Ocho años al frente de la Selección Argentina le dieron gimnasia a Lionel Scaloni. Es un joven con muchísima experiencia, producto del tiempo transcurrido y también de las fuertes vivencias que protagonizó durante este recorrido. Pocos entrenadores en el mundo pueden jactarse de las medallas que tiene el nacido en Pujato. Y Scaloni conoce a la perfección el rol que ocupa y el peso que tiene cada una de sus determinaciones.
Nada parecía capaz de opacar el sol potente y altanero que se posó sobre el predio de Ezeiza para mirar, tal vez con asombro y deleite ante tanta categoría de futbolistas, la primera práctica abierta después de la final perdida del Mundial 2026 ante España en Nueva Jersey. Pero la cadenciosa caminata del DT desde el centro de la cancha principal hasta el sector donde estaba la prensa fue como una nube que eclipsó todo.
“NO HAY NOVEDADES… ME REUNIRÉ CON EL PRESIDENTE”
Lionel Scaloni se refirió a su futuro en la Selección Argentina. pic.twitter.com/iHkL2WhdVG
— TyC Sports (@TyCSports) September 24, 2026
Rápido, los periodistas empezaron a llamar a sus lugares de trabajo para advertir que algo noticioso podía suceder. No estaba prevista la atención del técnico campeón del mundo en Qatar, quien en principio hablaría el próximo martes en conferencia de prensa. Pero Scaloni apareció sonriente, sereno y con la claridad de siempre. Hizo lo que buscó: marcar la cancha. “No hay novedades sobre mi renovación”, repitió una y otra vez. “Las ganas están, este es un lugar soñado, pero no me reuní con nadie: lo que sale en los medios es totalmente falso”, aportó.
La aparición repentina de Scaloni fue una lanza tirada para que golpeara puertas adentro del predio de Ezeiza, más exactamente en la oficina presidencial, que estaba acéfala porque Claudio “Chiqui” Tapia estaba en Asunción, para una reunión de la Conmebol con los equipos semifinalistas de las Copas Libertadores y Sudamericana. No puede leerse de otra manera. Como se escribió en este diario, la continuidad de Scaloni en la Argentina se parece al juego del Don Pirulero, en el que cada cual atiende su juego.
Puso primera Claudio Tapia haciendo trascender que, luego de una charla en la noche del lunes, la continuidad estaba casi abrochada bajo el esquema 2+2: primero hasta la Copa América 2028 y después hasta el Mundial 2030. A ese rumor le salió al cruce Scaloni, por supuesto sin romper. Porque detrás de sus palabras también se esconde el deseo de seguir en la AFA. Y, además, a Chiqui lo ata una amistad consolidada en el tiempo.
¿Rompió Scaloni con Tapia? Para nada. Solo realizó su movida al ver que hubo una primera jugada del otro sector. “Con respecto a lo mío no hay novedades. Quedamos en reunirnos con el presidente, está la predisposición, y cuando haya algo que comunicar algo lo haremos. Nos íbamos a juntar, pero me surgió un tema y tuve que ir al dentista“, contó, entre sonrisas, con el mismo argumento que otras veces usó.
Y siguió: “Las ganas de estar acá están, eso seguro. Pero hay un montón de aspectos para dialogar, no solo el económico. Después de un torneo tan emotivo como el Mundial uno se sienta y lo piensa. El golpe después de la final fue fuerte. Este lugar donde estoy es el soñado. A partir de ahí hay que sentarse con el presidente y hablar. Todo lo que salió no es verdad, por ahora está todo como antes. Trabajamos para este partido”.
Así las cosas, Scaloni no hizo más que bajar un poco la espuma. Y lo hizo mientras se mostraba con muchas ganas de seguir, una cuestión no menor si se viaja a aquella zona mixta en Nueva Jersey, donde parecía que no tenía más fuerzas para continuar.
Es posible que al entrenador le haya molestado el rumor de que su continuidad estaba abrochada en un 80 por ciento luego de una supuesta reunión positiva con Chiqui. Por eso insistió, una y otra vez, con la misma idea: “No pudimos hablar todavía”.
La improvisada atención de Scaloni duró más de 30 minutos y al DT jamás se le fue la sonrisa del rostro. Primero atendió a los medios televisivos deportivos, después a los canales de noticias y por último a las radios y medios gráficos. Para todos tuvo la misma buena predisposición.
“El cariño de la gente es lo que mejor estoy llevando. Ni en los mejores sueños lo imaginé. Me pone incluso un poco incómodo”, soltó cuando se acercó al sitio en el que estaba Clarín. Y siguió: “Volver acá me provoca melancolía pura. Se fue Maradona, Leo va a dejar de jugar y cuál es el problema. Lo mío también pasará. Cuando hablo lo hago con sentido y desde el corazón: esto es un lugar privilegiado. Pero no significa que me tenga que atornillar para siempre. Hay condiciones que se tienen que hablar y veremos si se llega a un acuerdo“.
También Scaloni se refirió al pedido público de los futbolistas para que siga en el cargo. Y volvió a bajarle el precio a una cuestión que, puertas adentro, evidentemente tiene peso. “Tal vez se hace una bola innecesaria con todo el tema de la continuidad. A los jugadores no les va a cambiar si estoy o no, no influirá en el proyecto. Lógico que es más cómodo que se quede un entrenador al que conocen, pero eso no es importante”, dijo.
Scaloni habló sin romper, pero habló. No cerró ninguna puerta; al contrario, dejó claro que las ganas de seguir están intactas. Pero también evidenció que no quiere que nadie dé por hecho algo que todavía no ocurrió. Después de ocho años, cuatro títulos y una final perdida, hay cosas que deben conversarse y condiciones que deben acordarse.
Tras su charla con la prensa, el técnico campeón del mundo se fue sonriendo, saludando y hasta haciendo chistes sobre su capacidad de andar en bicicleta. “Ya no me caigo”, avisó. Pero antes de volver a meterse en el predio dejó la pelota picando en el lugar exacto donde quería: las ganas de seguir están; ahora falta sentarse, hablar y ponerse de acuerdo. Negociar, ni más ni menos.








