El juicio por el crimen del rugbier argentino Federico Martín Aramburú en el Boulevard Saint Germain, en París, tuvo este martes su segunda audiencia en la sala Voltaire del tradicional Palacio de Justicia francés, en el Quai des Orfevres.
Durante esta jornada, se analizaron las personalidades de los sospechosos y sus currículums.
Loïk Le Priol (32), que el lunes reconoció haber matado al ex Puma de 42 años en la madrugada del 19 de marzo de 2022, negó pertenecer al grupo de ultraderecha GUD.
Su cómplice, Romain Bouvier (34), acusado de tentativa de asesinato, se arrepintió de sus actos. Ambos negaron haber actuado con premeditación.
Tras ser analizados por los expertos, fueron interrogados por el abogado general y el juez a cargo del proceso a lo largo de toda la segunda audiencia.
En la inicial, este lunes, ellos asumieron haber disparado y Le Priol admitió haber asesinado a Aramburu. Pero “sin premeditación” ni “voluntad de matar”.
Esos argumentos se van a convertir en la gran batalla entre los abogados de la defensa y la parte civil de la familia Aramburú hasta que se conozca el veredicto, el viernes 25 de septiembre.
“Disparé, pero niego haber tenido la intención de matar”, aseguró Le Priol el lunes.
Le Priol, comando de fuerzas especiales
Con su cabello más largo, anteojos, la cabeza baja y una camisa bien planchada, Le Priol fue interrogado tras la pausa del almuerzo, dentro de su caja de vidrio blindado.
Estuvo con Bouvier, su par en esa noche siniestra, a su lado, pero separados por un vidrio y custodiados. Está más flaco que lo que se ve en los videos de la agresión. La sala estaba repleta.
“Nunca me faltó de nada, ni en lo familiar ni en lo material”, Le Priol durante las entrevistas con el experto que hizo su perfil psicológico. “Mis padres me inculcaron el amor por el trabajo“, añadió.
“Era un niño sociable y enérgico”, le dijo al experto, que resumió sus datos en la sala.
El asesino de Federico Aramburú (le disparó seis balazos) especificó durante la entrevista con el experto psicológico que disfrutaba de los deportes y del escultismo, especialmente por los valores de solidaridad y trabajo en equipo.
“Apreciaba mucho el rugby por los valores que representa”, indicó.
Le Priol pidió ir a un internado para poder practicar este deporte.
A partir de la secundaria, su comportamiento se deterioró, aunque nunca llegó a ser sancionado. Su familia lo describió como “un estudiante promedio”.
Siguió una carrera militar y se formó en la Escuela Naval de Aprendices de Brest, una institución de la Armada francesa.
Luego decidió unirse a las fuerzas especiales: se entrenó y obtuvo una plaza con tan solo 18 años.
En julio de 2015, mientras prestaba servicio en Mali, fue repatriado debido a un trastorno de estrés postraumático. Estuvo hospitalizado una semana. Pero rechazó este diagnóstico. Según él, sufría de agotamiento.
Exceso de alcohol y armas
Su regreso a Francia estuvo marcado por salidas nocturnas y excesos con el alcohol. Tras incursionar en el mundo empresarial, especialmente en el marketing y el comercio electrónico, decidió trabajar en la finca familiar en Draguignan, en la región de Var.
Vendía aceite de oliva, extraído de los olivos de sus padres.
También se aventuró en el negocio de la restauración y la venta de jeeps.
Loïk Le Priol se describe a sí mismo “como alguien que conoce a mucha gente, pero tiene muy pocos amigos verdaderos”.
“Soy terco y obstinado”, contó. Sus padres lo han descrito como “un hijo trabajador, leal y cariñoso”.
Le Priol escuchaba atentamente el testimonio del perito, pero con la cabeza gacha, en la pecera de vidrio de la sala, con anteojos puestos.
El calor en la sala Voltaire era insoportable y el acusado era uno de los pocos que tenía un ventilador.
El pequeño aparato estaba encendido a su lado mientras su abogado se acercaba para decir unas palabras, mientras el perito continuaba respondiendo a las preguntas del juez.
En el informe del experto, Loïk negó haber sido miembro del grupo de ultraderecha GUD, aunque compartía sus valores. Él se justificó asegurando que jamás fue estudiante en la facultad de Derecho de Assas en París y negó estar politizado.
El interrogatorio a Le Priol
Durante el interrogatorio, Le Priol se puso de pie, juntó las manos delante y respondió a las preguntas del juez.
“¿Por qué adoptó el apellido de su madre?“, preguntó el juez.
“Mi abuelo, Jean Abraham, regresó de la guerra y no quería que lleváramos su apellido, por temor a que volviera a suceder“, contestó Le Priol.
Xavier Nogueras, abogado de Loïk Le Priol. Foto EFE/EPA/FIRAS ABDULLAHEl acusado apuntó que dividía su tiempo entre Draguignan, en la finca familiar, y París, donde vivía su entonces pareja, Lyson Rochemir, también acusada de tentativa de asesinato, pero libre y bajo control judicial.
Fue un amigo de su padre quien lo animó a alistarse en el Ejército. Este hombre se convirtió más tarde en su socio. “Lo conocí en un restaurante chino de París. Era divertido, tenía una vida increíble, viajaba… Eso me convenció”, dijo.
“Nunca estás realmente solo en la vida“, expresó el acusado.
Le Priol se unió a las fuerzas especiales francesas a los 18 años. Agradeció a sus compañeros de entrenamiento y destacó que tuvo “mucha suerte”.
“El entrenamiento consistía en ejercicios físicos y entrenamiento de resistencia al estrés, en condiciones extremas”, indicó.
“Me enseñaron a actuar sin pensar, para que en una misión pudiéramos responder lo más rápido posible”, explicó.
Y agregó que “en el Ejército, se trata de olvidar quién eres para crear un sentimiento de camaradería, y el entrenamiento se realiza de forma muy cohesionada”..
Le Priol habló con claridad y respondió a todas las preguntas sin dudar. “Todo lo bueno que he hecho en la vida ha sido principalmente en el Ejército“, afirmó. Él cree que lo echaron del Ejército por la mediatización.
Problemas familiares e influenciable
Una experta en personalidades reconstruyó la historia de vida de Romain Bouvier, acusado del intento de asesinato de Aramburú.
Bouvier llegó al banquillo de los acusados bien afeitado y con una impecable camisa azul claro. Atento, escuchó el relato de su vida.
Nacido en París, hijo de una abogada especializada en la defensa de mujeres víctimas de violencia doméstica, nunca conoció a su padre biológico. Pero fue reconocido por su padrastro, fallecido en 2008. Lleva el nombre suyo.
Coleccionista de armas y primeras ediciones de libros, es culto y asistió a clases de tiro.
Cuando su madre se volvió a casar, Bouvier sufrió y presenció violencia a manos de su nuevo padrastro. El acusado no aceptó este nuevo matrimonio. La relación madre-hijo se tensó y, en un momento dado, estuvo a punto de romperse.
Janine Bonaggiunta, madre de Romain Bouvier. Foto REUTERS/Benoit TessierEn el ámbito académico, no tuvo problemas y obtuvo su bachillerato en el Lycée Montaigne, antes de ingresar en la facultad de Derecho de Assas, también en París. Se licenció en cinco años y participó en varios concursos de oratoria, pero siempre quedó en segundo lugar.
Su madre lo describe como “inteligente” y, a veces, incluso “brillante”.
Profesionalmente, el acusado trabajaba como consultor independiente en el sector de la comunicación.
Se unió a la GUD, el grupo de ultraderecha, y entabló una estrecha relación con Edouard Klein, expresidente de la asociación estudiantil de extrema derecha, y con Loïk Le Priol.
Romain Bouvier aseguró a la investigadora que no compartía la ideología de la GUD e insistió en que nunca había sido miembro.
En 2015, su relación con Klein se deterioró, sobre todo debido al comportamiento de este último hacia las mujeres. Esto derivó en la investigación judicial contra el exlíder de la GUD, por la que él y Le Priol fueron condenados por apalearlo y lastimarlo seriamente.
Admitió la agresión a Klein y reconoció haber vuelto a ver a Le Priol, a pesar de la orden de alejamiento que les prohibía reunirse. Fue duramente interrogado por el abogado general.
Como se encuentra en prisión, Bouvier forjó lazos con otros reclusos y participó en actividades culturales. Su madre le enviaba muchos libros y él leía con avidez. Un suceso lo traumatizó: fue sometido a un registro corporal en público y quedó desnudo frente a todos.
El acusado afirmó vivir con un profundo sentimiento de vergüenza y repulsión hacia sí mismo y la imagen que proyecta. Cree que la prensa se equivoca en su descripción. Incluso le confesó al investigador que había querido quitarse la vida. Pero se detuvo para evitar causar más dolor a sus seres queridos.
Bouvier describió su relación con Le Priol como “una de sus amistades más sólidas”. Su madre lo confirmó .
Sin hablarse o tener contacto
Esta amistad también fue la razón por la que decidió incumplir la orden de alejamiento, que le prohibía contactar con Le Priol, tras su condena en 2015 por la paliza a Klein.
Los dos acusados escucharon atentamente mientras el tribunal analizaba su relación.
Bouvier admitió tener un teléfono móvil en su celda. Se han presentado cinco denuncias en su contra. “No estoy solo en mi celda, somos tres”, señaló, dando a entender que algunos de los hallazgos no tenían relación con él.
“El cannabis y algunos de los teléfonos no estaban en mi armario”, precisó.
“Me llevo bien con todos, con los demás presos y con los guardias”, continuó. “Recibía tratamiento psicológico en la prisión de La Santé, pero ya no en Meaux, y me estaba ayudando mucho”.
Se negó a unirse a un grupo de trabajo organizado por el servicio penitenciario, dirigido por un funcionario que lo llamó “fascista”.
“En el momento de los hechos, Loïk Le Priol era uno de mis mejores amigos“, expresó.
El abogado general le preguntó sobre los “libros controvertidos” de su biblioteca y sus novelas.
“Tenía libros sobre extremismo, sea cual sea su forma, y no solo de extrema derecha”, respondió Bouvier. “Representaban el 5% de mi biblioteca”.
Según se informó, Mein Kampf -Mi lucha, el primer libro escrito por el dictador nazi Adolf Hitler– fue hallado en su casa.
“Además, todos estos libros eran ediciones en idioma original que no entendía”, apuntó el hombre, quien reiteró que simplemente le apasionaba la literatura y era coleccionista.
En 2022, Bouvier compró armas y municiones por valor de más de 20.000 euros. “Era coleccionista”, explicó y agregó que “consideraba estas compras como inversiones para revender las armas más adelante”.
“¿Sabe recargar un arma?”, le preguntó el juez. “Sí”, respondió el hombre, quien afirmó sentir ahora repulsión por lo que antes había sido una pasión.
El caso Klein
Bouvier lamentó haber incumplido las condiciones de su libertad bajo fianza al reunirse con Le Priol: “Fui imprudente y traicioné la confianza que el sistema judicial había depositado en mí”.
“En aquel momento, estaba aislado, y él fue el único que se quedó”, manifestó y dijo que “consideraba a Loïk Le Priol un héroe de guerra“.
Bouvier se mostró decidido a distanciarse de la GUD: “Todos hablan mejor de mí que yo mismo, sin siquiera conocerme”.
El acusado lamentó la imagen que la prensa ha proyectado de él desde 2022. Respecto a la GUD, reitera que solo asistió durante unos meses, cuando era un “sindicato legal”.
“Edouard Klein fue un instigador del crimen”, aseguró Bouvier. “Yo nunca cometí ningún acto de violencia ni participé en ninguna acción colectiva”.
El líder de la GUD calificó al acusado de “imbécil” por mantenerse alejado del grupo.
“Cuando veo a la persona que era entonces, me mareo”, dijo.
Junto con Le Priol y otros dos miembros de la GUD, Bouvier agredió al exlíder de la organización. El hombre fue brutalmente golpeado y desnudado. Sufrió una triple fractura de mandíbula. “Niego haber filmado la escena, que es atroz”, declaró Bouvier.
El juez presidente procedió a describir el video que mostraba a Le Priol amenazando a Klein. “Fue desnudado y obligado a bailar la Macarena“, afirmó el magistrado, relatando las humillaciones que precedieron a la violencia.
Klein siempre ha sostenido que no comprende el motivo del ataque y niega las acusaciones de violencia doméstica en su contra.
“Mi comportamiento fue deplorable e inexcusable”, dijo Bouvier, expresando su arrepentimiento: “Cuando veo a la persona que era entonces, me mareo”. Reiteró que participó en el ataque debido a la supuesta violencia de Klein contra las mujeres.
Tras suspender la carrera de Derecho en la Universidad de Assas, Bouvier quiso dedicarse a la carrera militar. Completó la formación de oficiales y fue aceptado, pero no quiso continuar.
“Al ver las repercusiones psicológicas en Loïk Le Priol, decidí no seguir”, aseveró. “Varios exmilitares me aconsejaron que no continuara, y no tenía el temperamento adecuado”, acotó..
Este miércoles continuará el juicio por el ataque cometido tras una pelea en el bar Le Mabillon, adonde Aramburú estaba con su amigo Shaun Hegarty, con el que había jugado al rugby en Biarritz.
Será el turno de los policías, quienes analizarán el caso frente a toda la familia Aramburú, que recibe traducción simultánea.








