En un contexto global dominado por la preocupación ambiental y los efectos del cambio climático, los monitoreos satelitales confirmaron que el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida ha registrado uno de sus menores tamaños en las últimas dos décadas, consolidando un punto de inflexión en la recuperación del escudo protector del planeta Tierra.
Según el análisis, el ciclo de destrucción de ozono en 2025 fue uno de los menos intensos en más de veinte años. El agujero de ozono antártico, que se forma cada primavera austral cuando el frío extremo y ciertas sustancias químicas destruyen el ozono en la estratósfera, la capa de la atmósfera situada entre 15 y 50 kilómetros de altura, tuvo una profundidad y extensión muy inferiores al promedio histórico de 1990 a 2010.
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¿Cuál es el indicador clave para medir el tamaño del agujero de la capa de ozono?
El indicador clave para medir el tamaño del agujero es el déficit de masa de ozono: la cantidad de ozono que habría que agregar sobre una zona determinada del cielo para alcanzar el umbral mínimo aceptable de 250 Unidades Dobson (DU), es decir, el nivel de concentración a partir del cual se considera que el ozono protege adecuadamente contra la radiación ultravioleta. Una DU equivale a 0,01 milímetros de ozono puro.
Un informe reciente confirmado por la NASA, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), reveló una tendencia alentadora en la estratósfera. La reducción sostenida de sustancias agotadoras de ozono comienza a rendir resultados históricos.
La contracción de la zona de la atmósfera terrestre responde a la combinación de dos factores fundamentales: el éxito sostenido del Protocolo de Montreal y las dinámicas meteorológicas favorables.
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La eliminación gradual de más del 99% de los clorofluorocarbonos (CFC) y otras sustancias agotadoras de la capa de ozono (SAO) utilizadas históricamente en refrigeración y aerosoles.
Por otra parte, las variaciones térmicas en la estratosfera polar que, de manera puntual, reducen la formación de nubes estratosféricas polares, lugar donde ocurren las reacciones químicas destructoras de ozono.
La oficial superior de asuntos ambientales de la Secretaría del Ozono del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Sophia Mylona, sostuvo que “el Protocolo de Montreal ha demostrado ser un instrumento enormemente eficaz para proteger la capa de ozono y el clima. Gracias a la acción global coordinada y al compromiso de las naciones, estamos viendo señales claras de recuperación que beneficiarán a la salud humana y a los ecosistemas durante las próximas generaciones”.
Mylona subrayó, en diversas cumbres ambientales, que el monitoreo continuo resulta crucial, advirtiendo que la vigilancia no debe bajar la guardia frente a nuevos desafíos ambientales o la aparición de emisiones no notificadas de gases prohibidos.
La capa de ozono estratosférico actúa como un filtro natural indispensable, bloqueando la radiación ultravioleta (UV-B) del Sol, nociva para la salud humana, la biodiversidad marina y los ecosistemas terrestres.
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Un precedente clave para la acción climática global
El documento, elaborado por especialistas de más de una docena de instituciones científicas, también da cuenta de avances en los sistemas de medición del ozono y la radiación UV, y recuerda que este año se cumplen diez años de la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, el tratado internacional que en 1987 inició la eliminación de las sustancias que destruyen el ozono.
La recuperación de la capa de ozono no solo evita millones de casos de cáncer de piel y daños a cultivos agrícolas, sino que también aporta beneficios sustanciales en la lucha contra el calentamiento global. Gran parte de los gases regulados por el Protocolo de Montreal y su posterior Enmienda de Kigali son potentes gases de efecto invernadero.
Este logro científico y diplomático demuestra que la cooperación internacional basada en evidencia científica rigurosa es capaz de revertir daños ambientales a escala planetaria, sentando un modelo replicable para la transición energética y los acuerdos globales sobre la crisis climática.
PM/ff








