El Arrebato se rindió también a la serie victoriosa del Barça —siete triunfos en la Liga y uno en la Champions— y a la pegada de Raphinha en un partido de alto voltaje en el Sánchez Pizjuán. La elección del portero pasa a ser un asunto secundario cuando el líder cuenta con el pichichi de la Liga. Nadie reparó en el debut de Livakovic después de la pifia del miércoles de Szczesny, sustituto del lesionado Joan García, sino que el protagonista fue Raphinha. El brasileño reventó al Sevilla con tres goles, los mismos que contó ante el Racing, para un total de 12. La efectividad del capitán coronó la remontada de un equipo que precisó de la mejor versión de Rodri y de Lamine. El Sevilla, muy intimidador y más intenso en la primera parte, fue especialmente exigente con el Barcelona, muy superior en un excelente segundo tiempo, cuando le dio la vuelta al marcador ante la impotencia de Nervión.
1
Odysseas Vlachodimos, Gabriel Suazo, Juan Iglesias, Arouna Sangante (José Ángel Carmona, min. 67), Andrés Castrín, Miguel Sierra (Jon Guridi, min. 77), Giorgi Kochorashvili (Isaac Romero, min. 67), Félix Correia (Chidera Ejuke, min. 58), Youssouf Fofana (Alfon González, min. 78), Lucien Agoumé y Robbie Ure
3

Dominik Livakovic, João Cancelo, Andreas Christensen (Gerard Martín, min. 58), Eric García, Pau Cubarsí, Rodri, Pedri (Marc Bernal, min. 85), Fermín López (Dani Olmo, min. 75), Raphinha (Karim Adeyemi, min. 76), Anthony Gordon (Gabriel Jesus, min. 85) y Lamine Yamal
Goles 1-0 min. 18: Youssouf Fofana. 1-1 min. 21: Raphinha. 1-2 min. 51: Raphinha. 1-3 min. 68: Raphinha
Arbitro Juan Martínez Munuera
Tarjetas amarillas Lucien Agoume (min. 79)
El fútbol físico y directo del Sevilla, reiterativo en los cambios de orientación y consecuente con la fuerza del Arrebato, contrastó de inicio con el intento de juego asociativo y de posesión del Barça. La circulación de balón no era suficientemente rápida ni precisa en el bando azulgrana, socorrido por el despliegue de Fermín en los balones divididos y la buena colocación de Rodri. Los cortes del mediocentro se imponían a los centros de Suazo, tan profundo como suelto, sin la marca de Lamine. No llegó a tiempo en cambio de tapar la entrada de Correia, superior a Eric y preciso en el centro que cabeceó Fofana. Aunque Flick apostó por Cancelo como lateral izquierdo por delante de Espart, el ataque de Sevilla se localizaba en el flanco derecho de Eric García.
El empuje del equipo de García Plaza impedía la fluidez del plantel de Flick. La única alternativa era la asociación Lamine-Raphinha. El extremo remató al palo en una llegada individual y después el brasileño se ofreció y desmarcó para recibir un pase de Christensen, sentar con un recorte a Sangante y cruzar a la red del arco de Vlachodimos. Los delanteros azulgrana respondieron con su talento a la bravura colectiva del Sevilla. Los duelos individuales eran muy tensos en un partido competido y de mucho ritmo, salpicado de alguna acción que sacó de quicio a Lamine. Intervenía cada vez menos Pedri y no entraba en juego Gordon, superados los dos por la energía del Sevilla, agrandado por el rugir del Sánchez Pizjuán.
Los ataques cortos y rápidos del pelotón local tenían más miga que el fútbol discontinuo de los barcelonistas, incapaces de tirar la línea de pase y tener la pelota, superados en el cuerpo a cuerpo y sostenidos en su área por el oficio y presencia de Rodri. Las prestaciones defensivas del volante superaban netamente a las ofensivas y acreditaban que el Sevilla había acabado por someter al Barcelona, necesitado de más control de juego, incómodo en la cancha ante la preocupación de Flick. Los azulgrana despabilaron a la salida del descanso cuando empezaron a mezclar más en la medular y a conectar con Lamine. El extremo se encendió por las burlas de la hinchada, perseveró por el balón reiteradamente perdido y centró para que cabeceara Raphinha.
La insistencia de Lamine en una jugada más propia de un meritorio que de un aspirante al Balón de Oro propició su asistencia número 50 y la remontada del Barcelona. El 10 se agrandó con el paso del tiempo y el equipo sacó su repertorio de toques, tan paciente como certero, firme y seguro con el balón, rematado por la voracidad de Raphinha. El brasileño volvió a picar al espacio cuando Lamine se divertía con el balón y su recepción fue igual de buena que el tiro: 1-3.
El gol fue definitivo para la suerte del partido porque el Sevilla se había quedado sin fondo ni aire, desgastado por su competividad, y el Barcelona se soltó alegremente después de aguantar una primera parte muy incierta, sorprendido por la fiereza del Sevilla. El recuerdo del 4-1 del año pasado apenas duró un cuarto de hora después que el Barça se mostrara como un equipo más maduro y sólido, imparable en el arranque del torneo y especialmente interesado hoy en el resultado del derbi de Madrid.








