A principios del siglo XX, la Ciudad de Buenos Aires comenzó a experimentar una transformación vertiginosa, dejando atrás la fisonomía de las antiguas casonas para dar paso a la modernización. En ese escenario de transición se despliega Remilgada Fantasía o De la abrillantada travesía de dos patéticas hermanas que trocó en lírica prosa y amorosa andanza. La pieza, escrita y dirigida por Carolina Mazzaferro que, tras su paso por la cartelera en mayo, regresa al escenario de Moscú Teatro (Ramírez de Velasco 535, CABA) los domingos 13 y 27 de septiembre a las 17.
Escrita combinando sonetos, décimas, romances y pasajes narrativos, la obra relata el periplo de Graham y Libi, dos hermanas escritoras pertenecientes a una aristocracia venida a menos. Recluidas en su casona del barrio de Saavedra, se ven forzadas a salir a la calle para rescatar de la cárcel a Atilio, el amante de Graham. Ese viaje urbano las enfrentará a una fauna de personajes extravagantes y a una ciudad que ya no reconocen. En una entrevista exclusiva, Carolina Mazzaferro detalló la génesis del proyecto, el valor pedagógico de la frustración en la creación y los desafíos de conducir un espacio escénico que estimule la imaginación del espectador.
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El quiebre con el encierro y el choque con una ciudad moderna
El punto de partida del texto explora la resistencia al cambio en una sociedad que avanza a paso firme hacia el progreso material, cruzado por la vigencia de vínculos que desafiaban las convenciones del período. “Siempre las obras escribí en este último tiempo están ambientadas en el pasado; mi imaginación suele ir para ese lado. Me interesaba hablar de la Buenos Aires de comienzos del siglo pasado, un momento de la ciudad en que empieza a modernizarse y cambia mucho. Quería ver qué pasa con las personas que no aceptan ese cambio y están agarradas a algo del pasado, pero en el buen sentido”, explicó Mazzaferro sobre el universo en el que se mueven sus protagonistas.

Al profundizar en la identidad de las hermanas, la autora remarcó la soltura con la que habitan su propio espacio antes de enfrentarse al exterior: “Ellas son de una vieja aristocracia en decadencia y ya no tienen plata. Algo las obliga a salir y a encontrarse con esa ciudad muy transformada a como la recordaban. Me interesaba explorar que la disidencia sexual existió desde siempre: Graham vivía tranquila con su pareja, Atilio, en su casa. Al salir a la sociedad, se genera ese quiebre”.
Por su parte, Libi, la hermana menor, asume el rol de narradora en una dinámica que bebe de las fuentes de la literatura clásica: “La obra empezó a partir de una reescritura del Quijote, donde Graham era el Quijote y Libi, Sancho, al servicio de la protagonista. Pero en este viaje Libi se encuentra a sí misma, crece, sale de su cascarón y encuentra la posibilidad del amor. Tiene algo de la lógica del coming of age”.
La palabra creadora frente a la tiranía de lo visual
Uno de los ejes conceptuales que atraviesa la obra es la relación con el lenguaje y la capacidad de la literatura para construir realidades paralelas, en un claro contraste con la inmediatez de los consumos contemporáneos. “Me interesaba hablar sobre la frustración. Ambas son escritoras y hoy la tolerancia a la frustración está muy baja; es necesario atravesarla para crecer. Como doy clases de escritura, es algo que veo de manera muy palpable en mí y en la gente que estudia conmigo. Cuando lográs pasar esa frustración es muy gratificante”, reflexionó la directora sobre el trasfondo de la pieza.

Asimismo, la dramaturga reivindicó el uso de una prosa ornamentada para interpelar la mente del público: “La obra tiene un lenguaje por momentos barroco que juega mucho con que uno se imagine en su cabeza lo que está pasando. Libi describe la ciudad con adoquines o el arroyo y se toma el tiempo para que el espectador lo pueda ver. Siento que eso corre la mente de los celulares y las redes sociales, donde todo está premasticado. Quería abrir la fantasía para imaginar otros mundos diferentes”.
Recursos mínimos y el constante reajuste del teatro vivo
Fiel al consejo de su propia dramaturgia, Carolina pensó en una puesta en escena despojada que confía en el trabajo actoral y en la versatilidad de los elementos escenográficos, apoyándose en tres módulos practicables de distintos tamaños que se transforman en tranvías, mesas de bar o paredes. El elenco que encarna este viaje está integrado por las actuaciones de un equipo de colaboradores habituales de la directora, con diseño de vestuario, iluminación y escenografía articulados para potenciar el trabajo con la palabra, en una producción respaldada por el reconocimiento de la comunidad teatral independiente tras obtener el 13º Premio ARTEI y una mención en el 5° Premio Estímulo a la Escritura Todos los Tiempos el Tiempo (2024)

De cara a estas nuevas funciones en Moscú Teatro, la creadora concluyó sobre la naturaleza maleable del arte escénico: “El teatro tiene algo maravilloso y es que se va modificando. Había cosas de la primera temporada con las que no estaba del todo conforme en el texto y en la puesta, y para estas funciones las modificamos en los ensayos. Las obras van mejorando con las pasadas y con el público; es un proceso hermoso de prueba y error hasta encontrar la manera de que todo funcione”. Encontrá acá más info sobre las entradas.









