Brasilia. 2016. El diputado raso Jair Messias Bolsonaro dedica su voto a favor del impeachment de la presidenta, la izquierdista Dilma Rousseff, al militar que la torturó durante la dictadura, cuando era guerrillera. Aquel gesto generó repulsa… y notoriedad. A los dos años, el militar al que el Ejército invitó a irse por indisciplinado y parlamentario mediocre durante tres décadas consiguió un rotundo triunfo en las presidenciales de Brasil. Capitalizó la frustración y la rabia hasta convencer a sus compatriotas de que él encabezaría la batalla para enterrar los modos tradicionales de hacer política y acabaría con la corrupción que corroe el sistema desde los tiempos de la colonia. Se erigió en el paladín de guerras culturales contra el feminismo, las minorías y el medio ambiente. El camino a la victoria quedó allanado con el encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva a las puertas de los comicios.
Pánico moral, furor evangélico y guerra cultural: la fórmula bolsonarista que amenaza a Lula








