En febrero del año pasado, al día siguiente de cumplir los 37 años, Luli Fernández llamó al terapeuta: ‘Necesito que me ayudes a separame”.
Hacía 14 años, que modelo y conductora, estaba en pareja con Cristian Cúneo Libarona, casi veinte años más grande que ella. Ese proceso duró hasta septiembre. Separación, divorcio, mudanza a casa nueva y nueva vida.
Hoy, a más de un año de esto, Luli luce espléndida y ajustando esta “nueva versión de ella”, en todos los aspectos.
Se vincula mejor con su hijo Indalecio, de 7 años; recuperó amistades; conoce gente y sigue brillando en lo laboral.
En un alto en sus tareas, Luli habló con Viva de todo un poco. Aquí, en formato ping pong, sus reflexiones a corazón abierto.
-¿Cómo arranca tu día?
– Arranco tempranito: seis de la mañana. Le preparo el desayuno a Indalecio, mi hijo de siete años. Toma Nesquik con tostadas o cereales con leche. Al ratito llega Tere, la señora que me ayuda. Le preparamos el lunch. Despierto a Inda, desayunamos juntos y lo llevo al colegio. Vivimos en Recoleta y va a un cole en Vicente López. Así que en el auto vamos escuchando música y charlando. Después entreno, conduzco eventos y mi ciclo de entrevistas para Infobae. Arranqué el año pasado con mujeres. Se llamaba Ellas. Y este año incorporamos el ciclo Ellos. Estoy muy feliz porque este proyecto me llegó en un momento de transformación. Cuando me lo ofrecieron me estaba separando. Me lo ofreció Cami Hadad, una grosa que maneja todo. Me encanta hacer entrevistas, surgen de la curiosidad y me valió una nominación a los Martin Fierro, cosa que me puso muy feliz, aunque no haya ganado.
Me miré al espejo, me enfrenté conmigo misma y me invité a incomodarme.
Luli FernándezModelo y conductora
-¿Te costó estar separada?
–Pero me tomé mi tiempo. La transformación fue total. Elegí, al principio, estar en silencio, quieta, incómoda. Algo diferente a lo que había hecho en mi vida que era siempre llenarme de cosas, de tareas y de ruido. Me miré al espejo, me enfrenté conmigo misma y me invité a incomodarme. Me pregunté qué quería. Y además, no eché culpas. A una determinada edad hay saber qué es lo que uno quiere y qué no. Nunca me pesó estar sola. Me reencontré con amigos. Tengo mis perros que me han acompañado toda la vida, que son puro amor. Y a mi hijo que es la luz de mi vida.
– Fuiste al Pellegrini, ¿qué te dejó el paso por la escuela pública?
– Me invitó a pensar, a tener pensamiento crítico, a reflexionar y argumentar. me encanta la escuela pública.
– ¿Estudiaste comunicación o periodismo?
– Ninguna de las dos, pero he tenido la suerte de trabajar desde chica y he hecho carrera en la práctica. Trabajo en la tele desde los 16 años, como parte de un panel o como conductora. El año pasado conduje un ciclo por la TV Pública. Uno va generando herramientas. Siempre fui muy parlanchina y extrovertida. Y me gusta escuchar.
– Tu ex marido, Cristian Cúneo Libarona, te lleva 18 años, ¿influyó la diferencia de edad en la separación o te desenamoraste?
– No sé si influyó la diferencia de edad. Para mí son etapas de la vida. Nosotros teníamos una relación que era seis, siete puntos. Es un aprobado. Había etapas de siete, ocho y de cinco o seis, como todos los matrimonios. Lo mío fue un proceso individual. En un momento me conecté con esto de: “Che, estoy entrando en la segunda mitad de mi vida, ¿cómo quiero vivirla?” Fue algo muy existencial.Y seria muy simplista decir que me desenamoré. Yo no me desenamoré. Nos desencontramos. Y nuestro vínculo siempre tuvo complejidades. Cris tenía cuatro hijos antes de nosotros tener a Indalecio. Su vida abordaba muchas preocupaciones y ocupaciones. Y yo estaba más liviana. Igual tuvimos un vínculo increíble.
– No tengo. Ah sí: me gusta el Fernet con coca.
-Naciste en Azul, pero te criaste en Capital, ¿seguís yendo allá?
– Sí, porque vive parte de mi familia. Me encanta Azul. Y justamente este nuevo tiempo mío tiene que ver con que vuelvo al origen, a lo simple, a mi raíz.
– En dos años llegan los 40 y cambiás de década, ¿pensás en eso?
– Cero. No tiene que ver con el número. He tenido veinte años y me he sentido súper vacía aunque no se me notaba. Fui una gran simuladora. Tuve varios momentos de mi vida en los que no estaba contenta.
– Justo mi terapeuta me preguntó el otro día: “¿Cuáles son tus innegociables en un otro?” Y acá te los cuento: que acepte a mi hijo, porque somos él y yo; que sea sano y que tenga disponibilidad emocional. Que pueda construir y pueda compartir lo simple. Y que esté en mi misma etapa de la vida.
Hoy mi gusto es poder tomarme una tarde y quedarme en casa mirando una serie tirada en el sillón.
Luli FernándezModelo y conductora
– Morir para ser yo, de Anita Moorjani. Es muy bueno.
-¿Algún miedo en relación a tu hijo?
– No soy una madre miedosa. Inda es un chico muy físico. Cris lo ha metido al mar con bracitos flotadores, a los dos años. Esquía desde chico. Así que estoy acostumbrada a sus porrazos o lastimaduras. A mí me costó mucho quedar embarazada. Dos años. Fue por temas médicos, pero pudimos sortearlos. Y antes de tenerlo, pedía un hijo sano y feliz. Y así es. Inda es muy alegre, es magia. Nunca se enferma. Y desde que me separé profundicé mucho mi vínculo con él. Y lo atribuyo a que me empezó a gustar más la versión de mí que estaba viendo. Claramente no estaba feliz ni cómoda. Por eso me quise ir. Fue una decisión mía separarnos, pero Cris estaba en la misma. Nos habíamos dado todo.
– Contame un gusto que tengas.
– Años atrás mis gustos pasaban por comprarme una buena cartera. Me gustan muchos las joyas, y más allá de que mi ex marido siempre fue muy generoso conmigo, yo me las compraba también. Hoy mi gusto es poder tomarme una tarde y quedarme en casa mirando una serie tirada en el sillón, tomando mate y con mis tres perros durmiendo alrededor mío. Ese es el placer. O salir un miércoles o un sábado, que Inda está con el padre, y charlar con amigas.
-Tengo una cabeza difícil. Luna en Escorpio, que es complicada. Tengo una cabeza que no para. Eso tiene sus beneficios también, pero a veces: ‘Ay, Dios, dame un poquito de aire’. Pero tengo mis herramientas.
– ¿Volverías a casarte?
– Sí, me re volvería casar y re tendría otro hijo. Me encantaría volver a enamorarme y volver a formar una familia, ¿por qué no? Igual no es mi foco ni mi zanahoria hoy.
– Decías que siempre fuiste de hacer de todo, ¿adicta al trabajo?
– Cien por cien. No paraba. El trabajo siempre fue un gran refugio para mí. Pero hoy me doy cuenta de que necesito mucho menos para ser feliz. Y lo celebro. De hecho, el año pasado, en el momento más difícil de mi vida, en lugar de llenarme de actividades, como hice siempre, opté por otra cosa. Me miré al espejo, me enfrenté conmigo misma y me pregunté: “¿Qué quiero?”. Y sin echar culpas. Podía quedarme cómoda y llenarme de ruido. Pero me tomé mi tiempo. No es que me separé y enseguida fui al boliche. Estuve 14 años en pareja. Para nada me desespera conocer a alguien o estar en pareja. Primero necesito estar cómoda conmigo y habitarme. Y ya no soy la misma. Soy otra versión de mí.
– ¿Cuál fue la entrevista más difícil que hiciste en tu ciclo?
– La que más me costó fue la de Andrea Bursten. Me sentí identificada. Todas podemos ser ella: quedar viuda a los 40, con hijos tan chicos. Me conmovió.
– ¿Y qué hacés para estar bien?
– ¡De todo! Desde terapia neural hasta la tradicional, constelaciones, biodecodificación y registros akáshicos. También tengo mi astróloga Nati y a Pitty, la numeróloga, a quienes les consulto todo lo personal y lo aboral. Empecé a entrenar tres veces por semana con un profe de musculación y arranqué nutricionista. Todo en busca de mi mejor versión.








