Ya parece haberse convertido en una costumbre. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anuncia de forma unilateral el cambio de nombre de un accidente geográfico que su país comparte con alguno de sus vecinos. El país en cuestión protesta y dice que continuará usando el nombre que ha tenido durante siglos y que hasta la llegada del republicano a la Casa Blanca nadie había discutido. Unos días después, Google anuncia que su aplicación de mapas se adaptará a los deseos de Trump. Pasó en enero del año pasado con el golfo de México (bautizado por la Casa Blanca como golfo de América) y ha pasado ahora con el lago Ontario (reconvertido en lago de América).









