el show inmersivo que abre el festival MUTEK en la Ciudad

el show inmersivo que abre el festival MUTEK en la Ciudad

“Antes era posible crear tecnologías más subversivas”, apunta la canadiense Myriam Bleau, en diálogo con Clarín Cultura a propósito de su regreso a Buenos Aires. La compositora, artista digital y performer será la encargada de marcar el inicio de la edición de MUTEK.AR que cuenta con el apoyo de Clarín y Revista Ñ y se desarrollará del 7 al 11 de octubre. Formada en literatura, guitarra de jazz en la Universidad de Concordia, y composición electroacústica en la Universidad de Montreal, su trabajo combina una particular búsqueda conceptual con la investigación tecnológica de vanguardia.

Este miércoles 7 de octubre, la sala Martín Coronado del Teatro San Martín recibirá la presentación de su performance Hypermobility; una experiencia audiovisual de gran escala en diálogo con la arquitectura moderna de este edificio inaugurado en 1960, en la que será la vuelta de la artista a la ciudad: Bleau ya participó de la edición local del festival internacional de creatividad digital en 2018.

“De estudiar jazz en la universidad aprendí a improvisar y a ponerme en situaciones de riesgo”, introduce. Creció entre finales de los 80 y principios de los 90 y le gustaba el pop. Cantaba en coros y transcribía canciones a su pequeño teclado Casio. El interés por las artes electrónicas se avivó en la adolescencia, cuando descubrió festivales en Canadá como MUTEK o Elektra. Además de haber venido previamente, guarda un especial vínculo con el país que involucra a lo literario: al estudiar quedó fascinada con los laberintos de los cuentos de Borges, o la posibilidad de un infinito como el de La Biblioteca de Babel, “cada vez trato de incorporar más ese tipo de subtextos en mis obras”, cuenta.

Su trabajo habita la intersección precisa entre la matemática del código, y la poesía de las luces y el sonido en correspondencia milimétrica. La gestualidad está también en el centro: los movimientos de su cuerpo empujan en el vivo la reacción de las máquinas. En Hypermobility, los rayos láser atraviesan la sala para dibujar sobre el público techos, túneles y planos volumétricos. La imagen deja de ocupar una superficie frontal y la luz se vuelve escultura.

“Salir del 2D te recuerda que la pantalla también es un artefacto físico que a menudo produce la sensación de portal: te olvidas de su materialidad y de que está ahí. Creo que muchas grandes empresas tecnológicas están intentando crear un mundo sin materialidad, donde todo es etéreo, conectado a través de Internet. Yo me opongo a esa idea: esta performance es efímera pero sucede en el espacio, el láser traza dibujos sobre el público, puedes ver su volumen en tiempo real, quiero que no sea fácilmente olvidable”, analiza sobre su trabajo.

Los mensajes que proyecta en la performance tienden a variar según cada presentación. “Hypermobility hace referencia a una especie de adicción a moverse. A este ritmo acelerado de querer estar en un lugar y en el otro, y sentir que sos más importante si viajas, si te moves mucho, que es una idea que… realmente no quisiera presentar de manera positiva”, dice. Desde el festival definen a su propuesta como “lejana a ser un despliegue puramente técnico”.

“La IA y el patriarcado están muy estrechamente relacionados. Con la inteligencia artificial y el aprendizaje automático existe esta idea de que podemos comprimir el conocimiento humano, descargar nuestra conciencia en una IA, una fantasía heredada de la ciencia ficción, como sucede en Neuromante. Pienso que aquello es un rechazo del cuerpo, y en ese sentido vuelvo al pensamiento feminista, que reivindica nuestros cuerpos como algo que no es falible, sino intrínsecamente parte de lo que significa ser humano”, subraya la artista.

Una de sus obras más recientes fue Second Self, para la cual tomó ideas de diferentes teóricos del arte, como la estadounidense Rosalind Krauss y su ensayo sobre la mirada narcisista. Quiso cuestionar cómo en las redes sociales “creamos un espejo de lo que pensamos que es nuestra personalidad o identidad”. Para eso, volvió al mito de Narciso y Eco y usó en la parte sonora de la pieza muchos delays y retardos. Estos imitaban la reflexión en el tiempo y el espacio, a partir de este famoso personaje femenino que no tiene voz propia, excepto para repetir lo que dice Narciso.

“Siento que actualmente en Montreal las artes vinculadas a la tecnología están bastante relacionadas con emprendimientos comerciales. Durante un tiempo existió una escena DIY (“Do It Yourself”) que estaba muy presente, con organizaciones como Eastern Bloc (bloque comunista) realmente a la vanguardia. Todavía hay algunas que intentan mantener aquella línea, pero supongo que, en el contexto actual, es difícil tener este tipo de actitud, al menos en términos de los aspectos materiales de las artes digitales. Hacer algo tecnológicamente relevante es casi imposible: la mayor aceleración tecnológica ahora mismo se está dando en la inteligencia artificial y, por la relación que existe entre ella y la centralización del poder, muchos artistas queremos evitar promover cualquier tipo de innovación en ese ámbito. Pero, más que con herramientas directas, se puede reflexionar a través del tema de cada obra”, apunta.