El dolor no afloja, el puño aprisiona el pecho y solo con mencionar su nombre provoca llantos en sus seres queridos. “Todavía pensamos que saldrá de su habitación, donde la puerta está cerrada”. A un mes del crimen de Julián Álvarez Guardia (29), su familia exige Justicia. La única acusada de apuñalarlo es su novia Victoria Cantero (25), quien está detenida con prisión preventiva en Resistencia, Chaco.
Este miércoles, a las 19, en la céntrica Plaza 25 de Mayo, de Resistencia, se realiza la primera marcha para pedir Justicia, que tendrá el lema “Ni uno más”, en relación a otros ataques que hubo recientemente en Chaco de parte de mujeres a varones. “Necesitamos que el caso de Julián se siga visibilizando, que la gente no se olvide él, que la Justicia sea justa, más allá de que sea una mujer la autora del crimen, y que espere el juicio encerrada”, le dicen a Clarín Noelia Gómez Guardia, una de las hermanas de la víctima.
En la madrugada del 2 de agosto, Julián y Victoria llegaron a la casa de la víctima, en la calle Meza, del barrio Cien Viviendas CGT, de Resistencia. Venían de bailar en el bar Gato Negro y estaban discutiendo, una constante en los dos años de relación. La pelea fue escalando, lo que generó preocupación en una pareja de vecinos. Hasta que, pasadas las 6, se produjo el ataque por parte de Cantero, quien tomó un cuchillo Tramontina y le aplicó al menos seis heridas punzocortantes, dos de ellas en la zona del cuello y la clavícula.
“Al día de hoy la causa se encuentra en la instancia de investigación penal preparatoria. Se dictó prisión preventiva para Cantero, quien todavía se encuentra detenida en la Comisaría 11° de Resistencia, por falta de cupo en la alcaldía de mujeres”, dice el abogado de la familia, Pablo Vianello, quien agrega: “Todavía restan testigos por declarar, pericias de celulares y genéticas y falta el informe definitivo de la autopsia, que permitiría plantear el segundo agravante, el de alevosía”.
Ante la consulta de Clarín, Vianello amplió: “Entendemos que pudo haber un ataque a traición, mientras que la defensa plantea que fue una acción para defenderse, en el contexto de violencia de género. Para nosotros el ataque de Cantero fue con él dormido o desprevenido, porque la diferencia de contextura es significativa: Julián medía 1,80, mientras que Victoria no llega al metro cincuenta y pesa 45 kilos”.
En tanto, en octubre habrá una audiencia en la que la defensa apelará la prisión preventiva y pedirá la libertad de Cantero hasta el juicio, que podía ser en un año. Este medio intentó comunicarse con la abogada defensora Celeste Segovia, quien no respondió a la requisitoria.
Las heridas que meses atrás Julián mostró a sus amigos. “Me cagó a palos Victoria, no es la primera vez”, se animó a compartir.Volviendo a aquel domingo de hace un mes, después de que Cantero apuñalara a su novio, Julián, malherido, llamó a su amigo y médico Facundo Cantero, hermano de la atacante. “Venite, por favor, Victoria me atacó, estoy sangrando”. Nadie llamó al 911. “Facundo es médico y él vio las heridas de Julián. Nadie mejor que un médico para saber que para una hemorragia el peor enemigo es el tiempo. ¿Sabés cuánto tiempo estuvieron en la casa? Más de diez minutos, cuando lo podían haber llevado al hospital en dos”, indica Noelia.
Julián llegó al hospital consciente pero ensangrentado. “Lo bajaron del auto y lo dejaron solo en la recepción del Hospital Perrando. Facundo salió para estar con su hermana”, exclaman Noelia y Leticia, hermanas de la víctima, que no ponen las manos en el fuego por el hermano de Victoria. “Facundo sabía de la gravedad de mi hermano, seguro que vio las heridas. Tendría que haber entrado al hospital y haber pedido una atención urgente. Lo dejó ahí, solo como un perro, hasta que minutos después lo atendió una enfermera”, revela Leticia, hermana de Noelia y Julián.
Victoria Cantero el día 3 de agosto, cuando fue llevada al hospital a chequear su estado de salud.Días después de la muerte de Julián, una enfermera del Perrando se comunicó con una de las hermanas de Julián. “Me escribió, se presentó, contó quién era y me dijo que aquella mañana encontró a Juli solo en la recepción, en silla de ruedas y ensangrentado, todavía lúcido. ‘¿Es grave lo que tengo?’, le alcanzó a preguntar a la enfermera, que vio que Facundo estaba afuera con su hermana, en vez de contener y acompañar a su amigo”, recuerda Leticia.
Dolor, bronca e impotencia. También decepción transmite la hermana de Julián. “Me queda la sensación de que como médico, Facundo podría haber hablado con los cirujanos, ser más pasional, mostrarse desesperado y no lo hizo… Los cirujanos perdieron varios minutos buscando dónde estaba la herida principal. Hoy, quizás, mi hermano podría estar con vida”, revela la joven.
Por su parte, Noelia tiene la percepción de que el ataque fue premeditado, no algo repentino. “Ella sabía cómo y dónde clavar el cuchillo. Tiene un padre médico, un hermano médico y una madre maestra, estoy segura de que el conocimiento lo tenía. La herida en la clavícula derecha fue la mortal y la que a los médicos de terapia intensiva les costó encontrar porque Juli estaba bañado en sangre”.
Respecto a la identidad de la enfermera, la familia de la víctima prefiere preservarla. “Entendemos su situación, no quiere hablar con la prensa, necesita seguir trabajando, pero dijo estar dispuesta a declarar en caso de que la Justicia la cite”, deslizaron las hermanas. “La enfermera fue la última con la que habló Julián y nos dijo que estaba con frío y que respiraba con dificultad. Había perdido dos litros de sangre”.
A su vez, Clarín se comunicó con el médico Facundo Cantero, que respondió: “Por el momento no diré nada”.
Si bien el dolor no cesa, las hermanas de Julián tratan de aferrarse a algo para atenuar la angustia. “¿Cómo describiríamos a Julián? Como un disfrutador de la vida, un pibe que la pasó bárbaro, que laburó, que tuvo su local gastronómico, pero siempre rodeado de amigos, de gente sana y cada vez que podía festejaba la vida. Y eso que tuvo dos años con una relación enfermiza, pero los amigos y su familia siempre estuvieron para sostenerlo y bancarlo”.
“Se me apagó la vida”
Es la primera vez que Rosa Guardia (66) habla con un medio de prensa. Hasta ahora, en este durísimo mes, desde el asesinato de Julián, la madre se guardó, se llamó a silencio. “Estoy destrozada, se me apagó la vida. No me imagino estar sin el Juli. Vivíamos juntos, cada uno con su vida, pero siempre teníamos un rato del día que compartíamos y reíamos. Era un hijo adorable, mamero y yo lo consentía, era el menor y el único varón”.
Rosa Guardia (66), la mamá de Julián Alvarez. “Vivíamos juntos, teníamos una hermosa relación… Se me apagó la vida”, dice la madre de la víctima.Cada día busca repasar en su casa, donde fue el ataque de Victoria Cantero, cómo pudieron ser los hechos: “No entiendo qué pudo enfurecer tanto a esa chica para atacar a mi hijo, que estoy convencida que fue un ataque con él dormido, o cansado, vulnerable. Julián, estando herido, fue a mi habitación a buscarme, están las huellas de la sangre… Él intentó buscarme, se olvidó que yo no estaba esa noche en casa”.
Rosa habla con Clarín, pero le cuesta hilvanar frases sin quebrarse. “Lo vivo con una cruz, siento que pude haber hecho algo las veces que me la crucé a Victoria y no lo hice y esa culpa me retuerce”, afirma. “Ella vino varias veces a mi casa y se manejaba como si fuera la suya y tenía una prepotencia y una arrogancia que la creían superior. Un día le pregunté por qué le gritaba siempre a mi hijo, porque su maltrato era constante… Le dije que si él le hacía algo, yo iba a hablar seriamente. Me miró de pies a cabeza y me dijo ‘no sé’ y siguió con su celular ignorándome radicalmente. Tendría que haberla sacado de los pelos de mi casa”.
Rosa, la madre, en el medio de dos de sus hijos, Noelia y Julián, el joven asesinado hace un mes.Dice que la cabeza no le para un minuto, que intenta repasar cómo pudieron ser los últimos minutos de vida de Julián, esa madrugada del 2 de agosto. “Facundo, el hermano de Victoria, es médico y fue con su novia, Fátima, que es médica, a mi casa, después del llamado de mi hijo. Estuvieron 13 minutos en la casa, están las cámaras. ¿Qué hicieron todo ese tiempo sabiendo que mi hijo se estaba desangrando? ¡Cómo no llamaron a una ambulancia! Mi hipótesis es que Facundo fue a calmar su hermana y pensar qué decir. Después arrastraron a Julián hasta el auto y lo llevaron al hospital”, cuenta.
Maestra y directora de escuela, ahora retirada, a Rosa le cuesta creer en Dios después de tanto sufrimiento. “¿Por qué tanto daño?”. Y vuelve a la escena del 2 de agosto, en el Hospital Perrando: “Facundo lo dejó en una silla de ruedas a Julián, sin avisar que era médico, sin decir que las heridas están en tal lugar, sin manifestar que era una urgencia. Lo dejaron a mi hijo en la entrada del hospital, hasta que lo atendió una enfermera, que lo llevó rápido a terapia intensiva. ¿Es grave, es grave lo que tengo?’. Decía al borde de desvanecerse. Estoy seguro que Juli hoy podría estar vivo si lo hubiera atendido gente decente. ¿Facundo? Él mintió, no lo asistió a mi hijo”.








