Murió el Loco Carlos Horacio Salinas, autor del tercer gol del Boca campeón del mundo y el penal que mandó a San Lorenzo a la “B”

Murió el Loco Carlos Horacio Salinas, autor del tercer gol del Boca campeón del mundo y el penal que mandó a San Lorenzo a la “B”

“Soy una persona que nació para jugar al fútbol, en San Miguel de Tucumán, barrio Ciudadela, a 4 cuadras de la cancha de San Martín, de familia muy humilde, hijo de doña Angélica y don Francisco, el menor de siete hermanos. Una buena persona, una persona de bien”. Así se definía hace algunos años en una de las tantas entrevistas que realizó el Loco Carlos Horacio Salinas, quien murió este martes 1° de septiembre de 2026 a sus 70 años (los había cumplido el 20 de febrero pasado). Jugó en muchos clubes pero tuvo su máximo nivel en el Boca que ganó la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1978.

Hábil e inteligente, pícaro y peleador, perdía los estribos en duelos con rivales, por el mismo ardor de la lucha. Desdibujaba su buena tarea por esas traiciones de su temperamento: en 1978 fue suspendido por 25 fechas, por agredir al árbitro Abel Gnecco. Cuando imponía la tranquilidad, su juego se tornaba altamente positivo. Guapo y con entrega total, fue un importante engranaje en varios partidos clave del Xeneize, como cuando convirtió el tercer gol del 3-0 al Borussia Monchengladbach en la final de la Copa Intercontinental 1978 en Alemania.

Su talento enseguida trascendió las fronteras de Tucumán y de Jujuy, donde estaba a los 15 años en las inferiores de Gimnasia y en 1973 jugó un amistoso con la Selección Fantasma que se preparaba para jugar el partido de eliminatorias ante Bolivia en La Paz. La rompió y dos semanas después recibió dos telegramas, uno de River y otro de San Lorenzo, para una prueba (el técnico argentino Miguel Ignomiriello lo recomendó al menos a uno de los dos clubes).

La prueba se la tomaron Federico Vairo y Martín Pando. “Me vieron y me hicieron firmar. Viví dos años en la cancha, en la concentración, arriba de la confitería. Tenía 17 años, edad de Sexta, pero me mandaron directamente a la Tercera, donde jugué unos 20 partidos, y de ahí salté a la Primera”, contó en la nota 100×100 en la revista El Gráfico que le realizó Diego Borinski.

Debutó en Primera en 1974 y en dos años apenas disputó 12 partidos. Luego tuvo una destacada actuación en Chacarita en 1976 7 1977, con 19 goles en 96 partidos. Eso le permitió entrar en el radar de Boca, que lo adquirió a principios de 1978 y en dos años disputó 129 partidos y anotó 18 goles.

Con la llegada de Diego Maradona a Boca, el Loco fue uno de los jugadores que pasaron a jugar a Argentinos como parte de la transferencia. El 15 de agosto de ese año, el mismo día que el Diez daba la vuelta olímpica con el Xeneize, Salinas sentenció en descenso de San Lorenzo de Almagro al convertir el penal del Bicho que le permitió igualar el encuentro y dejar al Ciclón en el penúltimo puesto.

“Yo no tenía que patearlo, en realidad, pero agarré la pelota porque mis compañeros estaban todos atrás del arco agarrándose las medias, nadie quería patear. Encima, con toda la hinchada de Argentinos detrás de ese arco. Pero antes de patear, el arquero ya se estaba tirando a un palo, así que la toqué para el otro, sin mayores problemas, y salí a festejar. Ese partido fue un sábado, al día siguiente estaba viajando a España para juntarme con la delegación de Independiente, que estaba de gira. Yo jugué esa final sabiendo que me había comprado Independiente”, contó.

Tras los 23 partidos y 9 goles en La Paternal, continuó su carrera en Independiente (1981-82, 22 partidos, 6 goles), luego en Colombia (Independiente Medellín y Deportivo Pereira) en Estados Unidos (Indoor soccer en Miami). En 1984 regresó al país, jugó en Alumni de Villa María, volvió al DIM colombiano, y en 1985/86 disputó su última temporada en la Primera División del fútbol argentino, en Racing de Córdoba (10 partidos). Otra vez en Alumni de Villa María y se retiró en Deportivo Junín de Perú en 1987.

Ese último año, justamente, pasó tres meses en la cárcel de Devoto, acusado de comercialización de estupefacientes, aunque finalmente no se le comprobó participación alguna. En tanto, el 26 de octubre de 1988 intentó arrojarse desde el 11º piso de su departamento, pero la intervención de sus familiares logró evitarlo.

Sobre el primer episodio, relató: “Me agarraron en una fiesta, los milicos venían siguiendo a uno que estaba conmigo, y encontraron droga en el departamento, pero yo no tenía nada que ver. Me decían que traía droga de Colombia. ¿Qué voy a traer yo droga? Cuando comprobaron que no tenía nada que ver, me soltaron, estuve tres o cuatro meses en Devoto”.

También negó tener problemas con la bebida y el intento de suicido: “Noooo, otra mentira. Decían que tuve que ir a Alcohólicos Anónimos y nada pero nada que ver. Lo mismo que cuando dijeron que me quise tirar desde mi balcón, como Suñé. Cualquier cosa, si debajo de mi departamento hay un balcón terraza, ¿a dónde me voy a tirar?”

Padre de dos hijas y abuelo de tres nietas, el Loco Salinas fue uno de los tantos talentosos de la década del 70 y 80 que disfrutaron de jugar al fútbol con alma de potrero, reacciones intempestivas, momentos de vacas gordas económicamente y luego de vacas flacas. Al menos le dejó un departamento a cada una de sus hijas, según confesó, y él mantuvo otro en el barrio de Caballito, donde vivió estos últimos años.

Por eso se ganó el apodo de Loco, porque una vez tras un superclásico apareció en la confitería de River con la camiseta de Boca (club del que era hincha) o porque sacaba de las casillas a los rivales, tanto que cuando estaba en Chacarita y después de un encuentro justamente con Boca, Rubén Suñé y el Ruso Jorge Ribolzi lo fueron a buscar a San Martín y hubo pelea. Después llegó a Boca pero antes el Toto Juan Carlos Lorenzo tuvo el visto bueno del Chapa Suñé, capitán de entonces. Se alejó del fútbol y los últimos años subsistió gracias a la ayuda de la Mutual de ex jugadores del club.