Desde el Palacio Real de Noruega, situado en Oslo, se llega, en línea recta, a la catedral de la ciudad. Por el camino, se alza el Parlamento, y ese ha sido el simbólico recorrido hecho este miércoles por el cortejo fúnebre que acompañaba al féretro de Harald V, fallecido el 28 de agosto a los 89 años. Tras un oficio religioso al que han asistido miembros de todas las casas reales —los reyes Felipe VI y Letizia, y la reina Sofía, entre ellos—, 17 presidentes y primeros ministros y miembros de todos los partidos políticos noruegos, organizaciones civiles y las Fuerzas Armadas, el monarca ha sido enterrado en la Fortaleza de Akershus, junto al fiordo de la capital.
Concluidos así simbólicamente los 12 días de luto por el difunto monarca, a su hijo y nuevo rey, Haakon VIII, de 53 años, le aguarda la tarea de mantener la popularidad de la monarquía porque los problemas de la familia afectan también a la casa real nórdica, debido al escándalo de la relación de su esposa, la reina Mette-Marit, con el fallecido pederasta estadounidense Jeffrey Epstein y por la condena el pasado junio de Marius Borg Høiby, el primogénito de esta, a cuatro años de cárcel por dos violaciones.
La perfección organizativa de los funerales regios suele asociarse al Reino Unido. En Noruega, han despedido a Harald V con una sobria y solemne comitiva que ha recorrido a pie el kilómetro que separa el Palacio Real de la catedral. La encabezaban Haakon VIII flanqueado por sus dos hijos: la princesa heredera Ingrid Alexandra, de 22 años, y su hermano, el príncipe Sverre Magnus, de 20. Les acompañaba la princesa Marta Luisa, hermana mayor de Haakon —aunque nunca con opciones a reinar por una ley sálica que no se abolió hasta 1990—. Iban a un ritmo lento de 60 pasos por minuto, que es la mitad de la velocidad de un desfile militar tradicional, y les seguían el resto de los invitados. Detrás, y en un automóvil, viajaban la reina viuda, Sonia, y la reina consorte, Mette-Marit, convaleciente de un trasplante de pulmón efectuado el pasado mes de junio. Debido a unas complicaciones derivadas de esa operación, no pudo asistir el pasado 1 de septiembre a la jura de su esposo ante el Parlamento. Tampoco se la ha visto en el besamanos a los asistentes extranjeros al funeral en el interior del Palacio Real.
La ruta hacia la catedral de Oslo que han recorrido todos ha estado flanqueada por centenares de ciudadanos noruegos —unas 180.000 personas en el centro; 53.000 a lo largo del cortejo; y unas 224.000 en la periferia urbana, según la policía—. Han querido despedir a un rey que encabezó durante décadas los sondeos sobre la popularidad de la monarquía.
Una vez en la catedral, han sonado tres campanadas al principio de la ceremonia y se ha guardado un minuto de silencio en todo el país. “El amor entre el pueblo y el rey Harald no ha terminado. El amor nunca termina porque es algo más fuerte que nosotros”, ha dicho durante la ceremonia Olav Fykse Tveit, presidente de la iglesia de Noruega, de confesión evangélica luterana. “El rey Harald lo dio todo por Noruega”, ha señalado Masud Gharahkhani, presidente del Parlamento. “Era un interlocutor excepcional”, ha asegurado Jonas Gahr Store, el primer ministro del país. “!Qué reina!”, ha añadido mirando a Sonia, la soberana viuda. Junto al féretro, estaban los reyes Haakon y Mette-Marit con sus hijos, Ingrid Alexandra y Sverre Magnus. Al otro lado se encontraban los miembros de la realeza extranjera. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que ha acudido con su esposa, Olena, ha sido aplaudido por la gente cuando salía del templo. Llegó la noche del martes y su asistencia no había sido anunciada con antelación.

Haakon VIII hereda una monarquía popular, pero lastrada por los problemas y escándalos familiares. Marius, el hijo que tuvo de soltera la hoy reina Mette-Marit, ha sido condenado a cuatro años de cárcel por dos violaciones y se encuentra en arresto domiciliario —y así será, al menos, cuatro semanas más—. Ha acudido al funeral con un permiso especial de los jueces y portando una tobillera electrónica. Sí hace una semana fue uno de los ocho encargados de portar el féretro, en esta ocasión no estuvo en la procesión real y llegó en coche a la catedral, a la que entró junto con Durek Verret, el chamán y esposo de la princesa Marta Luisa, y las tres hijas de esta. Son Leah Isadora, Maud Angélica y Emma Tallulah. Su padre, el escritor y artista Ari Behn, se quitó la vida el día de Navidad de 2019.
A la situación judicial de Marius, sin responsabilidad institucional pero criado como un príncipe, se suma la pasada y estrecha relación de su madre con el pederasta estadounidense Jeffrey Epstein cuando era princesa, y que vio la luz a través de centenares de correos publicados en febrero. En el pasado ya había pedido disculpas por ello, pero nunca dijo que el contacto que mantuvieron fuese tan próximo, y hoy es el miembro peor valorado de la casa real. El nuevo rey tendrá que remontar ambos problemas, aunque llega con la ola de simpatía que ha despedido a su progenitor.
Una vez finalizada la ceremonia religiosa, el féretro ha sido sacado de la catedral de Oslo y llevado en procesión hasta su lugar de entierro, la Fortaleza de Akershus, donde descansa ya junto a sus padres y abuelos en la cripta real. En este camino, el rey Haakon VIII ha estado acompañado por los reyes Carlos Gustavo de Suecia y Federico X de Dinamarca. Cuatro aviones F-35 habían sobrevolado poco antes la capital noruega en honor del soberano. Miles de personas se han congregado también allí.

Las casas reinantes escandinavas están unidas por lazos históricos y familiares y sus actuales representantes han acudido en pleno. Noruega, Suecia y Dinamarca estuvieron unidos bajo un mismo monarca entre 1397 y 1523. Compartían un mismo rey, pero conservaban sus propias leyes y costumbres. Suecia fue la primera en separarse, y luego lo hicieron Dinamarca y Noruega, en 1814. Perteneciente a la Casa de Glücksburg, por otro lado, Harald V era nieto de los reyes daneses y de Inglaterra —hoy representada por Guillermo de Inglaterra y la princesa Ana—, y estaba unido con los suecos por línea materna. La madre de Harald, la princesa Marta de Suecia, era hermana de la reina Astrid de Bélgica, y esa misma línea materna le llevaba al Gran Ducado de Luxemburgo. Además, el monarca fallecido y el rey Felipe VI comparten a la reina Victoria como antepasada.

Desde la muerte de Harald V —quien estuvo más de tres décadas en el trono y siempre dijo que nunca iba a abdicar— y hasta su entierro, las banderas han ondeado a media asta en todo el país. Una vez enterrado, se han izado de nuevo. Después, Haakon y Mette-Marit han saludado por primera vez como reyes desde el balcón del Palacio Real, primero solos y luego acompañados de sus dos hijos. Se les ha unido un poco más tarde Sonia de Noruega. En la plaza, les han recibido centenares de curiosos entre aplausos y vítores constantes, y mientras parte de los congregados entonaban el himno nacional.








