Billetera virtual: rescatar a los héroes nacionales

Billetera virtual: rescatar a los héroes nacionales

Hubo una época en la que uno podía encontrarse con San Martín sin ir a un museo. Alcanzaba con comprar el pan, pagar un café o recibir el vuelto en un kiosco. Ahí estaba. Serio, inmóvil, mirando desde un billete que después uno doblaba, guardaba en la billetera y se llevaba a su casa como si nada.

Lo mismo pasó con Belgrano, con Sarmiento, con Roca, con Juana Azurduy y con tantos otros. Durante décadas, los próceres tuvieron esa curiosa manera de seguir entre nosotros: circulaban de mano en mano. Y no era poca cosa. Porque alguna vez un chico agarraba uno de esos billetes, miraba la cara impresa y hacía una pregunta sencillísima: “¿Quién es éste?”. Y entonces alguien tenía que contarle.

Tal vez el padre sabía. Tal vez la madre recordaba algo de la escuela. Tal vez el abuelo se entusiasmaba y agregaba detalles que nadie le había pedido. Pero la historia empezaba ahí: en un pedazo de papel que servía para comprar cosas y que, de paso, guardaba memoria.

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Por supuesto que también estaban las discusiones. Que por qué este sí. Que por qué aquel no. Que quién merecía aparecer y quién no. Porque en nuestros países hasta la memoria tiene sus peleas.

Pero había algo difícil de discutir: si una persona llegaba a un billete, su rostro pasaba a formar parte del paisaje cotidiano de millones.

Miguel Grau, José Quiñones, Pedro Paulet, Abraham Valdelomar o Santa Rosa de Lima podían aparecer en un billete peruano, ahora también podían hacerlo en una transacción digital”

El problema es que los billetes están empezando a desaparecer de ese paisaje. No de un día para el otro. Las cosas importantes rara vez desaparecen así. Primero dejan de usarse un poco. Después quedan en algún bolsillo. Más tarde uno descubre que hace varios días que no toca uno.

Tarjetas. Transferencias. Códigos QR. Billeteras virtuales. El dinero sigue pasando de una persona a otra. Lo que ya no circulan son las caras.

Y fue a partir de esa pequeña ausencia que Yape, la billetera digital líder del Perú, decidió hacerse una pregunta interesante: si el dinero cambió de lugar, ¿por qué la memoria no podía mudarse con él? Así nació “Yapeos ilustres”. La idea es tan simple que parece evidente después de que alguien la tuvo.

Si antes Miguel Grau, José Quiñones, Pedro Paulet, Abraham Valdelomar o Santa Rosa de Lima podían aparecer en un billete, ahora también podían hacerlo en una transacción digital. Por eso Yape incorporó versiones ilustradas de estas figuras históricas a las constancias de pago de su aplicación. Cada vez que una persona “yapea”, junto con la confirmación de que el dinero llegó a destino, puede aparecer también uno de esos rostros.

El lema de la campaña lo resume: “Evolucionar también es mantener viva nuestra historia”. Porque quizás modernizarse no consista necesariamente en dejar todo atrás.A veces puede significar llevar algunas cosas con nosotros.

Yape cuenta con más de 18 millones de usuarios en Perú. Y la decisión llega en un momento en el que los pagos digitales per cápita crecieron 45,8% en apenas un año. Es decir: cada vez más peruanos están dejando de mirar billetes y pasando más tiempo frente a una pantalla cuando pagan.

Sobre todo, los más jóvenes.Entonces la pantalla, que parecía destinada a reemplazar aquel viejo encuentro con los próceres, puede convertirse justamente en el lugar donde recuperarlo.

Un escritor. Un científico. Un héroe. Un libertador. Ellos aparecen durante unos segundos después de pagar una comida, devolverle plata a un amigo o comprar alguna cosa. Puede parecer poco. ¿Pero acaso la memoria colectiva no siempre funcionó de esa manera? Con pequeñas apariciones.

Una estatua que uno mira desde el colectivo. El nombre de una calle que algún día pregunta qué significa. Una historia que cuenta un abuelo. Una cara en un billete. O, ahora, una cara en el teléfono.

Con millones de operaciones realizadas todos los meses, Yape puede conseguir algo curioso: que los personajes que alguna vez circularon en miles de billetes vuelvan a circular millones de veces.

Solo que ahora no pasan de mano en mano en un papel, sino en una pantalla en esa mano. Cambian las monedas. Cambian las formas de pagar. Cambian incluso los objetos que llevamos en los bolsillos. Lo que no debería cambiar es esa vieja necesidad de saber quiénes fuimos.Aunque sea para entender un poco mejor quiénes somos.

*Director Creativo Ejecutivo de 121 Latam Peru. Ganador del Gran Effie 2026 y los premios Cannes Lions, El Ojo de Iberoamérica y El Sol. Responsable de campañas para Marca Perú