mi propia tradición que la que veía en Europa, por ejemplo. Eso me hizo mirar allá. Y en realidad sin querer todos estábamos hacia allá sin ser conscientes de que estábamos mirando a América Latina con los ojos tapados, porque estaba presente sin nosotros saberlo.

La escritora canaria Andrea Abreu regresa con la novela Pajaritos preñados. Foto: gentileza Anagrama.

–¿Cuáles fueron los primeros nombres propios que te vinieron como reflejo literario de lo que querías escribir?

–Con Selva Almada siento una conexión muy profunda… Es de la provincia de Entre Ríos… Yo no sentía que tuviéramos históricamente tanto en común, pero cuando la leía encontraba un montón de palabras que se usaban en mi entorno canario y a mí eso me impactó un montón… Pilar Quintana, colombiana, Fernanda Melchor, mexicana, María Fernanda Ampuero, igualmente mexicana…

–América Latina en el corazón… Y la poesía. Este libro es radicalmente poético…

–Yo creo que es mi manera de ver el mundo. Yo creo que eso ha sido siempre como he entendido el mundo: desde el lugar en que las metáforas son necesarias, para nombrar mis sensaciones, lo que estaba viendo. De ahí nacía siempre la metáfora… He asistido como a un paisaje que se sirve de una realidad que tiene que ver con mi clase social y con las personas que me rodean y que tienen cierto grado de dureza. La poesía ha sido la única forma de llevar mis pensamientos y mis emociones a su máxima explosión. Para mí, escribir es como intentar nombrar de la manera más precisa, y a veces siento que tan solo la abstracción y la poesía me permiten llegar a ese punto en el que yo me siento cuando me estoy acercando al objeto. Porque siempre me siento lejos del objeto.

–¿Qué casualidades te han ido conduciendo a la persona que eres?

–La primera, que mi abuelo fuera chatarrero. El hecho de que él fuera capaz de destruir objetos para generar otros nuevos lo convertía en un personaje como no había otro. Veía a mi abuelo desde pequeña recogiendo la basura de la gente, y eso no era habitual. La gente rica botaba la basura y él construía objetos, puertas… Era una persona verdaderamente diestra. Al mismo tiempo era una persona muy creativa, hacía verdaderas virguerías, verdaderas preciosidades… El hecho de que mi padre sea una persona que atesora tantísimos recuerdos y tantísimas historias me ha afectado mucho porque él me ha transmitido ese bagaje cultural que no hubiera existido si él no lo hubiera atraído… El hecho de haber estudiado periodismo es para mí muy importante porque me aproximó a la escritura en un tiempo en que el periodismo no me marcaba la escritura, sino que la mejoraba. La primera autora que a mí me obsesionó y que me hizo entrar en la oralidad fue Leila Guerriero… Yo me obsesioné con toda su obra, le dediqué todo mi tiempo académico, porque estaba fascinada con la capacidad que ella tenía de integrar las descripciones y las entrevistas dentro del texto para hacer una crónica… La crónica periodística es el género por antonomasia para mí y es el género en el que he visto las mayores virguerías que se han hecho. Y fue Leila Guerriero una de mis grandes maestras… Haber ido a Madrid, haber entrado en contacto con autores, haber participado en el taller literario de Sabina Urraca, por ejemplo, han sido las cosas determinantes por las que he llegado hasta aquí.

–¿Y este libro cómo nace, Andrea?

–Empecé con una pretensión: hacer una especie de no ficción. Porque quería reconstruir la vida de mi abuelo Pepe. Él se fue de casa cuando yo tenía ocho años y después de eso yo no supe qué había ocurrido con él. Y yo lo quería mucho: me crié con él. Para mí era una figura súper importante. Estaba todos los días en la chatarrería. Y de repente, de buenas a primeras, se fue y dejó un vacío tan grande en mi vida… Y dejó una pregunta tan enorme que nunca he sido capaz de enfrentarme a ella… Me lo explicaban a trocitos, con fisquitos de ideas, pero no me lo terminaban de explicar. Y de hecho no me lo terminaban de explicar, porque mi familia tampoco era capaz de explicarse a sí misma por qué había desaparecido una persona de un día para otro… Así que me puse a reconstruir todos estos años en los que mi abuelo estuvo ausente hasta su muerte. Pero me asusté. No fui capaz de enfrentar eso con mi familia. Así que abandoné la idea y me fui a la ficción. Voy a escribir una novela grande, me dije, porque sabía que iba a ser muy grande, en la que voy a intentar reconstruir qué ocurre durante la ausencia de un personaje, que en la novela se llama El Tiznado.

La escritora canaria Andrea Abreu regresa con la novela Pajaritos preñados. Foto: Lilia Ana Ramos, gentileza Anagrama.

Leer este libro es una aventura extraordinaria a la que este periodista se obligó días y días para saber lo que, en cierto modo, es la esencia del mundo que ella halló buscando al Tiznado, y contándolo. Es, además, dice ella, “una novela en la que fui feliz”.

A Andrea Abreu se la ve feliz, y muchas veces se la ve dentro de la novela, como si la estuviera escribiendo hacia adentro.

Andrea Abreu básico

  • Nació en Icod de los Vinos, Tenerife, en 1995. Es escritora y periodista, fue seleccionada en 2021 como una de las veinticinco mejores autoras de su generación por la revista Granta.
  • Su primera novela, Panza de burro –galardonada con el Premio Dulce Chacón de Narrativa y premiada como el mejor debut en español en el prestigioso Festival du Premier Roman de Chambéry en Francia–, supuso todo un acontecimiento literario y se convirtió en uno de los éxitos de crítica y público más rotundos de los últimos años, con traducciones a una treintena de idiomas y más de 100.000 ejemplares vendidos en español.

Pajaritos preñados, de Andrea Abreu (Anagrama).