Milei les exige a las mujeres tener hijos mientras desmantela las políticas de cuidados

Milei les exige a las mujeres tener hijos mientras desmantela las políticas de cuidados


“Estamos pagando muy cara la locura de los pañuelitos verdes. Esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre también nos cuesta caro en términos de crecimiento, y ni les cuento en términos de sistema previsional”. Desde el estrado de un hotel lujoso de Buenos Aires, Javier Milei —55 años, ningún hijo— ha apuntado días atrás contra uno de sus blancos recurrentes: las mujeres, a quienes hace responsables de la caída de la natalidad que experimenta el país desde hace más de una década.

El presidente argentino les exige a las mujeres que tengan hijos para mejorar las cuentas nacionales, pero sus decisiones políticas están lejos de promover y acompañar ese proceso. Un informe reciente de la mesa intersectorial La Cocina de los Cuidados muestra que, de un total de 50 políticas nacionales vinculadas a los cuidados que existían, solo quedan plenamente activas dos. El resto fueron derogadas, recortadas o desmanteladas a lo largo de su gestión.

La caída de la natalidad en Argentina comienza progresivamente en la década de los ochenta y se profundiza a partir de 2014, por lo que no puede explicarse por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, aprobada mucho después, a finales de 2020. La tasa de fecundidad se encuentra actualmente en 1,2 hijos por mujer, lo que resulta insuficiente para que la población se mantenga estable a lo largo del tiempo, algo que sucede en gran parte del mundo.

Es cierto que la lucha de los feminismos ha permitido entender que ser madre es un proyecto más y no el único posible, lo que ha reducido el universo de mujeres que tienen hijos aun cuando no lo desean. También ha caído un 72% el embarazo adolescente en el país, entre 2014 y 2024, gracias a la ampliación de la educación sexual y la ejecución de programas de prevención como el Plan ENIA, iniciado en 2017 y desmantelado por Milei. Pero no es cierto que las argentinas simplemente hayan dejado de querer tener hijos.

“Los datos confirman que el deseo de tener hijos e hijas sigue vigente en la sociedad argentina, pero se enfrenta a una brecha entre aquello que se anhela y lo que efectivamente puede concretarse”, apunta Mariana Isasi, a cargo de la oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina. Una encuesta nacional de intenciones reproductivas desarrollada por esa agencia de la ONU y la consultora Voices! revela que el 57% de las personas de entre 18 y 45 años todavía no alcanzó la cantidad de hijos e hijas que desearía tener si no existieran limitaciones de ningún tipo. Entre las razones más expuestas para postergar, limitar o evitar la reproducción figuran no poder ofrecer a un hijo o hija bienestar económico (79%) o una vivienda digna (78%), así como la falta de tiempo para los cuidados (74%).

En este marco, tratar de revertir el desafío demográfico no debería estar centrado en promover un determinado modelo de familia —según la encuesta, el modelo de dos hijos continúa siendo el ideal mayoritario— ni en forzar a las mujeres a reproducirse, sino en generar las condiciones necesarias para acompañar todos los proyectos de vida.

El relevamiento realizado por La Cocina de los Cuidados muestra que, dentro de la larga lista de programas que se desmantelaron durante la gestión libertaria, está, por ejemplo, el Plan 1000 Días, que apunta al cuidado integral del embarazo y los primeros días de vida del bebé y cuyo presupuesto cayó un 34% entre 2023 y 2026. También están los kits de lactancia (no se compraron ni distribuyeron kits nuevos; solo se entrega fórmula), el presupuesto para construir o remodelar espacios de primera infancia (que se eliminó) y las prestaciones de cuidado en discapacidad (en los últimos tres años se otorgó solo una de cada diez solicitadas). Las dos que se mantienen vigentes son la Canasta de Crianza (un registro estadístico que permite medir el tiempo y los recursos necesarios para criar un menor) y el reconocimiento a las mujeres de un año de aportes previsionales por cada hijo.

“Cada vez más familias deben resolver solas cómo criar, acompañar, alimentar y cuidar; necesidades que deberían formar parte de un sistema de protección social”, cuestiona la economista Lucía Cirmi Obón, una de las autoras del relevamiento. Para ella, que el miércoles pasado presentó junto a 250 organizaciones sociales un Acuerdo Nacional por los Cuidados, es necesario articular la demanda que ya existe en la sociedad y que la agenda de cuidados sea la próxima conquista de los feminismos.

Pero promover la natalidad —o profundizar su caída— excede a un cúmulo de medidas puntuales. El Gobierno ultra no solo ha desarmado herramientas específicas, sino que ha fomentado otros cambios sociales más amplios, como la reforma laboral que posibilitó la extensión de la jornada laboral a 12 horas, lo que atenta contra la disponibilidad de tiempo necesaria para criar a un niño o una niña. Cirmi resalta que la motosierra también ha pasado por el presupuesto educativo, cuando se podría aprovechar que hay menos niños para mejorar la calidad de la educación que reciben, extender la cobertura en primera infancia —donde todavía no hay vacantes para acoger a todos los niños— o reforzar la cantidad de docentes por sala.

“Pareciera que hay una urgencia porque aparezcan bebés, pero un abandono con esos hijos y esas familias que deciden tenerlos al día de hoy”, agrega Florencia Sichel, filósofa y autora del libro Todas las exigencias del mundo (Planeta), para quien eso habla de una sociedad que no valora el cuidado. Dialoga con EL PAÍS en altavoz mientras maneja su auto: debe recoger a su hija pequeña de un sitio y llevarla a otro. “Quienes hoy decidimos traer hijos al mundo lo hacemos con un costo muy alto que pagamos al interior de cada familia”, resume.

Para Sichel, la caída de la natalidad es, en todo caso, un problema más amplio, que está unido a una política de derechos y que exige pensar tanto en la cantidad de vacantes disponibles en jardines de infantes como en plazas en buen estado en todos los barrios de la ciudad. Tanto en espacios estatales de cuidado como en licencias laborales. Finalmente, en un modelo de país más amigable para los niños y para esas familias que deciden tenerlos.