cómo atravesó generaciones con su destino de crack eterno

cómo atravesó generaciones con su destino de crack eterno

Fue mucho más que un genio. Fue un símbolo del país que quisiéramos ser y ver. Lo más importante, la esencia misma de su legado, no es futbolera: es cultural, es un cruce de virtudes y dones que han alumbrado algo así como un arquetipo universal de crack y buena gente. Más allá de su magia y su leyenda sembrada en los estadios, detrás de su figura y de ese 10 mitológico en su dorsal, él juntó a todos detrás de la Selección.

También hizo lo que nadie antes: unió a las familias. Y fue aún más lejos: unió al país de los sueños esquivos y de las reyertas interminables. A su manera, y en su terreno, nos hizo mejores personas, capaces de querer y de sentir a su lado. Los más veteranos sabemos que no veremos otro igual. Y los más jóvenes, que no conocen cómo es la vida sin Messi, porque han crecido a su lado, están tan rotos como él.

Más de veinte años con la albiceleste, un par de generaciones. La que viene en curso, cuando la rueda de la vida gire y gire, seguramente hablará de él en las sobremesas familiares. Dirán que existió, que lo vieron, que fueron testigos, una y otra vez, de sus milagros. Que fue él quien estableció una conexión de afectos y asombros que atravesó la vida de abuelos a nietos.

Ya mayores, en las décadas por venir, ellos mismos serán quienes transmitan que junto a su familia originaria, en vigilias maravillosas que el tiempo jamás pudo borrar, fueron orgullosos testigos de las epopeyas de Messi.

Y entonces la magia sucederá: por más años y tiempo que hayan pasado, de a uno, familia y amigos, que muchos para entonces quizá ya no estén, como en una metáfora de la vida y los sueños, se irán sentando otra vez frente a la tele, con los rituales y los conjuros a cuestas, embanderados y felices en esa tribuna casera para verlo y recordarlo en su eternidad. Verán más que eso.

Verán pasar la película de sus propias vidas: allí estarán todos juntos otra vez, como cuando Messi supo ofrecer el mejor de los regalos posibles: dar felicidad a un país habituado a sufrir.