Sigue la polémica internacional alrededor de la exclusión de la escritora argentina Ariana Harwicz del Festival Internacional de literatura, arte y humanidades Cultur Alh, en Granada, que comienza hoy 21 de septiembre y finaliza el 27. Su intervención llevaba un título que hoy resulta casi irónico: “Oponerse al mundo”. Sin embargo, pocos días antes de la inauguración, su nombre desapareció del programa. La autora denunció públicamente que había sido “desprogramada” por presiones de militantes y habló de un episodio de censura ideológica. Los organizadores respondieron que la invitación fue rescindida tras un conflicto con la comunidad universitaria y defendieron la decisión como una medida para preservar el desarrollo del festival.
El episodio se convirtió en una de las polémicas culturales más intensas del año en España porque pone en tensión la libertad de expresión, el movimiento internacional de boicot a Israel y el papel que deben asumir las instituciones culturales frente a la situación en Gaza. Harwicz es autora de excelentes obras literarias capaces de provocar y de conmover al mismo tiempo, es muy activa en la opinión política y dueña de una voz potente no solo en el campo de las letras también en los debates profundos respecto de los enfrentamientos políticos en los conflictos de Oriente Medio, especialmente a partir del ataque de Hamas a Israel el 7 de octubre de 2023 y de las consecuencias que dicho ataque produjo en Palestina. También es jurado de Honor del Premio Clarín Novela 2026.
Según explicó la dirección de Cultur Alh, la controversia comenzó cuando clubes de lectura integrados por estudiantes de la Universidad de Granada, uno de los principales socios académicos del festival, manifestaron su rechazo a trabajar la obra de Harwicz. El motivo no era literario sino político: la escritora ha expresado reiteradamente su desacuerdo con el boicot cultural a artistas e intelectuales israelíes. En el Festival participan figuras como John Banville, Gabriela Cabezón Cámara, Patrick Boucheron, Juan Villoro y Silvia Federici, entre muchos otros.
La situación escaló con una carta enviada por la Red Universitaria para Palestina de Granada, que pidió formalmente que la autora fuera excluida de la programación. Ese documento fue determinante para que el festival cancelara su participación aunque la Universidad de Granada no emitió una condena institucional contra Harwicz ni prohibió su presencia.
Harwicz sostuvo que su postura ha sido siempre la misma, independientemente del país involucrado. Recordó que también rechazó la exclusión de artistas rusos tras la invasión de Ucrania y afirmó que reducir a una persona a su nacionalidad constituye una forma de discriminación.
Para la autora, el boicot cultural rompe precisamente aquello que la literatura debería proteger: la posibilidad de conversar con quienes piensan distinto. En sus declaraciones lamentó que un festival dedicado a las humanidades no admitiera el disenso y describió el clima actual como una creciente “purga” ideológica dentro del ámbito cultural.
Desde su casa en las afueras de París, Harwicz conversó por teléfono con Clarín Cultura.
-¿Es la primera vez que te ocurre algo así, que te pongan en una situación de censura en un ámbito literario?
-Algo similar me ocurrió recientemente con la Feria del libro de Madrid y creo que pasa también, en parte, por el vacío legal que hay con las cancelaciones a artistas judíos o relacionados al judaísmo por un modo u otro porque a veces también se expande el terror. Como no hay leyes antijudías que los respalden en los países democráticos occidentales, encuentran argucias, eufemismos, modos de cancelarnos, de expulsarnos que no sean susceptibles de ser ilegales. Creo que también hay una voluntad de destruirnos socialmente o de que sea todo más difícil porque podrían no invitarme. En este caso me invitan, me programan y pocos días antes de tener una charla sobre diversidad -que eso también es divertido-, sobre pensar el mundo de modo diferente, una autora no quiso estar conmigo en la mesa. Las autoridades no me pudieron decir nada, aunque siempre encuentran artilugios, metáforas, eufemismos, porque la lengua es muy eficaz para el terror, muy servicial, muy gauchita. Sin la lengua, el terror no funciona.
-¿Y la experiencia en Granada fue igual o peor?
-Ahora tomé fuerzas, trato de enfrentarlo sin sumisión, primero un club de lectura, yo estaba muy contenta y me borraron, me sacaron, me expulsaron y me reemplazaron por otra escritora. Y me quedaba solamente una charla con Jesús Ortega sobre cambiar el mundo, pensarlo, que también es llamativo. A mí me encanta ir a festivales donde piensan lo mismo que yo y donde estamos entre amigos, compatriota, colegas, entre gente que lee y piensa la realidad o las situaciones de la misma de la misma manera. Pero la verdad,, lo que más me interesa es hacer al ejercicio de confrontar, pensar distinto, discutir. No entiendo que haya un problema con la coexistencia.
-¿Qué opinás, entonces, de este tipo de encuentros?
-A mí me parece que los encuentros de cultura muchas veces son falsos, solo se hacen para acceder al ámbito de la cultura o ganar un premio, etcétera. Y para eso tenés que pasar por una especie de de interrogatorio del terror. Si yo repetía lo que ellos me pedían, me dejaban estar. Hay patotas, policía de la moral y tengo que hablar la misma lengua. En este caso traté de no dejarme humillar, pero no lo hago por mí, sino porque me parece muy sombrío que esto se sistematice. Hablé con los rectores, jefes de gabinete de la universidad que emitieron un comunicado oficial diciendo que no están de acuerdo con esta decisión. No obstante no la revocaron, no me invitaron de nuevo.
-¿Te quedaste con ganas de debatir?
-Yo quería hablar de libros. Pero hay un aire irrespirable que no permite casi pensar en esos festivales y se transforman en otra cosa, se desnaturalizan. Lo que me obsesiona a mí es poder pensar con libertad.
Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977 y vive en el campo en Francia desde 2007. Su primera novela, Matate, amor (2012), fue publicada en inglés en 2017 bajo el título Die, My Love. Finalista del Primer Premio del Libro otorgado por la EIBF en 2017, del Premio República de la Conciencia y el Man Booker International en 2018 y del BTBA en 2020, Matate, amor ha sido adaptada al teatro y en 2025 se estrenó su adaptación al cine en el Festival de Cannes, producida por Scorsese y dirigida por Lynne Ramsay. Su cuarta novela, Degenerado, fue publicada por Anagrama en 2019. Sus obras han sido adaptadas al teatro en varios países de Latinoamérica y Europa. En 2021 publicó Desertar, un libro de conversaciones sobre traducción y deserción de la lengua materna escrito con Mikaël Gómez Guthart. Sus relatos figuran en medios como Harper’s, Granta, Letras Libres, Babelia, The White Review, Brick, Paris Review, The New Yorker, La Quinzaine littéraire, Quimera y The Guardian, y en diversas antologías. Sus libros han sido traducidos a más de veinte lenguas. En 2022 Anagrama reunió, en un volumen titulado Trilogía de la pasión, sus tres primeras novelas. En 2023 publicó El ruido de una época, un ensayo acerca del Mal literario y las extorsiones contemporáneas. En 2024 Anagrama publicó su quinta novela, Perder el juicio, en proceso de adaptación al teatro y al cine. Asimismo ha escrito el libreto de la ópera Dementia, estrenada en el Teatro Colón de Buenos Aires en 2026. Actualmente trabaja en su primer libro de cuentos.







