León XIV ha dejado entrever con claridad por primera vez este domingo en Lourdes, durante su visita de cuatro días a Francia, cuál es la postura que empieza a delinear en su pontificado ante el escándalo de la pederastia en la Iglesia católica: pasar página. En un discurso a los obispos franceses pronunciado esta mañana no hizo ninguna autocrítica, evitó las condenas y amonestaciones y ni siquiera citó a las víctimas o les pidió perdón. Solo se refirió a la cuestión como “doloroso flagelo”. Lo demás fue felicitar a la Iglesia francesa por su gestión del escándalo.
Es verdad que en este país la conferencia episcopal ha dado pasos decididos, como encargar un informe independiente que en 2021 estimó las víctimas en 330.000 desde 1950, y luego ha establecido mecanismos de escucha y compensación. En el episcopado francés predomina la sensación de que se han hecho bien las cosas, a diferencia de la respuesta negacionista en otros países, empezando por la Iglesia española, y el discurso del Pontífice ha querido reconocer ese trabajo, aunque casi ha rozado la autocomplacencia. Y es el primer viaje apostólico a Francia de un papa desde 2008 —Francisco solo hizo visitas puntuales a Estrasburgo, Marsella y a la isla de Córcega— y sus primeras palabras en el país sobre este asunto.
“En los últimos años ustedes han afrontado con firmeza el doloroso flagelo del abuso contra menores cometido por miembros del clero o dentro de la Iglesia”, ha dicho el Papa en una intervención a puerta cerrada, cuyo texto luego se entregó a la prensa. “Han dado pasos valientes para responder a estos desafíos, a través de la escucha, la búsqueda de la verdad, la justicia, el perdón, la reparación y un firme compromiso con una cultura de prevención y protección contra estos crímenes. Les agradezco lo que han hecho y sé que algunos momentos han sido muy difíciles para su Conferencia”, ha proseguido. Concluyó diciendo que deben continuar el camino emprendido y mantener “la máxima vigilancia”. Las palabras de aliento fueron para los sacerdotes: “Su clero necesita apoyo y aliento; sé que son objeto de su cuidado paternal”.
Antes de la intervención del Papa, ha hablado el presidente de la Conferencia Episcopal de Francia, Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella, que también se ha referido a la cuestión para destacar el camino recorrido: “Hemos aprendido a ver estos hechos, ante todo, desde la perspectiva de las víctimas, quienes sufren las consecuencias a lo largo de sus vidas. Este cambio de perspectiva, esta profunda escucha de su angustia y dolor, ha iniciado en nuestra Iglesia una larga y exigente labor de conversión y prevención, que tendremos que continuar en los años venideros”.
Las reflexiones del Papa han precedido el encuentro que mantendrá en esta tarde del domingo, a las seis, con un grupo de siete víctimas. Después de la reunión, está previsto que estas personas hablen con la prensa. Hasta el momento, no ha trascendido ninguna valoración del discurso del Pontífice. No obstante, ya el mero formato de la cita ha sido criticado en los últimos días por víctimas y asociaciones de supervivientes, que lo consideraron una “farsa” y exigían un evento de mayor amplitud, dada la dimensión del escándalo en Francia. “Estamos frente a crímenes masivos, incluso frente a crímenes contra la humanidad (…) ¿Tenemos que conformarnos con que reciba a seis víctimas en España y siete en Francia?”, dijo el presidente de la asociación Mouv’Enfants, Arnaud Gallais, en la emisora de radio France Info.
Las declaraciones del Papa son relevantes porque la pederastia del clero es un asunto que apenas ha abordado y sobre el que aún no ha tomado decisiones de calado en su año y cuatro meses de mandato. Tampoco quiso hacerlo en su visita a España en junio, la primera ocasión en la que viajaba a un país donde el escándalo ha sido de grandes dimensiones. Sin embargo, pasó de puntillas, lo mencionó brevemente en su discurso a los obispos, en el que lo definió como “una plaga”, y tuvo un encuentro privado con víctimas organizado con el máximo secretismo. En Francia eso ha cambiado, la reunión se anunció hace un mes. Pero ahora empieza a quedar en evidencia cómo ve el Papa este asunto. Francisco dijo en 2021, tras conocerse el informe sobre el escándalo en Francia: “Este es el momento de la vergüenza”. León XIV cree que ahora es el de mirar adelante.
Ya había dado pistas en su primera entrevista tras ser elegido, publicada en un libro de la periodista estadounidense Elise Ann Allen. En ella, dijo lo siguiente sobre los casos de abuso de menores, una postura que ahora se confirma: “El tema del abuso sexual no puede convertirse en el foco central de la Iglesia. La Iglesia tiene una misión. Hay personas que en el camino han sido profundamente heridas y trataremos de atenderlas lo mejor que podamos y acompañarlas. (…) Al mismo tiempo, la Iglesia también tiene la misión de predicar el Evangelio y, gracias a Dios, la gran mayoría de las personas que están comprometidas con la Iglesia —sacerdotes, obispos, religiosos— nunca han abusado de nadie. (…) Por lo tanto, no podemos hacer que toda la Iglesia se centre exclusivamente en este tema, porque esa no sería una respuesta auténtica a lo que el mundo necesita en términos de la misión de la Iglesia”.
Cambio de fase en la Iglesia francesa
La visita del Papa a Francia coincide con un cambio de fase en la estrategia de la Iglesia de esta país para abordar el escándalo de la pederastia. Tras el informe de 2021 se creó la Autoridad Nacional Independiente para el Reconocimiento y la Reparación (INIRR), un organismo dirigido por la jurista Marie Derain de Vaucresson que durante cinco años se ha encargado de los procesos de escucha y reparación. Sin embargo, el plazo de trabajo estipulado concluyó este verano y a partir del 1 de septiembre fue sustituido por un nuevo organismo, ya integrado en las instituciones eclesiásticas.
Ha sido un cambio criticado por parte de los colectivos de víctimas, que cuestionan su independencia. “El INIRR fue concebido como una respuesta a una crisis. ¡El problema es que la crisis no ha terminado!“, ha dicho Derain de Vaucresson en una entrevista. En su balance final, presentado el pasado lunes, esta entidad informó de que había recibido 1.969 consultas desde 2021 y se habían emitido 1.184 resoluciones. Detalló que un tercio de las víctimas son mujeres y la media de la compensación económica en el último año fue de 36.739 euros.
Derain de Vaucresson criticó antes de la visita del Papa que no le permitieran mantener un encuentro con él, para entregarle el informe final de su gessión. También manifestó que el encuentro con siete víctimas en Lourdes era ”una oportunidad perdida”, pues esperaba un acto de mayor calado. Finalmente ella pudo saludar brevemente a León XIV tras la misa del sábado en París.
En el resto del discurso a los obispos, el Papa ha vuelto a abordar la laicidad y el papel de la Iglesia en la vida pública francesa, uno de los temas recurrentes en esta visita: “La Iglesia ha sido testigo, e incluso ha contribuido, a la lenta construcción de vuestra nación; sigue siendo una parte significativa de su cultura, su identidad y su vocación al mundo. Por eso la voz de la Iglesia tiene el lugar que le corresponde en el debate público en Francia; posee, por su propia naturaleza, una autoridad profética. Aunque no siempre se la escuche, se la espera. Aunque no se la tenga en cuenta, sobre todo en cuestiones esenciales que atañen a los cimientos mismos de la civilización, es necesaria”. También se refirió a la situación política en Francia, donde ve una “preocupante polarización (…), el declive de la fraternidad, la cordialidad y la calidad de vida en la sociedad, así como el resurgimiento de la violencia, la desigualdad y la pobreza”. Tras el encuentro con los obispos franceses, León XIV ha celebrado a las once de la mañana una misa ante 150.000 personas en la explanada del santuario de Lourdes.
El encuentro con las víctimas de pederastia será a la seis de la tarde. Hasta el momento, han trascendido los nombres de cinco de las siete personas que acudirán a la cita. Una es Jean-Marie Delbos, que sufrió abusos en el colegio Notre-Dame de Bétharram, donde han surgido acusaciones de más de 200 alumnos. Otra es Véronique Garnier, víctima de un sacerdote de su parroquia y que actualmente forma parte del colectivo Foi et Résilience. También asistirá Jérôme Guillement, que sufrió abusos de un cura de Vendée y que ha contado su experiencia en varios libros. Se suma Olivier Mardi, cofundador del colectivo Voix Libérées de Touraine, formado por víctimas del padre Tartu del coro de los Petits Chanteurs de Touraine.
El último nombre conocido es Bertrand Virieux, cofundador de la asociación La Parole Libérée, que fue la que sacó a la luz uno de los casos más conocidos en Francia, el de los abusos del sacerdote Bernard Preynat en un grupo scout de Lyon, que salpicó al entonces arzobispo de la ciudad, el cardenal Philippe Barbarin. Fue un caso llevado al cine en 2019 por François Ozon en el filme Gracias a Dios, aunque el sacerdote intentó impedir su distribución en los tribunales. De los últimos dos invitados al acto solo se sabe que uno de ellos es víctima de otro caso muy sonado, el del abate Pierre, fundador del movimiento Emaús.









