Ariana Harwicz habló sobre controversia que se generó tras ser desvinculada del festival literario de la Universidad de Granada (España) por su defensa del Estado de Israel.
“Me castigan por ser la mala judía. ¿Por qué ellos tienen que ver quién es judío bueno y malo? Fui la única del festival que le miraron todos los artículos a ver si me dejaban pasar o no. A los demás libertad total para llevar un pañuelo“, expresó durante una entrevista con Jorge Fernández Díaz en radio Mitre.
La autora de “Matáte, amor” también apuntó a la cineasta Lucrecia Martel y a la escritora y actriz Camila Sosa Villada por no haberla respaldado.
“Yo decidí hablar esta vez y fue duro, hostil, y me atacaron seis compañeras contra uno. Eso fue lo más doloroso”, expresó.
Harwicz aseguró que firmaron una carta seis escritoras pidiendo su cabeza a las autoridades.
“Algunas compatriotas argentinas, con las que tenemos amigas en común, como Rita Segato y otras. Ahí me deprimí más. Lucrecia Martel, que fui a ver todas sus películas, cuando era estudiante de cine con orgullo yo daba sus películas y analizaba la gramática. Y que una compañera con amigas en común, compatriota, feminista como yo, cada una a su manera, pida mi cabeza. Llegamos a un lugar de la cultura oscurísimo”, sentenció.
Además, cuestionó a las catedráticas Ana Gallego Cuiñas y Patricia Escalona Ruiz, por no haberla sostenido en la programación.
“Me dijeron tres días antes: ‘Te tenemos que desprogramar’. El mail comienza con ‘Querida Ariana, usted sabe cuánto la admiramos’. Me parece significativo porque no empieza diciendo que finalmente se dieron cuenta de que soy una novelista menor y desprecio la literatura. Me tienen que desprogramar porque la red de estudiantes por Palestina no está de acuerdo con mi programación”, sostuvo la autora.
En medio de la polémica, el encuentro organizado por la Universidad de Granada cierra este domingo, sin su autor principal John Banville, que se bajó en solidaridad con Harwicz.
“Me dijeron off the record que se habían quedado sin presupuesto para la policía, para los autores que tenían que tener policía que son los que piensan distinto. Yo me angustié mucho porque ya me lo habían hecho en la Feria del Libro de Madrid. No puede ser que una autora judía o no judía que piensa distinto a otras tenga que estar angustiada porque viene alguien, te señala y te baja”, concluyó.







