El fútbol argentino está arruinado :: Olé

El fútbol argentino está arruinado :: Olé


Es una pena, una lástima, una malversación de emociones, un crimen de lesa futboleidad. Que en vez de poder rendirnos a la emoción por el poético tiro libre de Fideo Di María en el ángulo, y dedicarnos a desgranar los méritos de Central para festejar su 14° título, se interponga otro sentimiento. De indignación y de aflicción.

El fútbol argentino tuvo siempre árbitros buenos y árbitros menos buenos, digamos. Y tuvo siempre quejosos de los arbitrajes cada vez que perdían. Pero un consenso tan grande, tan generalizado de que hay manipulación de partidos y resultados, como el de estos tiempos, es difícil recordar.

Se evidencia en el manejo del VAR, que teje y desteje sus lucubraciones lejos de las canchas, en Ezeiza, sede del poder de la AFA. Lo vimos este sábado: un enorme celo para encontrar una infracción en el área de Estudiantes, convertir un toque inocuo en un foul tras una larga revisión y un repiqueteo de imágenes repetidas 12 veces en un minuto para que el árbitro entienda lo que tiene que hacer.

Una revisión en cambio brevísima, ínfima, de 25”, cuando la potencial falta (hay imágenes drásticas) es en el área de Rosario Central. Entre una cosa y otra, un conveniente silencio cuando un jugador de Central, ya amonestado, le da un tremendo patadón a un rival que hasta admitiría revisar si no es de roja directa. Jorge Baliño, en el VAR, decide cuándo llamar y cuándo callar.

El juez de campo, transformado en un monigote que no tiene al VAR de auxiliar, sino como patrón: Darío Herrera, en el lastimoso final de su carrera, no tiene la entereza que muestran algunos (pocos) colegas de rechazar las “órdenes” de Ezeiza. Fue siempre un juez polémico pero de cierto prestigio. Ahora lo ha despilfarrado, quizá para ir al Mundial.

Y ya el tema no es Central o Estudiantes. Hinchas neutrales, sin simpatías por uno u otro, que querían disfrutar de una final, terminan desalentados. Ya no se puede ver el fútbol argentino.

La búsqueda de falta en un contacto mínimo demandó casi 1’30”, y otro minuto de mostrarla al árbitro.
El VAR, en solo 25", desechó llamar al árbitro para revisar esta mano de Ovando.El VAR, en solo 25″, desechó llamar al árbitro para revisar esta mano de Ovando.