La pugna por la presidencia eclipsa el primer aniversario de una Suprema Corte que no encara sus grandes pendientes

La pugna por la presidencia eclipsa el primer aniversario de una Suprema Corte que no encara sus grandes pendientes

Hay poco ánimo de celebración dentro de la nueva Suprema Corte, que llega a su primer cumpleaños con el Pleno convertido en un polvorín. Nadie habla del fin de la corrupción o los privilegios, ni tampoco de la celeridad en la impartición de justicia, las promesas con las que los ministros salidos de las urnas desembarcaron en el Alto Tribunal. A escasos 12 meses desde su llegada, y todavía con otros 12 por delante hasta que la sucesión, en principio, tenga lugar, la pugna por la presidencia ha eclipsado cualquier intento de conducir la conversación hacia otros derroteros. Poco ayudan a la imagen del Supremo las declaraciones políticas, las metidas de pata jurídicas o el afán de protagonismo de algunos togados, que contrastan con el rezago de un pleno desbordado, aun estando a pleno rendimiento. La dilación en la resolución de los grandes temas pendientes, como la doble tributación, la prisión preventiva oficiosa o la muerte digna, completa el paisaje. Después de 365 días, la Corte no ha logrado sacudirse el estigma de ser un tribunal improductivo y volcado a la defensa de los intereses de Morena, el partido en el poder. Las críticas lo rodean desde el gremio jurídico y con especial alarma también desde los empresarios.

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