Werner Herzog: “A los jóvenes siempre les digo que no dejen que los algoritmos manden en su vida” | Cine: estrenos y críticas

Werner Herzog: “A los jóvenes siempre les digo que no dejen que los algoritmos manden en su vida” | Cine: estrenos y críticas


El alemán Werner Herzog sigue a sus 84 años con ese físico espectacular que tanto juego le ha dado en los últimos tiempos como villano. Ya lo hizo en la saga Jack Reacher y después en la primera temporada de The Mandalorian, para gran divertimento suyo porque no entiende este éxito. Él continúa a lo suyo, a su cine osado, a la audacia audiovisual para encontrar la belleza, su obsesión en los últimos tiempos. Pero no una belleza formal, plástica, que también, sino una belleza humanista.

Y ese juego a la contra se ve en toda su filmografía y en Bucking Fastard, la película que estrenó hace dos semanas en San Sebastián y que le acompaña hoy, viernes, al recoger el premio Donostia. En su rueda de prensa, Herzog se ha gustado, se ha permitido divagar para construir con imágenes narradas a través de sus palabras esbozos de respuestas que a veces contenían la belleza por sí misma y en otras, menos, sí servían como réplica a una pregunta de un periodista.

Como por ejemplo, cuando le han preguntado si al recibir el premio, ha echado la vista atrás. Porque Herzog no solo ha realizado películas desbocadas y fundamentales como Fitzcarraldo; Aguirre, la cólera de dios; Fata Morgana o Nosferatu; o documentales como Lecciones en la oscuridad; La cueva de los sueños olvidados; Grizzly Man; Mi enemigo íntimo o Fire of Love, es que su propia vida ha sido una montaña rusa, en la que le han pasado cosas tan increíbles como que estuviera respondiendo una entrevista para la BBC en Los Ángeles, donde reside desde hace décadas, y le alcanzara una bala perdida. Todo eso lo ha despejado el cineasta de un manotazo. “Me niego a mirar hacia atrás, ni pienso en las películas que he hecho. Solo miro hacia delante, solo me centro en lo que viene. Aunque si repaso la lista de premiados con el Donostia, me siento muy orgulloso de pertenecer a este grupo”.

Tampoco ha estado contento con una pregunta sobre sus trabajos con el documental. “Mis documentales no son documentales al uso. Tampoco hago cine de ficción al uso”. Y el ejemplo es Bucking Fastard, la historia de dos gemelas que hablan al unísono y se enamoran y comparten al mismo hombre. Un triángulo creado por las hermanas Rooney y Kate Mara, y por Orlando Bloom, que esta noche será quien le entregue el Donostia al cineasta. “La idea de las gemelas lleva décadas en mi cabeza, cuando conocí a unas que hablaban a la vez. Como muchísimas otras ideas, tengo un listado enorme de temas en mi mente, pero no me gusta mirar ahí. Hace poco aquella idea retornó a mi cabeza, aunque tuve claro que tenía que encontrar a unas actrices hermanas, no necesariamente gemelas, para esos personajes”. Así llegó a las Mara. “Pero, de verdad, no es tan importante lo de las gemelas como sí la creación de un mundo poético, en el que no hay estructura narrativa al uso hollywoodiense. Nosotros hemos trabajado con muy poca preproducción y muy concentrados en el rodaje. Estoy orgulloso del resultado”, explicaba este mediodía. Para Bloom, sentado a su lado, “este filme es un poema; no se puede juzgar a los personajes, porque ellos lo único que hacen es vivir”.

¿Le da miedo a Herzog el futuro, el devenir de la sociedad actual con las redes sociales? “Es cierto que la cultura y el lenguaje nos dan forma, y mucho de lo que hacemos hoy en día es performativo, es decir, hacemos para el contexto social. En un principio, no tiene que haber nada malo en eso. Sin embargo, hay que negarse a que nuestras almas sean atacadas desde fuera. A los jóvenes siempre les digo que no dejen que los algoritmos manden en su vida. Y ahora con la inteligencia artificial la cosa se va a complicar”.

Su método de trabajo no es imitable. “Yo veo primero las películas en cinemascope en mi cabeza, así que no hago desarrollos ni estructuras normales”. Por eso, luego escribe rápido. “Para mí es muy fácil escribir 20 páginas diarias porque las copio de las imágenes que ya tengo en la cabeza. Escribir este guion me costó cinco días. Porque si planificas una película, está muerta. Si haces una plasmación pedante del guion, te la cargas. Hay que estar siempre abierto”.

“El trabajo que hemos hecho no se cimenta en ideas académicas, sino en abstractas. Somos como atletas, y nos lanzamos a las películas sin seguir reglas generales. Me gusta colaborar con actores y actrices con una presencia física que se desenvuelva por sí misma. No me refiero a estar preparado físicamente, se trata más bien de una confianza en su cuerpo, de poseer la libertad de estar preparado para cualquier cosa”, señala Herzog. ¿Sigue pensando en por y para el cine? “No soy un obseso; cuando te vuelves obsesivo, la vida se te va, te desaparecen las cosas”. Por eso ha insistido en la importancia de parar, “de hacer vida fuera del cine, de ir al banco o cocinar para amigos”.

Dicho esto, el cineasta ha confesado: “Me quedan solo tres días para acabar mi siguiente filme y estoy con dos libros a la vez. Pero de verdad, no soy un adicto al trabajo, y mis actores lo saben. Trabajo con fluidez y respeto el descanso. Somos profesionales, y hacemos nuestro trabajo; pero al otro lado está la vida”.